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Los ataques cardíacos vinculados a factores de estrés sistémico resultan los más letales, con una mortalidad del 33% a cinco años.
La pericarditis y el infarto pueden causar dolor torácico similar, pero uno es una inflamación tratable y el otro una emergencia vital. Distinguirlos a tiempo puede salvar la vida.
Estudio revela que los factores de riesgo cardiovascular difieren significativamente entre hombres y mujeres menores de 65 años, lo que plantea la necesidad de repensar diagnósticos y tratamientos
Esta arritmia cardíaca suele pasar desapercibida en pacientes asintomáticos, pero puede prevenirse con exámenes médicos periódicos. Nuevos anticoagulantes y tecnología portátil mejoran el diagnóstico y tratamiento.
Los síntomas como palpitaciones irregulares, falta de aire, presión en el pecho, fatiga o mareos, pueden surgir horas después de beber, y son señales de urgencia médica.
El infarto no siempre se manifiesta como dolor intenso en el pecho. En mujeres, adultos mayores y pacientes con diabetes, puede presentarse con síntomas atípicos o silenciosos como cansancio extremo, sudor frío, mareos, náuseas o dificultad para respirar.
Estudio revela que la agresividad de los neutrófilos varía según el ritmo circadiano, abriendo la puerta a nuevas terapias cardiovasculares basadas en la biología del tiempo
Las diferencias entre pulso y frecuencia cardíaca pueden ser completamente normales en ciertos momentos, como durante el ejercicio intenso o el descanso, pero también pueden señalar arritmias, problemas de bombeo cardíaco o condiciones que requieren tratamiento.
Aunque niveles bajos de vitamina D se han asociado con un mayor riesgo de hipertensión y enfermedades cardíacas, la evidencia científica aún no confirma que esta deficiencia cause presión arterial alta, según advierte Mayo Clinic.
Los investigadores, entre ellos Xavier Rosselló y Borja Ibáñez, enfatizan que no existe ningún subgrupo de pacientes postinfarto con función cardíaca conservada que se beneficie de estos fármacos.
Científicos del MIT desarrollan un dispositivo flexible que administra medicamentos en diferentes momentos para regenerar el tejido cardíaco dañado.
Los investigadores confirmaron que no existe ningún subgrupo de pacientes postinfarto con función cardíaca preservada que se beneficie del uso de betabloqueantes, lo que implica que este tratamiento ya no sería necesario en el 70% de los casos actuales.





