Vómitos y hematoma ocular: Equipo médico extrae pincel de 14 cm alojado en la órbita de niña de 5 años

Los traumatismos oculares en la población pediátrica son principalmente causados por mecanismos contusos o penetrantes durante actividades lúdicas o deportivas (59% de los casos) o por caídas accidentales (37%).

Katherine Ardila

    Vómitos y hematoma ocular: Equipo médico extrae pincel de 14 cm alojado en la órbita de niña de 5 años

    Una niña de 5 años, sana sin antecedentes médicos relevantes, fue llevada de urgencia al departamento de pediatría tras sufrir un accidente durante su clase de arte. 

    El incidente involucró la penetración de un pincel en la órbita izquierda, con aproximadamente 14 cm del objeto visible externamente. La madre reportó que el accidente había ocurrido aproximadamente una hora antes del ingreso, mencionando la presencia de dos episodios de vómito pero negando cualquier pérdida de conciencia, sangrado activo o alteración visual evidente.

    Exámenes 

    Al examen físico inicial, la paciente se encontraba consciente y con signos vitales estables. Presentaba un marcado hematoma palpebral izquierdo que limitaba la apertura ocular, con el pincel claramente visible penetrando en la órbita. 

    No se observaba afectación directa del globo ocular ni hemorragia activa. El examen oftalmológico inicial reveló una desviación lateral del músculo recto superior, pero con pupila reactiva y de tamaño normal. La paciente no refería dolor ocular significativo al momento de la evaluación.

    Los estudios imagenológicos iniciales incluyeron una tomografía computarizada de cráneo y órbitas, la cual demostró la trayectoria del cuerpo extraño a través de la órbita izquierda, dirigiéndose hacia el lado derecho y pasando por encima del globo ocular en dirección al lóbulo temporal. 

    Afortunadamente, no se evidenciaron lesiones intraoculares ni compromiso de estructuras intracraneales importantes, aunque sí pequeños fragmentos óseos en el trayecto de penetración.

    Manejo multidisciplinario 

    El servicio de neurocirugía realizó una esplintectomía con extracción cuidadosa del cuerpo extraño mediante tracción controlada, procedimiento que se llevó a cabo sin complicaciones. 

    Simultáneamente, el servicio de oftalmología realizó una evaluación exhaustiva que incluyó medición de agudeza visual, examen de motilidad ocular y evaluación de estructuras oculares anteriores y posteriores mediante oftalmoscopia indirecta con dilatación pupilar.

    El tratamiento médico instituido fue intensivo e incluyó antibioticoterapia de amplio espectro con vancomicina y ceftriaxona para prevenir infecciones orbitarias y del sistema nervioso central, además de terapia antiinflamatoria con dexametasona para controlar el edema tisular. La paciente requirió ventilación mecánica durante las primeras 24 horas postoperatorias como medida de precaución, dada la proximidad del trauma a estructuras intracraneales.

    La evolución clínica fue favorable. Las tomografías de control mostraron una progresiva resolución del hematoma retroconal y de las pequeñas colecciones subdurales laminares. A las 48 horas del procedimiento, la paciente fue extubada exitosamente y mostró una mejoría significativa en el edema palpebral. Los exámenes oftalmológicos seriados confirmaron la preservación de la agudeza visual y la integridad de las estructuras oculares.

    Discusión 

    Los traumatismos oculares en la población pediátrica son una emergencia médica de especial consideración, siendo principalmente causados por mecanismos contusos o penetrantes durante actividades lúdicas o deportivas (59% de los casos) o por caídas accidentales (37%). 

    Estos eventos traumáticos constituyen la principal causa de ceguera monocular en niños, lo que subraya una intervención médica inmediata y especializada. El presente caso clínico, si bien corresponde a un evento poco frecuente como lo es la penetración de un cuerpo extraño intraorbitario, ilustra de manera paradigmática los principios fundamentales en el manejo de estas complejas situaciones.

    Desde la perspectiva fisiopatológica, la introducción de un cuerpo extraño en la órbita ocular genera un aumento crítico de la presión intraorbitaria, lo que típicamente se manifiesta con síntomas como diplopia, estrabismo, dolor con los movimientos oculares, náuseas y vómitos. 

    Sin embargo, es destacable que en este caso (César Augusto Zuluaga-Orrego, et al), estos síntomas clásicos estuvieron notablemente ausentes, circunstancia que podría atribuirse a la trayectoria particular del cuerpo extraño y su localización extraconal. Este hallazgo refuerza la importancia de mantener un alto índice de sospecha clínica incluso ante la ausencia de manifestaciones típicas.

    El caso resultó particularmente interesante por varios aspectos. En primer lugar, la trayectoria del cuerpo extraño respetó milimétricamente estructuras críticas como el nervio óptico y los vasos retinianos principales, lo que explica la ausencia de déficit visual permanente. 

    En segundo lugar, a pesar de la aparente gravedad de la lesión, el manejo oportuno y coordinado entre los diferentes servicios médicos permitió un resultado óptimo sin secuelas funcionales. Finalmente, el mecanismo de trauma -un accidente durante actividades escolares aparentemente inocuas- sirve como recordatorio de los potenciales riesgos en entornos pediátricos.



    Más noticias de Casos-Clinicos