La pericarditis y el infarto pueden causar dolor torácico similar, pero uno es una inflamación tratable y el otro una emergencia vital. Distinguirlos a tiempo puede salvar la vida.
Los estudios de imagen y laboratorio fueron inespecíficos; solo la biopsia con inmunohistoquímica (CD68+, CD123+) permitió confirmar una linfadenitis necrotizante histiocítica no maligna, descartando linfoma o tuberculosis.
Las mejoras en colesterol, presión arterial y otros marcadores cardíacos logradas durante el uso de estos fármacos desaparecen tras su suspensión, devolviendo a los pacientes a niveles previos en menos de dos años.
Aunque no es una enfermedad contagiosa ni dolorosa, el vitíligo puede tener un fuerte impacto emocional debido a la visibilidad de sus lesiones.
El dolor de la gota es súbito, intenso y puede confundirse con una infección grave. Los ataques aparecen sin aviso, con inflamación, calor y enrojecimiento marcados, lo que lleva con frecuencia a diagnósticos erróneos como celulitis u otras infecciones.
La hematuria, ya sea visible o microscópica, puede aparecer de forma intermitente y confundirse con infecciones urinarias u otras condiciones benignas, lo que retrasa el diagnóstico.
La paciente presentó una masa anexial sólida con ascitis y hallazgos sugestivos de malignidad ovárica, pese a estar hemodinámicamente estable y con marcadores tumorales normales, lo que llevó a sospecha inicial de cáncer.
El virus respiratorio sincitial (VRS) es una de las principales causas de hospitalización pediátrica en Puerto Rico, especialmente en lactantes y recién nacidos, debido a su capacidad para causar bronquiolitis y neumonía.
GEM llevó a cabo su tradicional iniciativa solidaria "Regalo de Amor" en el Hospital del Niño en Guaynabo, llevando actividades recreativas y regalos a niños y jóvenes con condiciones crónicas.
El uso prolongado y sin supervisión médica de betametasona intramuscular durante más de 15 años generó un estado de inmunosupresión suficiente para permitir una infección fúngica profunda en tejidos blandos.
La dermatitis atópica no tiene edad: Puede aparecer en la niñez o en plena adolescencia, y cada etapa trae sus propios retos. Las historias de Ciara y Miriam muestran cómo esta condición marca la vida de formas muy distintas según cuándo llega.










