Dr. Francisco Llull y el milagro del nacimiento de su hija en el buque hospital

Familia Llull Rodríguez

Giovanny Vega De Lleguas
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

La incertidumbre arropó con la misma intensidad de los vientos del huracán María al doctor Francisco Llull y a Tania Rodríguez, su esposa, en uno de los momentos más esperados por cualquier familia: el nacimiento de su hija.

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En aquel silencio que imperaba, producto de la desolación que había provocado el ciclón a su paso por la isla, comenzaron los síntomas de parto en Rodríguez y un proceso de dilatación que se acercaba a los cinco centímetros. Era ese el comienzo de una nueva batalla que no requirió más que fe, oración y espera.

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Yo paraba en el hospital, subía a maternidad y veía queestaba colapsado, con muy pocos servicios brindándose a la ciudadanía, excepto porque quizá había una planta eléctrica que prendía las áreas comunes del hospital. Era difícil”, expresó Llull a la Revista de Medicina y Salud Pública, mientras recordaba la gran cantidad de cadáveres y contaminación que había en las instituciones hospitalarias.

Para el galeno, no había otra opción que realizar el proceso de parto en su casa e incluso, llegaron a prepararse por completo para ello. Entonces, un pequeño destello de señal en el celular del doctor Llull le abrió las puertas a un “milagro” en el USNS Comfort, el busque hospital más grande de la flota marina de Estados Unidos.

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En la esporádica llamada telefónica Llull se comunicó con el comandante del Navy, quien le informó que estaban asignando un helicóptero y un grupo de militares para trasladarlos a él y su esposa desde Ponce hacia la embarcación.

Finalmente, a las 5 p.m. de aquel 14 de octubre, un diestro equipo de militares, que a la misma vez eran profesionales de la salud, recogieron a la pareja. Al mismo tiempo, Llull y Rodríguez estaban dejado otra parte de ellos: sus hijos Alonso y Sofía. Era una avalancha de sentimientos, mientras despegaba el helicóptero y veían cada vez más lejos a sus dos razones de ser.

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Esas horas de espera por el helicóptero fueron preocupantes, porque Tania seguía dilatando, los síntomas incrementaban y las contracciones aumentaban. Ese nacimiento pudo haberse dado unos minutos antes de que el helicóptero llegara”, aseguró Llull, quien ejerce como cirujano dentista en una clínica privada, en Ponce.

Fue una experiencia llena de emociones. Era una mezcla de alegría y tristeza, porque dejábamos a nuestros pequeños bajo el cuidado de nuestra familia, pero confiábamos que nos encontraríamos con ellos para disfrutar de nuestra nueva bebé”, dijo, por su parte, Rodríguez.

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La incertidumbre continuaba creciendo mientras se transportaban en el helicóptero y veían de primera mano la destrucción. Estaban atravesando una Cordillera Central que guardaba entre sí los estragos en las viviendas, edificios y carreteras, producto de un poderoso ciclón.

En ese momento, las lágrimas en los ojos de Llull y Rodríguez eran inevitables. El futuro era impredecible ante la llegada de su tercera hija en medio de un país que apenas daba sus primeras batallas por levantarse.

Nos ahogamos en llanto, porque estábamos viendo al país de sur a norte destrozado, incluyendo los campos, los bosques, las estructuras”, reconoció el galeno.

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Llegaron al buque y no fue hasta ese momento que se percataron que aquellos que los acompañaron en el viaje aéreo eran ginecólogos, pediatras y enfermeras neonatales. Sin saberlo, llevaban consigo un batallón de profesionales preparados para atender cualquier eventualidad en el vuelo.

Finalmente, el 14 de octubre, a las 12:39 de la madrugada, llegó al mundo su hija, Sara Victoria, la primera bebé que nació en la embarcación en las costas de Puerto Rico.

Esto hubiese sido algo totalmente opuesto si no hubiésemos tenido la bendición de tener acceso a esas facilidades de primera. Hubiese sido complicado, yo, como cirujano dentista, manejando un parto”, añadió Llull.

Cuando apenas habían transcurrido unas horas del nacimiento de Sara Victoria, ya su nombre estaba grabado en el yate principal de rescate de la embarcación estadounidense. Desde ese momento, tenía su espacio en la historia de aquel buque, en los retos médicos en Puerto Rico luego del huracán y en el recuerdo de miles de boricuas que se enteraron del suceso.

Sara rompió una barrera con su nacimiento, porque abrió las puertas para que más de 4 mil pacientes se pudieran atender en el barco hospital”, afirmó el médico.

Luego de haber estado por dos días en el buque, el equipo de profesionales que le atendieron le asignó a un ingeniero la creación de unos protectores para oídos hechos a la medida de Sara. Además, mandaron a buscar un asiento protector para que ella pudiera realizar el viaje al sur de la isla.

Sara Victoria está cerca de cumplir su primer año de vida completamente saludable, mientras comienza a gatear y pararse con su usual energía que contagia y provoca una sonrisa en quien conoce su historia. De acuerdo con su mamá, es una niña “llena de alegría, juguetona, muy activa, amorosa y expresiva”.

Sin duda, desde aquel 20 de septiembre y 14 de octubre existen unos recuerdos que nunca se podrán borrar para esta familia. Una sensación parecida a la calma que caracterizó el día después de la tempestad, unas horas luego de que el poderoso ciclón desatara su furia en suelo boricua.

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