La huella taína de los puertorriqueños: Estudiando el ADN mitocondrial

Reinaldo Millán
Especial para Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Hace tiempo que se descubrió que en nuestra cultura han predominado tres razas: india, europea y africana. De paso, casi nadie escapa del “¿Y tu aguela aonde etá?”. Sin embargo, desde hace varios años se viene investigando con alta seriedad y gran profundidad, la huella taína de los puertorriqueños.

Ha sido un trabajo muy interesante que ha comandado el doctor Juan Carlos Martínez Cruzado, quien estudia el ADN mitocondrial desde 1994, con el propósito de  investigar el origen de los primeros inquilinos de nuestra tierra.

En su oficina en el Departamento de Biología de Recinto Universitario de Mayagüez existe vasta documentación que revela su arduo trabajo en el campo de la genética. De hecho, está brindando el curso de evolución genética, uno de los más interesantes que se imparte en el RUM.

El trabajo del Dr. Martínez Cruzado está basado en el ácido desoxirribonucleico (ASDN) mitocondrial, porque el mitocondrio está presente en todos y puede trazar el mapa genético de la humanidad.

Martínez Cruzado, quien es heredero genético del RUM porque sus padres fueron profesores en el famoso colegio mayagüezano, completó su doctorado en la Universidad de Harvard, donde no se imaginaría realizando una investigación de tanta trascendencia desde el punto de vista genético y sobre todo, desde el punto de vista histórico, antropológico, cultural y hasta social, debido a la importancia que reviste en esos campos sus hallazgos en los cabellos que ha podido estudiar de los puertorriqueños.   

“A mí me interesaba la evolución, el origen de las cosas, y creo que la razón por la que me interesaba es porque desde pequeño estuve viviendo  cerca de tres años en una finca que mi padre tenía en Maricao. Ahí estaba en contacto cercano con la naturaleza y aislado también, porque estábamos apartados de otras residencias, y ese contacto con la naturaleza me interesó, y de allí me interesé por las plantas y los animales y me interesó saber sobre la evolución y con ello en la biología y la genética”, manifestó.

Pero no fue hasta el 8 de marzo de 1994, cuando estaba con un grupo de vecinos interesados en preservar un yacimiento arqueológico de Mayagüez que estaba siendo saqueado, que conoció al arqueólogo Juan José Ortiz Aguiló, director del Programa de Arqueología del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Ortiz Aguiló supo que Martínez Cruzado estudiaba la genética y de allí surgió la idea de investigar el origen indígena y la presencia de los genes taínos en los puertorriqueños. Luego comenzaron el estudio de cuatro osamentas, especialmente por su composición genética partiendo del ácido desoxirribonucleico mitocondrial, transmitido por la madre, ya que permanece intacto por generaciones.

Así las cosas viajaron a las Indieras de Maricao, donde encontraron 18 muestras y luego, a través de una convocatoria por medio de la Internet, obtuvieron 33 muestras más, especialmente de familiares de empleados del RUM. Más tarde consiguieron muestras de estudiantes.

“El 76 por ciento de ellos salieron con el ADN indígena y los de las Indieras, 65 por ciento. De los estudiantes que obtuvimos muestras, más de la mitad salieron indígenas y pensamos que había mucho por estudiar y redactamos la propuesta”, agregó el Dr. Martínez Cruzado.

Luego hicieron un estudio representativo de la población del país y obtuvieron un resultado de 61 por ciento. Un dato interesante es que por haber llegado en su mayoría una gran cantidad de europeos a Puerto Rico, en el periodo del descubrimiento, y luego una alta población de esclavos africanos, en su mayoría hombres, las muestras del ADN mitocondrial son de mayor peso. Todos tenemos el mitocondrio, pero solo las madres pueden transmitirlo.

“Los europeos que llegaron eran casi todos hombres y hay muy poco ADN Mitocondrial europeo”, destacó el Dr. Martínez Cruzado.

Los investigadores dividieron el estudio en cinco regiones geográficas y la cantidad de muestras era proporcional a la cantidad de población que representaban.

De ese estudio, la parte este del país, es decir del Río La Plata, aparece con un porcentaje menor, ya que la población europea y africana es mayor, mientras que en el Oeste el por ciento es mayor.  De los municipios con mayor herencia indígena mitocondrial no fueron los de la zona montañosa sino de la zona sur, Juana Díaz y Ponce, mientras que en el Norte, Vega Baja.

Con relación al ADN Nuclear, que es de ambos padres, Florida fue el que más alto salió de herencia indígena, mientras que Guayanilla quedó en segundo puesto.

“Como la gente emigraba de la montañas a la costa, encontramos muchos en la costa”, indicó.

El origen de los indígenas que llegaron a  nuestras tierras proviene de la zona amazónica y de América Central, de acuerdo con el estudio del Dr. Martínez Cruzado, quien está seguro de que en la población de puertorriqueños que viven en Estados Unidos, el patrón debe ser similar.

“Allá se han hechos unos estudios y no son distintos a los que hemos encontrado aquí”, agregó.

Los patrones migratorios históricos se pueden relacionar desde el origen, por lo que no es de extrañar que las personas con ADN Mitocondrial se desplacen de un lugar a otro y desarrollen patrones sociales similares a través del tiempo.

“Hay una relación entre estatus socioeconómico que no debe sorprender a nadie, que sale en los datos”, destacó el Dr. Martínez Cruzado.

Actualmente, el RUM, en unión a la Universidad de San Francisco y la Universidad de Stanford, realiza otros estudios. Un dato que debe ayudar bastante es el del genoma humano, que debe profundizar los estudios.

“Si hacemos un análisis con todos los marcadores informativos de ascendencia, lo que hace identificar su origen más que el europeo; de 800 muestras representativas del país, 642 funcionaron y el porcentaje europeo salió en 64 por ciento, africano 21 por ciento, e indígena 15 por ciento”, explicó el Dr. Martínez Cruzado sobre el ADN Mitocondrial.  

El indígena llega temprano al mestizaje y no llegaron indios nuevos, mientras que europeos y africanos fueron llegando a Puerto Rico en gran proporción.

“Aquí lo que dice es que aquí todo el mundo tiene dinga y mandinga. ¿Qué diferencia puede tener un puertorriqueño de otro? Pues todo el mundo tiene algo de indio, pero puede tener mucho de europeo o mucho de africano”, resaltó el Dr. Martínez Cruzado.

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