Miedo colectivo reduce asistencia a salas de emergencias

Susana María Rico
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública
 

En Puerto Rico, los niveles de contagio por coronavirus no ceden. Tampoco el pánico entre la población general, especialmente a aquellos pacientes con comorbilidades que pueden complicar un posible diagnóstico. Por su parte, hospitales como el Centro Episcopal San Lucas, mantienen la atención al público mientras se enfrentan a la crisis. 

Dentro de los especialistas con los que cuenta la institución se encuentra el Dr. Jorge Martínez Trabal, cirujano vascular entrevistado por la Revista Medicina y Salud Pública sobre la población de riesgo, las consecuencias del abandono de los tratamientos y la importancia de los seguimientos a los pacientes, a pesar de las circunstancias. 

“Las emergencias vasculares no reconocen la pandemia. Así que hay que continuar el trabajo con estos pacientes cuya necesidad no espera y requiere atención inmediata”, mencionó el Dr. Martínez Trabal, quien sigue desarrollando su trabajo como cirujano en medio del brote viral. 

Debido a su constante permanencia en el hospital, este especialista notó que el miedo en el que están sumidos miles de puertorriqueños, puede ser el causal de numerosas complicaciones de salud y asistencia tardía a las salas de emergencia. 

” No hay que quitarle el mérito a que -en efecto- esto es una patología que le puede costar la vida a muchos pacientes pero hay que tener en consideración que en estos momentos de desastre, el paciente debe sobreponerse a él y comunicarse con su médico para obtener información correcta y tomar una buena decisión acerca de cuándo se debe ir a una institución hospitalaria”

La grave aseveración no solo la hace este profesional. Diferentes especialistas coinciden en que el pánico y el miedo que siente la población al contagio, ha reducido drásticamente el número de pacientes que se acercan a las clínicas u hospitales para recibir atención. Al mismo tiempo, llama la atención que las personas ‘olvidan’ ese temor al momento de salir a comprar sus alimentos, usar el transporte público o exponerse visitando a sus familiares.

Hoy, los corredores de los centros hospitalarios permanecen vacíos. Solo los recorren los médicos, enfermeros de turno y los pacientes que ahora solo llegan cuando sus síntomas iniciales se han agravado o porque presentan afecciones súbitas como, por ejemplo, una apendicitis. Pero, quienes se encuentran en tratamiento permanente no pueden omitir la búsqueda de sus medicamentos o un posible cambio en su receta médica.

“Los médicos primarios tienen que ver a sus pacientes y tienen que estar accesibles para que sean ellos quienes recomienden si deben ir o no a la sala de emergencias, si debe o no visitarlo en su oficina. He visto pacientes dentro de mi consulta a los que se les ha hecho difícil el acceso a un médico para que le de seguimiento a sus medicamentos de la presión, el colesterol, entre otros. Por ende, termino yo -como cirujano vascular- dando sus recetas para la presión, etc y ajustando cosas para las que típicamente no estoy entrenado”, menciona el galeno.

A cada acción, su consecuencia

Quienes abandonan sus tratamientos por el pavor que les produce el nuevo coronavirus, se exponen a múltiples riesgos y complicaciones. El contagio, por supuesto, es uno de ellos pero no el más grave. En esto incide directamente el estado de salud general del individuo y la evolución de las afecciones que lo aquejen.

“Ya lo vivimos con el huracán María. Nos damos cuenta que hablan de 4.000 o 5.000 muertes. Si tú analizas ese número, puedes notar fácilmente que por efecto directo de los vientos y las inundaciones no murieron 20 personas. No murieron 5.000 personas aplastadas por el edificio que se les cayó encima. Estas personas murieron como un efecto secundario de, primero, no tener acceso a la medicina; segundo, no tener acceso a su facilidad médica donde le podían atender sus problemas.” explica el cirujano vascular.

Como lo planteó el Dr. Martínez Trabal, el mismo esquema será el que se manifieste en Puerto Rico. A diferencia de la tragedia natural, en la que habían inmensas limitaciones físicas para pacientes y médicos, la isla ha capacitado a sus profesionales médicos para que permanezcan en contacto con sus pacientes desde medios digitales o a través de llamadas telefónicas.

“La gente tiene que entender, por ejemplo, que si le duele el pecho y sospecha que puede tener un infarto o un evento del corazón, tiene que ir inmediatamente a sala de emergencias porque el cambio que pueda ir en su sobrevida basado en un evento de este tipo y en su asistencia o no a un hospital puede ser definitorio o letal”, puntualizó el cirujano vascular Jorge Martínez Trabal.

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