34 años de historia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida

Iván Meléndez-Rivera, MD, FAAFP, AAHIVM
Director Médico Centro Ararat

La guerra contra el SIDA se declaró al conocerse la enfermedad en los años 80 y se puede decir que está muy cerca de encontrar su cura

El primer año de la década del 80 surge la publicación de la existencia de unos casos de Pneumocitys Pneumonia en Los Ángeles, California (Pneumocystis Pneumonia- Los Angeles, 1981). Pasado un mes de dicha publicación, aparecen reseñados otros casos encontrados en este entonces en la ciudad de New York que incluían sarcoma de Kaposi (1981).

La población afectada era de hombres que tenían sexo con hombres, por lo cual no tardó a que este síndrome se le llamara de forma desdeñosa como la “Inmunodeficiencia relacionada a los homosexuales” o GRID, por sus sigla en inglés (Gay-Related Immune Deficiency).

En 1982 nuevos casos fueron descubiertos y otras poblaciones afectadas con factores no relacionados al sexo, por lo cual la enfermedad tomó una nueva identidad y se llamó “La enfermedad de las 4 H” refiriéndose a los “haitianos, hemofílicos, usuarios de heroína y homosexuales”.

Esta guerra de nombres discriminatorios termina en agosto de 1982 cuando el Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) lo llama Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida o SIDA, dejando en manifiesto que este conjunto de condiciones no se hereda, sino que se adquiere por unos factores en específicos, lo que deja a toda la población en una alerta de posible riesgo de adquirir la enfermedad. (htt)

El causante de este síndrome no se había podido encontrar, mientras los proveedores de atención médica se hallaban con las manos atadas sobre cómo combatir la condición y se dedicaban a corregir la sintomatología funesta con la cual se presentaban a cuidado.

En mayo de 1983 el científico francés Luc Antoine Montagnier descubrió el virus asociado a la Linfadenopatia (LAV, por sus siglas en inglés) como el causante del SIDA. (F-Barre-Sinoussi, 1983).

Estados Unidos lanza para mayo de 1984 el descubrimiento del Dr. Robert Gallo, identificando al virus Linfotrópico tipo III de las células T humanas  (HLVT-III, por sus siglas en inglés) (Gallo, 1984). La batalla por quién descubrió el causante del SIDA llegó a niveles insospechables, pero para enero de 1985 ya se sabía que tanto los hallazgos de Montagnier como los de Gallo eran exactamente lo mismo. En mayo de 1986 se le nombra Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

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La primera prueba de VIH en sangre fue aprobada en 1985, pero en ese momento solo se detectaban casos en la etapa terminal de la condición cuando los síntomas constitucionales y las enfermedades oportunísimas eran la primicia de una muerte casi asegurada.

La molécula del CD4 fue la identificada como el receptor primario de VIH en el 1984, pero sus homólogas de acceso, las CCR5 y CXCR4 no se descubren hasta el 1996, poco después de haber descubierto los factores supresores del VIH producidos por las células CD8+ o mejor conocidas como células asesinas. (Fauci, 2011)

Personas con conductas de alto riesgo para adquirir el VIH iniciaron la realización de la prueba de detección del virus por lo cual se comenzaron a descubrir personas asintomáticas que eran positivos al virus. Esto lleva a una publicación de G Pantaleo, AS Fauci et al en la cual indican que la infección por el virus de VIH se mantiene activa y progresiva en el tejido linfoide durante una “etapa latente” de la enfermedad. (Pantaleo, 1993)

Casi lo mismo fue expresado por Jt Embretson, AT Haasee et al, para el mismo 1993 cuando declaran un “periodo de incubación” donde hay un ataque masivo a los Linfocitos T y los macrófagos por el VIH. (Embretson, 1993)

Piatak y Lifson decidieron estudiar el componente del virus en el plasma encontrando una gran cantidad del virus mediante una prueba de PCR experimental. (Piatak Jr, 1993)

La intensidad de los estudios y la fascinación relacionada a las características individuales del virus logró que para 1995 se pudiera descifrar la dinámica viral con su genoma y la subsecuente respuesta inmune.  (Wei, 1995)

El mundo de la farmacología fue creciendo a la par con el mundo de la virología y para el 1987 se aprueba la zidovudina, cuyos estudios demostraban una reducción de la mortalidad en un 95% comparado con placebo. (Fischi, 1987)

No tardó dos años para que se publicara la disminución de sensibilidad que desarrollaba el VIH al uso prolongado de la zidovudine. (Larder, 1989) Esta nueva propiedad descubierta del VIH lleva al desarrollo de varias terapias para monoterapia y doble terapia que no dieron resultados a largo plazo.

El advenimiento de la triple terapia antirretroviral para el tratamiento del VIH comienza a contestar el paradigma de llegar y mantener una supresión de la viremia, a la vez que se reduce la morbilidad y mortalidad relacionada al SIDA.

La mortalidad de la condición comienza a disminuir de una forma acelerada. Basándose en el proceso de replicación viral y el mecanismo de acción de los antirretrovirales, en 1997 se presentan modelos matemáticos que sugieren la erradicación del virus luego de más de tres años de supresión viral.

El realismo sacude entre el 1998 y el 2000 cuando, a pesar de la disminución de más de un 65% de la mortalidad relacionada al virus con el uso de antirretrovirales, (Palella, 2001), se descubrió que era imposible la erradicación del VIH con la terapia antirretroviral actual.

Los reservorios virales en las células T de memoria en descanso y la replicación viral continúa en los nódulos linfáticos todavía un cuando la carga viral en plasma es menos de 50 copias/ml son los limitantes a esta erradicación viral. (Siliciano, 1997)

El realismo nos traslada al idealismo de la terapia ARV perfecta que sea potente, efectiva, de bajos efectos secundarios, poca toxicidad y que logre el romanticismo de la adherencia.

Esto lleva entre el 2001-2006 a la estrategia de diferir terapia, realizar regímenes sustituyendo medicamentos tóxicos y terapias completas de una sola tableta una vez al día. La precisión no había llegado a la perfección, pero era evidente la cronicidad de la condición y la necesidad de una detección temprana del virus para evitar nuevas infecciones.

Tomando en consideración que la mitad de las nuevas infecciones por VIH surgen de personas positivas al virus que no conocen su estatus, el CDC recomienda en el 2006 la prueba de VIH de forma rutinaria en todas las instancias de salud, desde la edad de los 13 años como estrategia para una detección temprana.

Cónsono con esta recomendación comienza la táctica de previsión “Tratamiento como prevención” en la cual las guías de tratamiento federal recomiendan que todo paciente VIH+ con carga viral detectable debe de recibir tratamiento antirretroviral.

Modernista se podrían llamar a los años 2007 al 2009, cuando se aprueban nuevas clases de medicamentos para pacientes altamente experimentados. Inhibidores de la integración del virus, antagonistas de entrada, así como segundas generaciones de clases ya existentes brindan el armamento necesario para disminuir la replicación viral y la activación inmune.

Nuevos enfoques sobre la potencial contribución de la inflamación y la activación inmune a la morbilidad de los pacientes infectados con carga viral suprimida son estudiados como argumento para realizar una detección temprana.

Un realismo pictórico de la cronicidad del VIH se plasma en un artículo del 2010 en la revista AIDS, donde se evidencia que la expectativa de vida de un paciente asintomático recientemente diagnosticado alcanza la de una persona no infectada con el virus. (ATHENA National Observational Cohort Study, 2010)

Impresiona la publicación en el 2011 del estudio HPTN052 donde quedó demostrado que el uso de terapia antirretroviral reduce por un 96% la transmisión del virus en parejas serodiscordantes. Para el mismo año surgen varias publicaciones brindado el resultado del estudio de quimioprofilaxis para prevención del VIH en hombres que tiene sexo con hombres, demostrando una efectividad inicial de más de un 73% en aquellos que fueron adherentes al medicamento preventivo.  (Grant, 2010)

Otra pincelada del realismo llega cuando toca reconocer que aunque la terapia ARV funciona, las toxicidades a largo plazo, como la redistribución de grasa y anormalidades metabólicas, eran evidentes en los pacientes, especialmente en aquellos bien cumplidores a su terapia.

La cura del VIH continúa en contemplación ya que la misma requiere una remisión permanente en ausencia de la terapia requerida. Este requerimiento que fue avalado en el 1999 en la revista PNSA cuando publicó que los reservorios latentes del VIH eran los obstáculos para la erradicación del virus o lo que se conoce como una cura estéril. (Davey, 1999) (Chun, 1999)

En el 2015 nos encontramos en una era vanguardista donde la terapia antirretroviral es mucho más simple de utilizar, con efectos adversos limitados y en camino exitoso a un tratamiento antirretroviral inyectable cada 12 semanas. Pero gran parte del vanguardismo se encuentra en la combinación de varios métodos de prevención (educación, condones, PrEP, reducción de riesgo, tratamiento como prevención, etc.) el cual será valioso si la implementación de los mismos es efectiva.

Finalizo con una cita del Dr. Anthony S. Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas: “Nosotros ahora tenemos una oportunidad sin precedentes, basada en data científica sólida, para controlar y ultimadamente terminar la pandemia del SIDA. Una mayor inversión ahora en la implementación (de los proyectos de prevención) salvará muchos más gastos en el futuro; y mientras tanto, un sinnúmero de vidas podrán ser salvadas”. (Fauci, 2011)

 

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