CRISPR ¿En qué punto estamos?

CRISPR ¿En qué punto estamos?

EFE

Todos hemos oído hablar de la CRISPR-Cas9, la técnica genética que persigue eliminar enfermedades mediante la alteración, inserción o eliminación del material genético defectuoso que las provoca. Son muchos los investigadores, pacientes y profesionales sanitarios que siguen esperanzados la evolución de los ensayos porque su potencial es en teoría inimaginable,  pero ¿en qué punto de las investigaciones estamos?

Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC y del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Raras (CIBERER), así como uno de los referentes sobre CRISPR en España, nos ha explicado los primeros ensayos clínicos que se han llevado a cabo.

Pero lo primero que advierte es que hacen falta todavía muchas investigaciones tanto en el laboratorio como en modelos animales para trasladar con seguridad esta técnica a las personas.

Lo más importante de una terapia novedosa no es que sea eficaz, que se da por descontado, lo más importante es que sea segura. Con lo cual la seguridad tiene que ir antes que la efectividad”.

Las primeras aplicaciones terapéuticas para pacientes que hay ahora de CRISPR-Cas9 son las llamadas ex vivo.

Es decir que se realizan fuera del paciente, en un laboratorio, con las células que se le extraen a través de la sangre, para una vez tratadas volverlas a introducir en la misma persona.

(Los genes son fragmentos de ADN que tiene información para la fabricación de proteínas y éstas últimas determinan la estructura de las células)

Los primeros ensayos que se conocieron, refiere el investigador español, empezaron en 2014, primero en China, luego en EEUU y ya están llegando a Europa.

Son ensayos que inactivan una proteína llamada PD-1 y que le valieron el Nobel de Medicina 2018 al  japonés Tasuku Honjo.

Esta proteína regula  la respuesta del sistema inmune y al inactivarla, el sistema inmune reacciona más fuertemente contra las células tumorales.

El riesgo está en que puede reaccionar también contra otras células.

La aplicación se ha utilizado sobre todo en términos compasivos para aquellos enfermos de cáncer desahuciados, que ni la quimio ni la radioterapia les ha dado ningún resultado positivo”.

Entonces nada sabemos todavía de cuál es el efecto que ha tenido, pero estos han sido los primeros usos que ha tenido la técnica CRISPR ex vivo (fuera del organismo)”.

Y lo siguiente que se va a poder utilizar son terapias también ex vivo para enfermedades de la sangre”.

CRISPR: tres grandes enfermedades

Hay tres grandes grupos de enfermedades, por un lado están las inmunodeficiencias, por otro  la anemia falciforme y las beta-talasemias.

Por ejemplo en las beta-talasemias y en las anemias falciformes, “la betaglobina esta codificada por unos genes de los cuales hay diferentes copias”.

Hay una copia de un gen que funciona solamente mientras somos embriones, hay otra que funciona cuando ya evolucionamos un poco más a fetos y a hay otra que habitualmente funciona durante nuestra vida adulta que es la que suele estar incorrecta.

Este el caso de la anemia falciforme y de la beta-talasemia, enfermedades graves ambas que afectan a miles de personas.

Una de las estrategias que se les ha ocurrido a varios investigadores es la de intentar suplir el gen erróneo de adultos por el gen fetal o embrional, que puede reactivarse, ex vivo, mediante el CRISPR.

Otras posibilidades

La otra posibilidad, que acaparó las informaciones de los medios hace un mes, “postula que para reactivar este gen de la betaglobina fetal hay que inhibir al represor”.

Estos genes no funcionan en adultos porque están permanentemente reprimidos pero si inhibes al represor estas potenciando lo que estaba reprimido antes”.

Considera Montoliu que se trata de una idea “muy inteligente”.

Y explica que lo que se hace es reducir la expresión de ese represor, que se llama BCL11, y al reducirse deja de reprimir la betaglobina fetal y empieza a funcionar.

Todas son terapias ex vivo y para este tipo de enfermedades de la sangre se han empezado a reclutar pacientes y están en fase 1 y 2”.

Ensayos in vivo, más lejanos

Los ensayos de edición genética in vivo, es decir que se efectúan dentro del organismo, señala Montoliu que todavía van a tardar.

Si acaso van a producirse algunos ejemplos o se han producido ya, pero no con CRISPR, sino con la edición de herramientas de edición genéticas que había antes y que se llaman nucleasas con dedos de zinc”.

El año pasado en California, unos primeros pacientes fueron tratados in vivo del  síndrome de Hunter, un trastorno genético muy poco frecuente y complejo producido por la falta de una enzima o por su mal funcionamiento.

Lo que hicieron fue sustituir uno de los genes hepáticos afectados con el síndrome por un gen terapéutico.

Un año después se han conocido los primeros resultados, y han publicado que todavía no hay mejoras terapéuticas, pero si es verdad que han dicho que no han observado problemas de toxicidad, con lo cual es posible que todavía tengan que afinar en la dosis, para ver si es eficaz, pero por lo menos no parece generar toxicidad alguna”.

Enfermedades de la retina: firmes candidatas

Sostiene este investigador que lo siguiente que vamos a poder ver in vivo va a ser en alguna de las enfermedades degenerativas de retina.

El ojo es un órgano privilegiado y al estar en una capsula cerrada en principio no comparte las sustancias con la circulación sanguínea”.

Al estar separado del resto del cuerpo se pueden inyectar intraocularmente estas herramientas de edición genética, con lo cual su rango de actuación se limita a las células de la retina”.

Ya hay, indica, varias propuestas realizadas pero todavía no se ha empezado, aunque “es probable se pongan a caminar pronto”.

Muchas incertidumbres

Concluye Montoliu en esta entrevista a EFEsalud que las posibilidades de las técnicas de edición genética son muy grandes pero todavía el rango de enfermedades que pueden tratarse es limitada.

Teóricamente la CRISPR va a poder usarse para el tratamiento de cualquier enfermedad congénita, pero para que esto sea posible estas terapias tiene que ser seguras y todavía no controlamos la salida, es decir el pegado”.

Las herramientas que permiten el pegado generan mucha diversidad, muchas maneras diferentes no planeadas, y mientras no seamos capaces de planificar exactamente el resultado de esa edición genética pues no debería utilizarse en terapia”.

Es por ello, advierte, que la presencia de incertidumbres que hay todavía con las CRISPR desaconseja la práctica clínica.

Cuando seamos capaces de disminuir esta incertidumbre, podremos trasladar esta técnica a otras muchas enfermedades raras que hoy no tienen cura, pero hoy por hoy si lo hiciéramos estaríamos poniendo a los pacientes en un riesgo adicional de forma gratuita y innecesaria”.

Por lo tanto concluye que es “éticamente inaceptable trasladar estos riesgos a los pacientes si no estamos seguros de que lo que vayamos a hacer va ser para su beneficio”.

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