Hambre emocional, un riesgo para la salud y la efectividad de tratamientos médicos

El consumo alimenticio desmedido o sin un motivante fisiológico, puede afectar el correcto funcionamiento del cuerpo.

Pedro Felipe Cuellar

    Hambre emocional, un riesgo para la salud y la efectividad de tratamientos médicos

    Siempre que vamos a comer o alimentarnos, debemos entender y conocer los estímulos, o razones por las cuales ´tenemos hambre´, teniendo en cuenta que la glucosa, es nuestra fuente de energía, y que proviene de los alimentos en diferentes concentraciones, debemos conocer de dónde viene la necesidad o el hambre

    Haciéndonos la pregunta de si es un impulso por estímulos sociales, emocionales o factores estresores; o si naturalmente nuestro cuerpo está pidiendo alimentos por falta de los mismos. Así mismo hay que tener cuidado con qué alimentos sacian estas necesidades. 

    "Porque cuando consumimos alimentos altos en azúcar, en grasa, alcohol, cafeína, lo que generan es exacerbar síntomas de ansiedad, estrés, sin garantizar saciedad.", afirma la Lcda. Wanda González, nutricionista, dietista y fisióloga del ejercicio. Debemos tener en cuenta que la integridad intestinal tiene un rol directo en los sentimientos, debido a la relación que tiene nuestro intestino con el cerebro, mejorando o empeorando los estados de ánimo. 

    Así es que nuestros hábitos alimenticios impactan, positivamente o negativamente, los diferentes tratamientos que pueda tener una persona como paciente de una enfermedad específica; ya que cada uno de los tratamientos necesitan una correlación con los alimentos, eligiendo una dieta que no afecte esa operatividad.

    Tendemos a sobre comer o sobrealimentarnos, sin entender por qué, haciendo una mala elección de alimentos, generando diferentes problemas o alteraciones de salud que pueden tener repercusiones en los laboratorios, tratamientos, aumentos de peso o dificultad de bajar de peso.

    Es importante tener presente que, en el organismo la digestión comienza desde el momento en que damos el primer bocado de comida y en ese mismo momento el cuerpo inicia a segregar las hormonas necesarias para que nuestro cerebro a su vez de la sensación de saciedad. 

    "El periodo que le toma a nuestro cerebro sentir saciedad es de aproximadamente 20 min, pero es vital que al momento de alimentarse el enfoque principal sea ese, pues factores externos pueden afectar el proceso evitando que sintamos saciedad", sostiene la nutricionista, González

    Para entender esto debemos conocer qué es el hambre fisiológica y qué es el hambre emocional, siendo conscientes de los beneficios que obtenemos de cada uno de los alimentos que ingerimos. 

    Hambre fisiológica

    Esta se presenta de forma gradual, es regulada por los órganos y el sistema digestivo, y se da cuando tenemos el estómago vacío, este órgano por necesidad segrega una hormona gástrica llamada grelina, encargada de enviar el mensaje al hipotálamo comunicando la necesidad de alimentos. 

    Otra reacción fisiológica, frente a la necesidad de alimento sucede cuando pasamos un periodo prolongado sin ingerir alimentos, teniendo episodios de hipoglucemia o bajones de azúcar; sin necesidad de tener un diagnóstico de esta enfermedad o diabetes como tal, esto sucede porque presentamos un déficit de glucosa con síntomas como: 

    • Mareos

    • Dolor de cabeza 

    • Sudoración 

    • Visión borrosa

    • Debilidad 

    • Irritabilidad

    • Hambre voraz

    Cuando identificamos que necesitamos alimentarnos o comer, con "el hambre fisiológica, nos saciamos con los alimentos que tengamos disponibles, no se siente sensación de culpa o remordimiento, simplemente se siente la satisfacción de que consumimos un alimento que es adecuado", afirma la especialista.

    Hambre emocional

    Esta es un hambre repentina, que no se da por un proceso estimulado por hormonas, sino por emociones, situaciones/antojos, factores estresores y genera en muchos casos sobrealimentación dado que el alimento se convierte en un objeto de deseo, y comen de forma impulsiva o por atracones, sin ser conscientes de que están comiendo. 

    "Luego de ingerir esos alimentos puede venir acompañado de sentimientos de culpa, de que abandone los hábitos de alimentación adecuados, a veces nos justificamos diciendo ´es viernes´, ´me lo gane´, ´me lo merezco´, ´el día estuvo muy fuerte´, ´los fines de semana no se hacen dieta´, ´me voy a sentir mejor´, ´mañana retomo´, estas son las banderas rojas de que el alimento que estamos consumiendo no es el recomendado para nuestra salud", confirma la Lcda. Wanda. 

    La especialista invita, a las personas que quieren realizar cambios en los hábitos alimenticios, deben ser permanentes mejorando el estilo de vida, aplicado de forma gradual, integrando estos hábitos a la alimentación estándar; no es bueno realizar cambios de hábitos alimenticios por estímulos emocionales, o tomarlo como si fuera una dieta impulsada por metas a corto plazo. 

    Se debe tener en cuenta que dentro de los hábitos aplicados a la dieta normal de las personas, hay momentos en los que Así mismo, la licenciada nutricionista enfatiza que, "culturalmente todo se celebra con comida, así que es importante saber conocer esos alimentos y poder identificar las cantidades, incorporando ejercicio a la rutina diaria, sin ningún remordimiento, o sentimiento de falla".

    La dietista enfatiza en la necesidad de comer detallando el proceso es decir evitar comer, mientras se ve televisión, mientras se trabaja, o en periodos cortos, enfocándose en los alimentos, en masticar adecuadamente la cantidad de veces necesarias, y en la necesidad que tenemos, sin distractores ni culpas.  

    "Es relevante que sepamos que este proceso toma un periodo, a veces nos sentamos a comer y quizá comemos los alimentos en cinco minutos, a veces no masticamos bien, o comemos trabajando, viendo películas, concentrados en el celular, en la tablet en el computador, afectado el proceso de regular la saciedad", recomienda.

    Como seres humanos, debemos tener claridad que antes de realizar cualquier proceso de alimentación, por pequeño que sea, debemos establecer ciertas preguntas básicas para evitar mal alimentarnos o incluso sobrealimentarnos. 

    Preguntas como: 

    ¿Voy a comer porque me siento triste, porque estoy muy estresado?

    ¿Estoy seguro de que quiero comer esta cantidad?

    ¿Hace cuánto tiempo comí por última vez?

    ¿Qué aporte nutricional tendrá lo que voy a comer?

    ¿Estoy incumpliendo algún punto de la dieta recomendada por mi especialista?

    ¿Cómo podría afectar esto mi salud?

    ¿Tengo el tiempo suficiente para alimentarme o voy a comer de afán?

    Debemos tener presente que los hábitos alimenticios se deben hacer mediante patrones y modificaciones parciales y a corto plazo "podemos identificar, ¿qué lo primero que voy a hacer?, voy a aumentar el consumo de agua, esa será mi meta esta semana, la próxima semana voy a bajar los alimentos fritos o los dulces, y poquito a poco nos vamos estableciendo metas a corto plazo que al final nos van a ayudar que ese hábito de alimentación sea parte de nuestro estilo de vida, verlo como un proceso, y entender que dentro de este patrón, nos vamos a comer la pizza, los dulces, y va a pasar porque están accesibles, y no nos vamos a castigar con eso, simplemente retomamos a la siguiente comida", concluye la nutricionista. 

    Vea el programa completo: 



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