Joven con cirrosis hepática recibe el primer trasplante de hígado en Puerto Rico

Chris Montes, primer trasplantado pediátrico de hígado en Puerto Rico.

Jackeline Del Toro
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Chris, quien a los 18 años estuvo a punto de ser vencido por una cirrosis hepática (intracolectasis Tipo 3), relató agradecido que la bondad de una familia que perdió a su hijo en un accidente fue lo que permitió tener una segunda oportunidad de vida, convirtiéndose en el primer menor de edad en recibir un trasplante de hígado en Puerto Rico. 

“Volví a nacer. Soy un milagro”, manifestó el estudiante universitario Chris Montes, quien a sus 20 años es testimonio de y se dedica a ayudar a otros niños y jóvenes a través de la Fundación DwarriorofGOD (The Warrior of God), de la mano del Hospital Auxilio Mutuo.

El joven natural de Bayamón, cuenta en entrevista con la revista Medicina y Salud Pública, que a la edad de cuatro años fue diagnosticado con esta condición hepática, por lo cual requirió la ingesta de medicamentos y ciertos cambios en su alimentación que, niño al fin, no comprendía ni seguía al pie de la letra cuando estaba en la escuela.  

Pero la condición de salud no desalentó al niño en el afán de desarrollarse como deportista, ya que gustaba mucho de jugar pelota. “Era ‘pitcher’ y hubo un tiempo en el que estaba en la loma con la barriga grande (llena de fluidos debido a la condición) haciendo lanzamientos”, recuerda quien años más tarde tuvo que dejar a un lado el deporte para cuidar más su salud.

A los 16 años, su médico le informó a la familia que el joven necesitaría un trasplante de hígado que a los 18 años se haría inminente ante una recaída. Fue atendido en varios hospitales de la zona metropolitana en medio de su gravedad, que implicaba además sangrado en diferentes partes del cuerpo.

“Sentía que no era yo. Tuve reacciones y comportamientos en el hospital que estaban fuera de mi control. Tenía pensamientos confusos, pensaba que mi familia no quería alimentarme, pero realmente no podía comer alimentos con grasa”,

recordó quien contó con un círculo familiar junto a él; especialmente, uno de sus hermanos. 

Los cuidados médicos y la fe en el Divino Niño Jesús guiaron su recuperación, recuerda. “Hubo un enfermero que me colocó una estampilla del Divino Niño en la almohada. Y venía otra enfermera y la sacaba y él volvía y la ponía”, mencionó el joven, quien -cuando pudo levantarse de la cama- fue hasta la imagen del Divino Niño que está junto a la estación de enfermeras para agradecer el milagro, momento del cual mostró una impactante y emotiva fotografía.

Luego del trasplante y el proceso de recuperación, el estudiante de comunicaciones de la Universidad del Sagrado Corazón conoce al dedillo los medicamentos que ingieren, las dosis y el propósito de cada cual. Asiste a escuelas, iglesias y otros lugares a ofrecer charlas y tiene un trabajo a medio tiempo.

Aunque aún no ha conocido a la familia del joven donante, está entre sus objetivos hacerlo cuando esté preparado emocionalmente.        

En Puerto Rico, la organización LifeLink es la responsable de acompañar a las familias que están en ese momento de la toma de decisiones tan difíciles como desconectar a un ser humano del ventilador y explicarles la oportunidad que ofrecen al permitir que ese ser querido viva a través de otras personas, su corazón siga latiendo en otro pecho o que otro tejido u órgano ofrezca el milagro de la recuperación a otro ser que lo necesita.  

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