Habitantes de las antillas francesas sufren las consecuencias de un pesticida cancerígeno

Los isleños son víctimas de un pesticida tóxico llamado clordecona que ha envenenado los suelos y el agua y se vincula a una alta e inusual incidencia de cáncer de próstata.


Habitantes de las antillas francesas sufren las consecuencias de un pesticida cancerígeno

Los isleños son víctimas de un pesticida tóxico llamado clordecona que ha envenenado los suelos y el agua y se vincula a una alta e inusual incidencia de cáncer de próstata.

(Archivo BBC) La

clordecona

es un químico en forma de polvo blanco que los trabajadores de las plantaciones de banano de la isla ponían debajo de la fruta para protegerla de los insectos.

Daniela Osorio Rivera
Agencia Latina de Noticias Medicina y Salud Pública 

"Nunca nos dijeron que fuera peligroso, así que la gente trabajaba porque querían dinero. No nos dijeron qué era, ni que no era bueno. Por eso muchos se envenenaron", dice Ambroise Bertin, residente de la isla.

La clordecona es un químico en forma de polvo blanco que los trabajadores de las plantaciones de banano de la isla ponían debajo de la fruta para protegerla de los insectos. 

Los científicos culpan a la clordecona, que continuó usándose en las antillas francesas mucho después de conocerse sus efectos nocivos. 

Clordecona es un interruptor endocrino y afecta al sistema hormonal. "Hay suficientes datos toxicológicos y experimentales para concluir que la clordecona es cancerígena", añade El profesor Luc Multigner, de la Universidad de Rennes en Francia.

De acuerdo a un estudio detallado de Multigner y su equipo conducido en Guadalupe, estiman que la clordecona es responsable de alrededor del 5-10% de los casos de cáncer de próstata en las Antillas francesas.

Efectos prolongados

La clordecona dura en el suelo por décadas. Después de 20 años desde que se descontinuara el químico, mucha parte de la tierra no puede usarse para cultivar vegetales. Los ríos y litorales también están contaminados, lo que significa que muchos pescadores no pueden trabajar. 

"Tratas de llevar una vida sana para quizás limitar los efectos del veneno. Pero no estás seguro, mis amigos y yo nos preguntamos si realmente queremos hijos. Si les damos leche materna, quizás tendrán clordecona en su sangre", dice la historiadora Valy Edmond-Mariette, de 31 años.  

En Estados Unidos se detuvo la producción de clordecona en 1975, después de que los trabajadores de una fábrica en Virginia se quejaron de temblores incontrolables, visión borrosa y problemas sexuales.

En 1979, la Organización Mundial de la Salud clasificó a este pesticida como potencialmente cancerígeno.Pero en 1981 las autoridades francesas autorizaron el uso de clordecona en las plantaciones de banano de las antillas francesas.

Ahora, una ley pretende crear un fondo de compensación para agricultores. Pero las indemnizaciones no han comenzado.

El profesor Multigner dice que los documentos originales del organismo que autorizó el uso del pesticida en 1981 han desaparecido por razones desconocidas, lo que dificulta investigar cómo se tomó la decisión.

Pero el representante del Estado en Martinica, el prefecto Stanislas Cazelles, insiste en que no hubo discriminación contra los isleños.

"La República está del lado de los oprimidos, de los más débiles aquí, como en la parte europea de Francia", dice.

El Estado trabaja para descontaminar la tierra, y garantizar que no haya rastros del pesticida en la cadena alimentaria. El prefecto espera que la comisión independiente que juzgará los reclamos de compensación generalmente fallará a favor de los ex trabajadores agrícolas que dicen ser víctimas del pesticida.  

Bertin, quien trabajó con clordecona durante tantos años, se sometió a una operación para extirpar su cáncer en 2015. Aún sufre de enfermedad de la tiroides y otros problemas que pueden estar relacionados con los efectos de la clordecona sobre las hormonas. 

"Al final, no puedes controlar todo. Tienes que admitir que, hasta cierto punto, estás envenenado, así que simplemente lidias con eso", concluye. 


Artículos Relacionados