Criminalidad y Docilidad

“Bueno es tener la terquedad del burro pero no la docilidad de ser montado”. –Antonio S. Pedreira

Es evidente que la criminalidad en nuestro país continúa ascendiendo.  
El año 2016 terminará con más de 700 asesinatos.  Algunos de los crímenes han involucrado a personas inocentes que por desgracia estuvieron cerca del escenario de la balacera.  Es innegable el hecho de que el crimen está íntimamente asociado al trasiego de drogas.

En el 1973, el periodista español Manuel De Heredia en una entrevista realizada a Luis Muñoz Marín, le preguntó su opinión con respecto al uso de drogas en Puerto Rico.  Muñoz Marín le respondió,  “no tengo una solución rápida o mágica para el problema de las drogas en Puerto Rico”.  Pero añadió, “creo que el puertorriqueño no es feliz.  Los italianos y los españoles son mucho más felices que el puertorriqueño”.  Para esa época el problema de las drogas no era tan fuerte como al presente.  

Continuamente se le exige al Superintendente de la Policía de turno que  reduzca o elimine el problema del crimen en la isla.  Luego de realizar algunos cambios administrativos y nombrar nuevos comandantes de área, el número de asesinatos continúa en aumento.  El problema de la criminalidad y las drogas no es un problema de seguridad pública para ser resuelto por la policía o su Superintendente. El crimen y las drogas es un problema de salud pública y salud mental. No existe sociedad alguna libre de drogas.  Es necesario cambiar la política pública gubernamental de mano dura contra las drogas y adoptar el concepto de reducción de daño o normalización de la sociedad para evitar que sólo el 3% de los que delinquen perjudiquen al 97% de la población que es honesta, trabajadora y cumplidora de las leyes del país. Esa es la normativa que debe adoptar el gobierno de Puerto Rico.  

Por nuestra relación política con Estados Unidos nos limitamos a utilizar la mano dura contra las drogas. La guerra contra las drogas utilizando el concepto de mano dura ha tenido un fracaso estrepitoso. Esto ha sido aceptado hasta por las Naciones Unidas.  El gobierno capitalista de Estados Unidos trata el problema de las drogas como el comercio de otros comestibles o servicio–basados en la oferta y la demanda.  Mientras haya demanda por las drogas en Estados Unidos, Puerto Rico y otros países, la droga seguirá siendo transportada hacia los países que originan la demanda. No pierdan de vista que nuestras fronteras, aérea y marítima son controladas por el gobierno federal, las armas y las drogas entran por nuestras fronteras, ninguna de ellas se producen en Puerto Rico.  Las agencias federales se ufanan por las toneladas de drogas que incautan anualmente, pero se sabe que eso solo equivale al 10% de los cargamentos de drogas, el otro 90% entra al país y eventualmente llega a Estados Unidos.   

Es nuestra docilidad como pueblo y la de nuestros gobernantes la que nos impide implantar un sistema diferente al que se utiliza en la metrópoli para combatir el problema de las drogas y la criminalidad.  Continuamos complaciendo al amo.  Lo preocupante es que al pueblo no le importa, no le interesa, ni exige un cambio para reducir la criminalidad.  Muchos países europeos no tienen este problema de criminalidad, lo resolvieron mediante la legalización de las drogas  y viven mucho más felices que nosotros los puertorriqueños. El Hon. Juez Juan Torruella, puertorriqueño, del Primer Circuito de Boston, aseveró en una conferencia brindada en la Universidad de Puerto Rico en el 2012  que las drogas deben ser legalizadas. Pero los gobiernos entrantes tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos seguirán con la mano dura en contra de las drogas.

Similarmente, con respecto a los servicios de salud para el pueblo, tampoco nos atrevemos a reducir nuestra dependencia extrema y el control absoluto que ejercen las compañías aseguradoras sobre la prestación de servicios médicos.  Muchos profesionales de la salud han recomendado cambiar el sistema de financiamiento de la Reforma de Salud para pagar directamente al médico bajo un sistema de pagador único.  Los cambios en el sistema de prestación de servicios de salud en Estados Unidos no contemplan ese concepto.  El cabildeo de los grupos de presión donde predominan las aseguradoras, las farmacéuticas y la Asociación Médica impedirá que se implante el sistema de pagador único en ese país.  Aún la creación de una cubierta universal conllevó una dura batalla para el Presidente Barack Obama y el Presidente entrante Donald Trump ha indicado que desmantelará el Obamacare.  Aquí no nos atrevemos a ensayar un cambio en nuestro sistema de reforma de salud.  Nuestra sumisión y docilidad nos impiden cambiar el servicio de salud en Puerto Rico.  No podemos hacer algo diferente a lo que hace el amo–el dueño de la colonia.

Ya en el 1994, cuando se estableció la Reforma de Salud actual, no recibimos la ayuda que traería la reforma prometida por el Presidente Clinton.  La reforma fue bloqueada por los grupos de interés en Estados Unidos y no llegó la bonanza económica que se anticipaba.  Al presente no se contempla que el Congreso o bajo la Junta de Control Fiscal lleguen fondos federales adicionales  para financiar el Plan de Salud del Gobierno. Debemos planificar para una reforma de salud financiada con nuestros recursos.  Evitemos continuar siendo mendigos profesionales, sin asumir la responsabilidad política que el dejar de mendigar conlleva.

Enrique Vázquez Quintana, M.D.

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