Un dentista comprometido con el servicio hacia los más necesitados

Bien dicen que el ejemplo es más eficaz que el consejo. Por eso, cuando se graduó de odontología, una de las primeras cosas que hizo el doctor Juan A. Panelli Ramery fue ir al Amazonas, como parte de una misión, a darle servicios de salud oral por primera vez a una tribu de indígenas yanomamis, que son los más cercanos genéticamente al indio taíno. 

Los viajes misioneros se repitieron cada tres meses, durante varios años. Al punto que médicos de otras ramas se unieron, y luego, fundaron un hospital y surgió la Alianza de Médicos al Rescate (AMAR). De su experiencia, recuerda que se valían de un intérprete, pero luego lograban entenderse con gestos.

Esas vivencias lo impactaron. Conoció de cerca la malaria y otras enfermedades que no son comunes en Puerto Rico. “No usan ropa, viven en casas hechas de fango y palos. Pude ver que son felices, que las prioridades de la vida que uno tiene en la cabeza realmente no es lo importante de vivir. Me puse a pensar muchas cosas. La habilidad que tengo en las manos y el esfuerzo por curarlos. Recibimos mucho amor, gratitud, nos traían comida, pescado. Ellos hablaban su dialecto y yo les contestaba con gestos. De ahí surge ‘Predicando con las manos’”, narró, sentado en su oficina.     

El doctor creció junto a una madre que disfrutaba servir. Ella dirigía la Agencia Adventista para el Desarrollo y Alivio (ADRA, por sus siglas en inglés) en Ponce y “fue mi ejemplo”. Junto a ella visitaba la Iglesia Adventista y allí “tuve la experiencia de estar cerca de Jesús. Sentir que Jesús está con uno. Y siempre tuve esa disposición de ver qué necesitaba el que estaba al lado”, recordó.

Por eso, tras cesar los viajes al Amazonas, fundó en la Isla el Proyecto Amor que Sana, Inc., dirigido a otro sector en necesidad: las personas con adicciones que viven en las calles.

Su obra comenzó en ‘El Almacén’, en Ponce. Un lugar frecuentado por personas adictas, donde además de ingerir o inyectarse sustancias controladas, pasan el tiempo. “Comencé a curar heridas, úlceras, a intercambiar jeringuillas usadas por nuevas, como método de prevención de contagio de enfermedades. Seguimos educando, ofreciendo tratamiento para que salieran”, relató sobre la iniciativa en la que embarcó con sus empleados.

Además, en su consultorio les brinda servicios, gratuitamente o sin necesidad de copago, en caso de que tengan plan médico.

De El Almacén y de las calles, ha logrado sacar a mucha gente que hoy día han recuperado sus vidas, sus familias, han estudiado, trabajan. Algunos, incluso con él, en otros proyectos humanitarios que ha levantado junto a su esposa e hijos, como la Casa Save Heaven, para hombres, y la Casa Ana Medina, para mujeres.

 

 

De allí han salido enfermeras prácticas y graduadas, una soldadora que regresó a Estados Unidos y recuperó a sus hijos, estilistas, entre otros profesionales, narra con emoción el galeno, quien a su vez comentó con preocupación que han sufrido recortes en las asignaciones gubernamentales, por lo que recabó ayuda de la comunidad.

Se puede comunicar con el doctor Panelli a través de la página de Facebook de la Fundación Amor que Sana, Inc, por llamada, mensaje o envío de donativo por ath móvil al número de teléfono 787-249-8278, a través del correo electrónico [email protected], o a su oficina, por el 787-843-4673. Y tienen el portal cibernético www.amorquesanapr.org.

 

 

 

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