El dolor de la gota es súbito, intenso y puede confundirse con una infección grave. Los ataques aparecen sin aviso, con inflamación, calor y enrojecimiento marcados, lo que lleva con frecuencia a diagnósticos erróneos como celulitis u otras infecciones.

La gota, cuya etiqueta de "enfermedad de los reyes" cargó por siglos, es en realidad la artritis inflamatoria más común en el mundo. Afecta a cerca del 4% de la población en países como Estados Unidos, y su mecanismo, lejos de ser un misterio, es bien conocido, pues se trata de una reacción violenta del cuerpo ante cristales microscópicos de ácido úrico que se forman en las articulaciones.
En entrevista exclusiva con la revista Medicina y Salud Pública, la reumatóloga Dra. Leisha Báez derribó algunos de los mitos que han persistido alrededor de esta condición sobre su diagnóstico y manejo.
Según comentarios populares, la imagen clásica del paciente con gota es un hombre mayor con el pie hinchado. No obstante, esta asociación ha creado la falsa creencia de que las mujeres están exentas.
La Dra. Báez corrigió esto: "Es un mito. Esto puede afectar tanto a las mujeres como a los hombres", afirmó.
La especialista explica que, si bien es más frecuente en varones, las hormonas juegan un papel crucial. Los estrógenos, abundantes durante la edad reproductiva, ayudan a los riñones a eliminar el ácido úrico.
Sin embargo, esta protección natural desaparece tras la menopausia. "Cuando las mujeres están en su periodo de menopausia, ya puede ocurrir de la misma manera, a la misma tasa, tanto a los hombres como a las mujeres", aclaró.
Aunque la articulación del dedo gordo es el escenario más famoso y frecuente del primer ataque, limitar la gota a este sitio es un error. "Eso es un mito", señaló la doctora Báez.
La enfermedad puede manifestarse en cualquier articulación periférica. "Esto también pudiera afectar los tobillos, las rodillas y las muñecas. Incluso el tejido blando que está alrededor de las articulaciones, como los tendones".
La razón por la que suele empezar en los dedos de los pies o las manos es la temperatura: son zonas más frías, lo que favorece que el ácido úrico forme los dolorosos cristales.
Quienes han sufrido un ataque de gota lo describen como una experiencia brutal. El inicio es súbito, sin aviso, y el dolor alcanza su pico máximo en horas.
"Cuando los ataques de gota comienzan, lo hacen sin aviso de antemano, de manera repentina, abrupta. El dolor es intenso", describió la reumatóloga.
La articulación no solo duele; se hincha, se calienta y se enrojece de manera tan dramática que a menudo se confunde con una infección grave. "Incluso el enrojecimiento es tan llamativo que en muchas ocasiones pudieran equivocarse y pensar que el paciente tiene una celulitis, una infección en la piel".
Uno de los errores más comunes, incluso en la consulta médica, es diagnosticar la gota basándose únicamente en un análisis de sangre que muestre ácido úrico alto. La Dra. Báez advierte que esto es insuficiente y a veces engañoso.
"Es un mito", afirmó sobre la creencia de que el ácido úrico elevado en sangre equivale a gota. Muchas personas tienen hiperuricemia sin síntomas.
Además, en plena crisis, el resultado puede ser normal. "Algo que quería mencionarles es que cuando el paciente tiene un ataque de gota agudo, los niveles de ácido úrico pudieran presentarse normal o falsamente bajos... porque el ácido úrico se esconde dentro de la célula".
El diagnóstico definitivo requiere extraer líquido de la articulación inflamada (artrocentesis) para identificar los cristales bajo el microscopio.
Ahora bien, respecto al tratamiento, la especialista enfatizó que tiene dos pilares igual de importantes, y que olvidar uno es el error que perpetúa la enfermedad.
"Vamos a hablar sobre el tratamiento ahora. Este se divide en dos partes. Primero controlar el dolor y la inflamación durante los ataques agudos. Y uno de los más importantes que muchas veces nos olvidamos, es reducir el ácido úrico a largo plazo para poder prevenir los ataques recurrentes".
El primer pilar usa antiinflamatorios, colchicina o cortisona para calmar el dolor inmediato. El segundo, y crucial, implica medicamentos como el alopurinol que toman diariamente para bajar los niveles de ácido úrico de por vida, disolviendo los cristales y previniendo nuevos ataques.
Además, la charla de la Dra. Báez terminó con un mensaje sobre la combinación correcta de medicación, educación y cambios en el estilo de vida, como moderar el consumo de carnes rojas, mariscos, alcohol y bebidas azucaradas, pues la enfermedad puede controlarse de manera efectiva.
"La gota tiene tratamiento y se puede controlar adecuadamente con educación, adherencia a los medicamentos y llevar a cabo un hábito de vida saludable", concluyó.
La gota no es un estigma ni una sentencia. Es una condición médica crónica que, con el conocimiento y el manejo adecuados, permite a quienes la padecen llevar una vida plena y sin dolor.