Las enfermedades reumáticas también afectan a niños y suelen estar subdiagnosticadas, con un impacto mucho más grave que en adultos, ya que pueden comprometer el crecimiento óseo y causar secuelas permanentes si no se detectan y tratan a tiempo.

Aunque tradicionalmente se han asociado a la población adulta, las enfermedades reumáticas son una realidad significativa y a menudo subdiagnosticada en la infancia. Su impacto, sin embargo, es radicalmente diferente.
En los niños, estas condiciones no solo afectan la calidad de vida presente, sino que amenazan directamente el desarrollo musculoesquelético futuro, pudiendo dejar secuelas permanentes si no se abordan a tiempo. Educar a las familias sobre esta realidad no es solo una cuestión de información, sino una herramienta clave para la prevención de la discapacidad.
En ese orden de ideas, la Dra. Michelle Santiago, Presidenta de la Asociación de Reumatólogos de Puerto Rico, menciona que estas enfermedades en la edad pediátrica presentan características únicas, síntomas atípicos y un pronóstico que depende en gran medida de la rapidez con la que se identifiquen y traten.
Artritis Idiopática Juvenil: no es la artritis de los adultos
Ahora bien, para hablar de una de las principales enfermedades, la doctora comenzó aclarando que la llamada artritis idiopática juvenil (AIJ) no es lo mismo que la artritis reumatoidea del adulto. El cambio de nombre refleja que se trata de una enfermedad distinta.
"La artritis reumatoidea que le da a una persona mayor de 16 años no es lo mismo artritis reumatoidea o artritis idiopática que le da a un niño. Así es que son condiciones diferentes", asevera.
Dentro de la AIJ, el tipo más frecuente en niños pequeños es la artritis oligoarticular, que afecta a cuatro o menos articulaciones. Puede aparecer incluso en bebés. La base de esta y otras enfermedades reumatológicas pediátricas es un fallo del sistema inmunitario, que ataca por error los tejidos sanos de las articulaciones causando inflamación crónica.
La experta hizo hincapié en que los síntomas en los niños suelen ser diferentes. En la artritis oligoarticular, el dolor no es el principal aviso. Los niños tienden a seguir jugando a pesar de las molestias. Por ello, lo que deben observar los padres es la hinchazón visible y la limitación del movimiento, como una cojera persistente al levantarse.
"Usualmente los nenes no se quejan mucho de dolor... Cuando los papás se dan cuenta de que algo está pasando, obviamente si se pone así de grande tú vas a saber que algo está pasando".
Existe, además, una complicación grave que no da síntomas: la uveítis, una inflamación en el ojo que puede causar pérdida de visión si no se detecta a tiempo. Por eso, los niños con este tipo de artritis necesitan revisiones oftalmológicas periódicas obligatorias.
"Los niños que tienen artritis de cuatro coyunturas o menos, tienen que revisarse los ojos frecuentemente, porque si no pueden llegar a esta complicación".
El diagnóstico no depende de un análisis de sangre
Un mensaje que la doctora Santiago repitió es que un análisis de sangre normal no descarta la enfermedad. Muchos niños con artritis tienen todos sus marcadores de laboratorio dentro de los límites habituales.
"Si les dicen, no tiene artritis porque le hice el laboratorio de artritis y salió negativo, eso es mentira. Tú puedes tener artritis y no tener ningún laboratorio anormal".
Pruebas como el Factor Reumatoideo o el ANA pueden ser útiles para evaluar riesgos, pero el diagnóstico se basa principalmente en la persistencia de los síntomas por más de seis semanas y en la valoración clínica de un especialista.
Lo más contundente que aseguró la experta, es por qué es tan urgente y vital tratar la inflamación en un niño. La razón es el esqueleto infantil aún está creciendo.
La inflamación crónica en una articulación puede dañar las llamadas "placas de crecimiento" de los huesos. Las consecuencias pueden ser deformidades severas, que una pierna crezca más que la otra, problemas en el desarrollo de la mandíbula y discapacidad permanente.
El objetivo, por tanto, va más allá de quitar el dolor. Es permitir un desarrollo musculoesquelético normal para que el niño pueda correr, saltar y vivir sin limitaciones físicas en el futuro.
Ahora bien, la charla también abarcó otras enfermedades. Habló del lupus eritematoso sistémico pediátrico, que aunque usa criterios diagnósticos similares a los del adulto, tiene un impacto mayor al diagnosticarse en una etapa temprana de la vida.
"Les queda mucho por vivir. Tenemos que conservar todos esos órganos, los riñones, pulmones, ese corazón, esas articulaciones", señaló, enfatizando la meta de un control que permita una adultez saludable.
Además, la doctora Santiago mencionó que el espectro de la reumatología pediátrica es muy amplio. Incluye las espondiloartropatías (como la espondilitis anquilosante), la dermatomiositis, aclarando que en niños no está asociada a cáncer, la esclerodermia, el síndrome de Sjögren, las vasculitis y un grupo particular: los síndromes autoinflamatorios o de fiebres periódicas.
Sobre estos últimos, explicó que son condiciones genéticas que causan episodios de fiebre alta en ciclos predecibles. "Son justamente un problema genético que te causa inflamación y te da unas fiebres que son bien predecibles. Cada 20 días, fiebre. Tres días, se va. Está bien. Fiebre. Tres días, se va, etc".
Estos síndromes, dijo, suelen confundirse con infecciones recurrentes. Un diagnóstico correcto es liberador: "esos niños vuelven a una vida normal sin tener que estar [faltando] en la escuela todos los meses, tres o cuatro días, porque tienen fiebre y piensan que tienen infección".
La doctora Santiago cerró con un consejo a los familiares: confíen en su instinto. Son ellos quienes mejor conocen a sus hijos y sus quejas deben ser siempre escuchadas con atención por el médico.
Reconoció que recibir un diagnóstico de enfermedad crónica para un hijo es un golpe emocional devastador, pero subrayó que seguir el tratamiento indicado es el único camino para asegurar que esos niños tengan un futuro saludable y pleno.