Nueva 'pirámide invertida' alimenticia de EE.UU. prioriza la carne, reduce carbohidratos y desata crítica

Especialistas advierten riesgos para la salud cardiovascular y el cáncer, ya que el aumento de carne implica mayor consumo de grasas saturadas y colesterol, contradiciendo recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón y organizaciones oncológicas.

Katherine Ardila

    Nueva pirámide invertida alimenticia de EE.UU. prioriza la carne, reduce carbohidratos y desata crítica

    La administración Trump ha lanzado un nuevo modelo de alimentación que ha generado debate en la comunidad científica y de salud pública. A través del secretario de Salud, Robert Kennedy, se ha presentado una "pirámide invertida" que remplaza la anterior guía del "plato saludable". 

    Esta propuesta recomienda un consumo drásticamente mayor de proteínas animales y lácteos enteros, mientras reduce los carbohidratos y deja a un lado a los alimentos ultraprocesados. 

    Para entender las implicaciones, analizamos la perspectiva de la licenciada Vivian Rodríguez, directora del programa de Nutrición y Dietética de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.

    El lado positivo: Un frente común contra lo ultraprocesado

    La especialista comenzó reconociendo algunos aciertos de la guía, alineados con consensos nutricionales modernos. Señaló que el ataque a los alimentos de baja calidad es un paso adelante. 

    "Primero, reduce o limita el uso de los ultraprocesados que son alimentos altos en azúcares añadidas, grasas saturadas, preservativos, aditivos, colorantes y químicos que se ha probado con múltiple evidencia científica que son nocivos para la salud", explicó Rodríguez.

    Además, valoró otras medidas específicas, como los nuevos límites al azúcar añadida. "Reduce el consumo de las azúcares añadidas e identifica que cuando vamos a comprar un producto se prefiera que el producto que sí contiene azúcar, contenga menos de 5 gramos de azúcar añadida", precisó. 

    También celebró la inclusión de conceptos clave para la salud integral, señalando que el esquema "trae el tema de la microbiota, como es que ayuda a la salud general y también contribuye a la salud mental, enfoca el consumo de productos frescos que lo denomina real food o comida real".

    ¿La proteína animal al centro?

    No obstante, el punto de la controversia es la nueva posición central de la carne. La experta detalló: "Para que tengamos un parámetro, la recomendación de proteína para la población general era 0.8 gramos por kilogramo de peso. Con estas nuevas guías se aumenta la cantidad de proteína de 1.2 a 1.6 gramos de proteína por kilogramo de peso, que en el punto más alto de este rango, es el doble de la cantidad recomendada anteriormente", detalló.

    Este enfoque resulta contradictorio con los modelos dietéticos más avalados por la evidencia global. La Lcda. comparó:"Y esto, si lo contrastamos con la dieta mediterránea, que es la dieta más estudiada globalmente y que ha ganado el reconocimiento del mejor estilo de alimentación y nutrición para la población a nivel global, es contrario. 

    En la pirámide mediterránea los cortes de carnes rojas y la carne en general están en el punto más pequeño. Si las miráramos una al lado de la otra y contrastamos, pues quedan a la inversa. Lo que recomienda la dieta mediterránea en menor proporción, la nueva pirámide invertida, lo recomienda en mayor proporción".

    Riesgos para el corazón y para el planeta

    Ahora bien, la Lcda. explicó que el riesgo no está en la proteína misma, sino en lo que la acompaña. "El problema con el consumo de las carnes no es que aumentar el consumo de proteína vaya a hacer daño directo a la salud en toda la población. Lo que ocurre es que la carne va acompañada de grasa saturada y colesterol. Y esto es contrario a las recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón", afirmó.

    Este punto es crítico, enfatizó, porque "tanto las recomendaciones a través de la Academia de Nutrición y Dietética y la Asociación Americana del Corazón y otras organizaciones también como las asociaciones del cáncer, por ejemplo, recomiendan una reducción en el consumo de grasas saturadas".

    Al mismo tiempo, Rodríguez alertó sobre la desconexión de la guía con la crisis ambiental:

    "Y por otro lado, otro impacto que tiene es que el aumentar la proteína no se alinea con el impacto global del cambio climático, que lo que promueve es una nutrición sostenible, donde el consumo de ganado vacuno, específicamente las carnes rojas, se debería reducir para reducir el impacto climático, porque la producción de reses es lo más que produce metano", argumentó.

    En sus palabras, "la producción de alimentos es, en términos del daño climático, aporta un 33% de ese daño por los gases de efecto invernadero que se producen durante la producción de ganado vacuno específicamente".

    Consecuencias reales: El bolsillo, las escuelas y la asistencia pública

    Si vemos desde otra perspectiva, además de temas de salud, las implicaciones a nivel económico de esta política también se hacen visibles. 

    "La carne es cara", señaló, "si usted va al supermercado, el área donde están los productos frescos, los cortes de carne, las frutas y los vegetales, en términos de espacio es menor que los alimentos que son ultraprocesados. Y, además, los alimentos ultraprocesados son mucho más económicos para el consumidor".

    Más crucial aún, estas guías determinarán la política de los programas federales de nutrición que millones de personas utilizan. "Hay que recordar que las guías, la pirámide invertida viene como consecuencia de las guías dietarias para el americano, que son las que sientan las bases para todos los programas federales de nutrición", explicó. "¿Qué impacta esto? Pues esto impacta comedores escolares, esto impacta programas WIC, esto impacta los programas de alimentos que son para adultos mayores e infantes".

    Esto podría traducirse, por ejemplo, en que los comedores escolares sirvan sistemáticamente leche entera, ya que la guía recomienda "que los productos lácteos se consuman íntegros, enteros, con toda la grasa".

    La raíz del debate: ¿Política o ciencia nutricional?

    Finalmente, Rodríguez cuestionó los fundamentos mismos de la nueva pirámide. Puso en duda la objetividad de las recomendaciones, señalando que "el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., que responde a la política pública del presidente Trump, tiene sesgos, y en muchas de las recomendaciones que se han ofrecido, no necesariamente están basadas en evidencia, sino que están más bien sujetas a procesos anecdóticos o vivencias que él entiende que es lo mejor para la población".

    Este sesgo, según su análisis, es evidente en el tratamiento desigual que se da a las dietas. "Una de las cosas que a mí me parece curiosa es que puede recomendar aumentar la proteína, pero no hace el enfoque en el aumento de la proteína vegetal, hace el enfoque en el aumento de la proteína animal, carnes, quesos, huevo y leche", observó.

    Para la experta, esta posición visibiliza una visión de fondo más amplia y preocupante. "La lectura que hay detrás de esto es que se recomienda más una dieta carnívora que lo que sería una dieta basada en plantas, porque detrás de todo esto, lo que hay es una negación del cambio climático y de las iniciativas que hay con respecto a nutrición sostenible para asegurar lo que sería la seguridad alimentaria de la población, que es un problema global".

    En definitiva, mientras se promociona como una herramienta para una vida más sana, esta "pirámide invertida" se encuentra en el ojo de la crítica por su distanciamiento de la ciencia consolidada, sus efectos socioeconómicos y su omisión de la sostenibilidad, asegurando que el debate nutricional en Estados Unidos estará lejos de apagarse.



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