El intenso dolor torácico no fue una recaída ni metástasis, sino un daño óseo provocado por la reirradiación. Los huesos, debilitados por la radioterapia previa y la reirradiación, estaban perdiendo su capacidad de curarse adecuadamente.

La paciente, una mujer de 62 años de edad, con un historial de 27 años luchando contra el cáncer de mama, desarrolló osteorradionecrosis (daño y muerte del tejido óseo) en las costillas, como consecuencia de la radioterapia recibida.
Hace 27 años, a esta paciente se le diagnosticó un cáncer de mama en etapa temprana. Lo superó con cirugía y radioterapia. Sin embargo, dos décadas después, el cáncer regresó de forma más agresiva.
Ante esta recurrencia, fue necesario un tratamiento intensivo que incluyó una mastectomía, quimioterapia y, crucialmente, una segunda serie de radioterapia en la misma zona del tórax.
Dos años después de completar ese segundo tratamiento, la paciente comenzó a sufrir un dolor intenso y opresión en el pecho. Los estudios de imagen, como la tomografía computarizada, revelaron múltiples fracturas en las costillas del lado izquierdo.
Estas fracturas no se debían a metástasis (extensión del cáncer), sino a un efecto tardío de la radiación. Los huesos, debilitados por la radioterapia previa y la reirradiación, habían desarrollado osteorradionecrosis, perdiendo su capacidad de curarse adecuadamente.
Frente a este diagnóstico, el equipo médico optó por una estrategia conservadora, evitando una nueva cirugía.
Se inició un tratamiento basado en la combinación de un medicamento para mejorar la circulación (pentoxifilina), un antioxidante (vitamina E) y un fármaco para el colesterol (pravastatina), que en conjunto buscan reducir la inflamación y promover la curación ósea.
Además, se complementó con oxigenoterapia hiperbárica, un tratamiento que satura de oxígeno los tejidos para estimular la reparación.
La respuesta fue notable. La paciente reportó una mejoría significativa del dolor en solo dos semanas. Once meses después, las nuevas tomografías mostraron que las fracturas costales estaban curándose progresivamente, sin signos de empeoramiento.
Este caso demuestra que, según el autor Nicholas Lum, BHSc, de la Facultad de Medicina Temerty, Universidad de Toronto, Toronto, Ontario, Canadá, y colegas, incluso ante complicaciones severas como la osteorradionecrosis, existen opciones de tratamiento efectivas que pueden mejorar drásticamente la calidad de vida.
Con el aumento de la supervivencia al cáncer de mama y el uso más frecuente de tratamientos de rescate como la reirradiación, es vital que tanto los profesionales de la salud como las pacientes conozcan las posibles complicaciones a muy largo plazo.
El reconocimiento temprano y el manejo adecuado de efectos como la osteorradionecrosis son clave para preservar el bienestar y la salud ósea de las supervivientes en su camino hacia una vida plena después del cáncer.