Tras un ictus, muchas personas oyen las palabras pero no logran comprenderlas, y la razón no es la lentitud del cerebro, sino una activación cerebral más débil que impide procesar el lenguaje con la profundidad necesaria para darle sentido.

Una investigación, publicada en la revista JNeurosci, ha ampliado el conocimiento sobre las dificultades que enfrentan muchas personas para procesar el lenguaje después de sufrir un accidente cerebrovascular.
El estudio, que partió de la colaboración entre las universidades de Stanford y KU Leuven, ha logrado cartografiar las diferencias cruciales en la actividad cerebral que explican por qué algunas personas oyen pero no comprenden plenamente lo que se les dice tras un ictus.
Bajo la dirección de las investigadoras Laura Gwilliams y Maaike Vandermosten, el equipo analizó y comparó la actividad cerebral de 63 participantes, de los cuales 39 habían experimentado un ictus y desarrollado trastornos en el procesamiento del lenguaje, y 24 voluntarios sanos de perfil similar.
El experimento fue aparentemente sencillo, pero revelador: los participantes escucharon una historia mientras se registraba su actividad cerebral mediante técnicas de neuroimagen. Los resultados desmontaron una idea previa: el problema principal no es que el cerebro procese la información de manera más lenta.
El hallazgo central fue que, mientras las personas sanas mostraban una actividad cerebral intensa y sostenida al analizar los sonidos del habla, los pacientes post-ictus presentaban una activación mucho más débil.
Esto sugiere que, aunque la señal auditiva llega correctamente, el cerebro tiene dificultades para procesarla con la profundidad necesaria para convertirla en un mensaje con sentido.
La investigación profundizó aún más, descubriendo un segundo mecanismo clave en la comprensión.
Cuando las palabras escuchadas son ambiguas o difíciles de identificar por el contexto, el cerebro sano despliega una estrategia esencial: prolonga el análisis de las características del sonido para resolver la incertidumbre.
En contraste, el cerebro afectado por un ictus no mantiene este procesamiento durante el tiempo suficiente.
"Tras un ictus, el cerebro no analiza los sonidos del habla el tiempo suficiente como para comprender palabras difíciles de identificar", señalan los autores. Es como si la mente, al enfrentarse a una palabra poco clara, abandonara el intento de descifrarla prematuramente, comprometiendo así la comprensión global del mensaje.
Los investigadores creen que estos patrones de actividad cerebral identificados, como la debilidad en el procesamiento inicial y la falta de persistencia ante la incertidumbre, son esenciales para la correcta comprensión del lenguaje hablado.
Su trabajo no solo explica las bases neurológicas del problema, sino que también apunta a un cambio potencial en la práctica clínica.
La primera autora del estudio, Jill Kries, destaca que este enfoque, basado simplemente en escuchar una historia mientras se mide la actividad cerebral, podría revolucionar el diagnóstico de estos trastornos.
Actualmente, estos diagnósticos dependen de pruebas conductuales largas y complejas. El nuevo método ofrece una vía para evaluaciones más objetivas, directas y posiblemente más sensibles, que podrían ayudar a personalizar las estrategias de rehabilitación del lenguaje.