Milagrosa recuperación del doctor Beltrán, que a sus 71 años se contagió de COVID-19

El doctor Juan Beltrán es ortopedista, tiene 71 años y lleva 40 años trabajando por los pacientes del municipio de Caguas, es casado tiene varios hijos y cinco nietos, tiene una vida tranquila repartida en sus dos amores su familia y su trabajo, pero el 30 de marzo de este año se contagió de COVID-19 y su tranquilidad se alteró, sintió en riesgo su vida, pero según sus palabras algo milagroso sucedió.

Medicina y Salud Pública
    Milagrosa recuperación del doctor Beltrán, que a sus 71 años se contagió de COVID-19

    Marcela Boyacá Mesa
    Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

    El doctor Juan Beltrán es ortopedista, tiene 71 años y lleva 40 años trabajando por los pacientes del municipio de Caguas, es casado tiene varios hijos y cinco nietos, tiene una vida tranquila repartida en sus dos amores su familia y su trabajo, pero el 30 de marzo de este año se contagió de COVID-19 y su tranquilidad se alteró, sintió en riesgo su vida, pero según sus palabras en entrevista para la Revista Medicina y Salud Pública (MSP) algo milagroso sucedió. 

    “Comencé con síntomas de un cansancio intenso, tos seca, dolor de cabeza ocasional, no tuve fiebre y tenía malestar general que me fue progresando de acuerdo a eso decidí hacerme la prueba rápida, preliminarmente dio resultado dudoso y a los tres días me hice la prueba molecular, arrojó positivo para esa fecha ya estaba bastante complicado desde el punto de vista de respiración, acudí al hospital y ahí me internaron”. 

    Al tener 71 años el doctor Beltrán hace parte de la población con mayor riesgo al contraer el virus, pero además de su edad padece de diabetes, hipertensión y hace 15 años le practicaron una angioplastia, es por esto que el hecho de que hoy el doctor este bien y atendiendo a sus pacientes es una obra de Dios. 

    “De sala de emergencia me hospitalizaron directo a la unidad de cuidados intensivos y al aislamiento y ahí comenzaron el tratamiento. Gracias a Dios que el infectólogo fue mi hermano menor, él es jefe de Infectología del hospital, él me fue informando que tenía una respuesta inflamatoria bien severa, no me daba todos los detalles, pero me enteré después, porque yo creo que él no me quiso asustar”. 

    Y es que la situación del doctor era crítica, pasaban los días y no presentaba mejoría, sabía que los médicos hacían todo lo que podían para salvar su vida, pero esto no estaba resultando, fue en ese momento cuando decidió tocar las puertas de lo divino para pedir una respuesta. 

    “Yo, en ese estado de desesperación, hice una oración a Jesucristo y le imploré que me dijera de alguna manera, que me diera una señal de que estaba pasando, ¿qué iba a ser de mí?, porque yo estaba consciente de que el riesgo de llegar una complicación severa y fallecer era real”. 

    “Usted tiene que atender muchos pacientes”

    Miles de pacientes han sido tratados por este ortopedista, el trabajo que el doctor Beltrán ha hecho es muy importantes y la comunidad lo espera y lo necesita, pero también su familia, en medio de todo este proceso su suegra había fallecido por coronavirus, su esposa estaba sola pasando el duelo por la pérdida de su madre pero además se había contagiado del virus y estaba aislada y en ese momento tan difícil llegó la respuesta que él había pedido en su oración. 

    “Al otro día por la mañana, una de las enfermeras del intensivo que siempre venía a traerme el desayuno sin mediar palabra, me mira y me dice “usted va a vivir, el señor quiere que usted siga viviendo porque usted tiene que atender muchos pacientes todavía, tiene muchas cosas que el señor quiere que usted haga”, entonces me pidió permiso a orar”. 

    Y oraron juntos, los dos salvan vidas, saben lo que significa esa labor, estaban ahí por una causa y una sola razón. 

    “Le dije puedes orar, pero pensé mejor déjame a mí orar y darle gracias al señor y pedir bendiciones especiales por ti, porque estás arriesgando tu vida, igual que a los médicos, igual que todas las enfermeras y enfermeros de esta unidad”.

    Acción reacción 

    Una vez más la fe del doctor Beltrán daba frutos ese mismo día empezó a sentir mejoría, el tratamiento estaba haciendo efecto y la esperanza de seguir con vida volvía, se combinó lo divino con lo humano, la fe y la ciencia hicieron lo suyo. 

    “Ese día empecé a mejorar al punto que todos los parámetros bajaron a la mitad, yo lo noté y se lo dije a mi hermano, oye sentí algo en el pecho que en ningún momento tuve dolor, solamente era la dificultad respiratoria y le pregunte ¿me has dado algo diferente? y me dijo si te dimos una dosis de Tocilizumab, era algo que no se había usado acá en Puerto Rico, es una medicamento sumamente caro y él sintió la necesidad de tratarlo conmigo porque veía que no había progreso y estaba a punto de tener que traer en una intubación y ventilación mecánica asistida. Yo creo que el Señor puso su mano ahí y lo iluminó y entonces ya fui mejorando progresivamente y ya como el día número 12 o 13 me dieron de alta”. 

    Escuche la entrevista completa aquí

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    El doctor que sobrevivió al COVID-19

    La ciencia y la fe 

    El relato del doctor no me dejaba duda, algo sobrehumano atravesaba en esta situación,  mientras escuchaba la historia, todo lo que pasó, la llegada de la enfermera, sus palabras, el uso del medicamento que además no había sido probado en otros pacientes antes, todas esas razones me hacían pensar en algo que los latinos llamamos una “Diosidencia” y por eso no podía dejar de preguntarle sobre las controversias que se han creado a lo largo de la humanidad sobre la ciencia versus la fe, lo que me respondió ratificó mi pensamiento. 

    “Yo siempre he sido una persona de mucha fe y en mi práctica he visto múltiples ejemplos de la obra de Dios y yo con mucha frecuencia traigo el tema de la presencia de Dios en la vida de las personas, como hay que tenerlo presente, porque él tiene un plan para cada persona y he visto muchos ejemplos de esa manifestación si lo ponemos de esa manera. Si somos científicos los médicos, pero ahí donde podemos con más facilidad la grandeza de la creación y como el ser humano y nuestro cuerpo, cada parte de nuestro funcionamiento está bien pensada o hay algún ser que tiene que ser supremo y en este caso los que creemos en Dios y en Jesucristo pues hay esta la respuesta”. 

    Llevar el mensaje 

    Después de todo lo que pasó en su vida y su salud, el doctor Beltrán está convencido de que además de seguir sanando a sus pacientes y cuidar a su familia esta segunda oportunidad de vida es para llevar el siguiente mensaje.

    “Este testimonio yo lo llevo como un mensaje a todas las personas que sepan que existe un Jesucristo, un Dios todopoderoso, un espíritu santo, que tenemos que estar ahí siempre con todo el mundo y que no nos podemos olvidar, porque este mundo nos aleja de esa parte espiritual que todos tenemos, pero que no solamente pedirlo en momentos de apuro, sino dar  gracias todos los días por la gran creación, por cada día de vida que tenemos y que Dios nos regala, por la salud, hay que pedir los que no la tienen por los enfermos, por todo el mundo, por la gran creación que ha hecho que el mundo, este virus ha hecho que el mundo se paralice de este desenfrenado correr económico, como se está afectando todo el ambiente, las agua, el aire, el calentamiento global. El señor nos manda estas cosas, el señor permite que ocurran y tendrá sus propósitos que a veces no entendemos, pero que con mucha fe nos da la fortaleza para seguir adelante”. 




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