Aunque prometen músculos más grandes y mejor desempeño deportivo, los esteroides anabólicos representan un grave riesgo para la salud.

Los corticosteroides son medicamentos recetados por médicos para controlar procesos inflamatorios en el cuerpo, útiles para tratar afecciones como el asma, el lupus y otras enfermedades autoinmunes. Estos no tienen relación con el desarrollo muscular.
Por otro lado, los esteroides anabólicos son hormonas sintéticas diseñadas para imitar la testosterona, con capacidad de potenciar la fabricación de tejido muscular y prevenir su descomposición. Es este segundo grupo el que ha generado controversia en el mundo del deporte.
A diferencia de los corticosteroides que recetan los médicos para controlar la inflamación en enfermedades como el asma o el lupus, los esteroides anabólicos actúan estimulando el crecimiento del tejido muscular cuando aumentan artificialmente los niveles de testosterona en sangre.
Sin embargo, pocas pruebas científicas respaldan que realmente ofrezcan los resultados espectaculares que prometen. Atletas de béisbol, ciclismo y atletismo han sido acusados públicamente de su consumo, pero la presión por ser más fuertes y rápidos ha llevado el fenómeno hasta las ligas universitarias y los deportistas más jóvenes.
Algunos fisicoculturistas y atletas utilizan estas sustancias mediante comprimidos, inyecciones o geles tópicos, en dosis que pueden ser entre 10 y 100 veces superiores a las recetadas médicamente.
Muchos practican el "apilamiento", combinando varios tipos de esteroides simultáneamente, o establecen ciclos de consumo alternando períodos de uso y descanso. Otros optan por la dosificación "piramidal", aumentando y reduciendo gradualmente las dosis. La ciencia no respalda ninguna de estas prácticas como seguras o efectivas.
Los efectos adversos son numerosos y potencialmente permanentes. El consumo prolongado se asocia con acné severo, hipertensión arterial, alteraciones del colesterol y problemas cardíacos que incluyen ataques al corazón y agrandamiento anormal del músculo cardíaco. El hígado puede desarrollar tumores, mientras que los riñones sufren daños considerables.
El sistema reproductor resulta especialmente vulnerable: los hombres pueden experimentar impotencia, reducción drástica del conteo de espermatozoides, encogimiento testicular, crecimiento mamario durante la adolescencia e incluso cáncer testicular.
En las mujeres, estos compuestos provocan masculinización: crecimiento de vello facial y corporal, voz grave, calvicie de patrón masculino, engrosamiento del clítoris y alteraciones menstruales que pueden derivar en problemas de fertilidad permanentes.
En adolescentes, los esteroides pueden detener prematuramente el crecimiento al acelerar la maduración ósea. Otros efectos incluyen estrías irreversibles, caída del cabello y dolores musculares crónicos.
Los efectos psicológicos resultan igualmente preocupantes. Usuarios reportan agresividad extrema, cambios de humor violentos, delirios y paranoia.
Existe además una correlación con el consumo de otras drogas como alcohol o cocaína, utilizadas frecuentemente para contrarrestar los efectos negativos de los esteroides.
Muchos se dicen que solo los tomarán temporalmente, pero los esteroides pueden generar adicción. Quienes intentan dejarlos experimentan síntomas de abstinencia severos: fatiga, agitación, pérdida del apetito, insomnio, disminución del deseo sexual y depresión que en casos graves puede llevar a intentos de suicidio. Lo más preocupante es que muchos efectos perjudiciales no aparecen hasta años después de haberlos consumido.
Adquirir esteroides por internet añade otro nivel de riesgo: muchos productos resultan falsificados y contienen sustancias tóxicas adicionales. Quienes se inyectan compartiendo agujas se exponen además al VIH, hepatitis y endocarditis bacteriana.