Experta desmitifica el concepto del "día más triste del año" y ofrece herramientas prácticas para gestionar el bienestar emocional en enero.

El llamado Blue Monday, supuestamente el día más triste del año ubicado en uno de los lunes de enero, ha ganado popularidad en redes sociales y medios de comunicación. Sin embargo, la licenciada Sarah Nicole Sosa Lockward es clara al respecto durante una conversación exclusiva con la revista Medicina y Salud Pública: "Desde la psicología y la ciencia, esta fórmula no necesariamente tiene un sustento real".
La especialista explicó que aunque el concepto nació de una supuesta fórmula que combinaba factores como el clima, las deudas post-navideñas, el abandono de propósitos y la baja motivación, no existe evidencia científica que respalde la existencia de un día específico en que todas las personas experimenten tristeza.
"Es sumamente importante desmitificar esto porque en la sociedad que estamos viviendo hoy día, esos conceptos pueden ser socialmente impulsados y poco a poco la gente va encaminándose hacia somatizar y vivir eso, que probablemente sea solo una idea", advirtió Sosa Lockward.
Aunque el Blue Monday pueda ser una construcción mercadológica, la psicóloga reconoce que enero presenta desafíos emocionales reales. El mes trae consigo un "cóctel" de factores que pueden desbordar a las personas: el regreso a la rutina, la presión económica después de las fiestas, la soledad cuando termina la efervescencia social, y la confrontación con metas incumplidas de años anteriores.
"A nivel psicológico y social, se da un cierre de ciclo y el inicio de otro, entonces eso va activando algunas evaluaciones internas: qué logré, qué no, qué yo esperaba de mí, en qué siento que fallé", explicó la especialista.
Desde lo biológico, los cambios en los horarios del sueño, la alimentación irregular, el menor descanso real y la disminución de la actividad física también influyen en el estado de ánimo. En consulta, Sosa Lockward observa emociones como desmotivación, tristeza leve, irritabilidad, cansancio emocional y ansiedad relacionada con el futuro.
Uno de los puntos más reveladores de la conversación fue la distinción entre ausencia laboral y descanso genuino. "El descanso no es no trabajar, es hacer cosas que no nos cansen", enfatizó la psicóloga.
Muchas personas que tuvieron vacaciones colectivas en diciembre no lograron un descanso real. La saturación familiar, las demandas de la crianza durante las vacaciones escolares, o simplemente la incapacidad de desconectar, dejaron a muchos "descansados a nivel laboral pero cansados a nivel familiar".
La especialista también señaló que hemos complejizado incluso nuestros espacios de ocio: "Ir al gimnasio ya no es un espacio para generar salud y bienestar, es un espacio para competir. Hemos complejizado los hobbies y los espacios de descanso".
En la era de la información y los "opinólogos" en redes sociales, Sosa Lockward considera fundamental diferenciar entre tristeza normal y depresión clínica.
"Sentirse triste, desmotivado, cansado emocionalmente en determinados momentos de la vida es parte de la experiencia humana", aclaró. La tristeza normal suele ser pasajera, tiene un motivo identificable y no incapacita completamente a la persona.
En cambio, un posible trastorno depresivo presenta persistencia del malestar en el tiempo, intensidad que interfiere con la vida cotidiana, pérdida de interés en actividades antes disfrutadas, alteraciones importantes del sueño y alimentación, pensamientos negativos recurrentes y un cansancio tan profundo que la persona siente que no puede más.
"Una señal de alerta clara es cuando el malestar no se va y se intensifica. La tristeza ocupa el tamaño de mi vida y el aislamiento es progresivo", advirtió la psicóloga, quien también criticó frases minimizadoras como "eso se te va a pasar" o "pon de tu parte", que invalidan la experiencia emocional del otro.
En una sociedad que exige productividad permanente, Sosa Lockward ofreció una perspectiva transformadora: "Cuidarse no retrasa la vida, la sostiene".
La especialista explicó que el cerebro no funciona en modo de rendimiento constante. "A nivel neuropsicológico, la atención, la motivación, la energía mental dependen de recursos que se agotan y que necesitan recuperación. Nosotros no somos máquinas", subrayó.
Cuando forzamos el rendimiento continuo, el cerebro entra en modo de conservación, lo que significa que todo parece requerir más esfuerzo y la motivación disminuye. "Si yo siempre tengo que producir, es saturar a mi ser y ponerlo siempre en supervivencia. En el momento en el que yo tenga que sobrevivir de verdad, puede ser que mi cerebro no funcione como tiene que, porque ya está agotado ese recurso", alertó.
Quizás el mensaje más liberador de Sosa Lockward fue sobre la presión de los propósitos de año nuevo: "El calendario sí pasa página, yo también puedo pasar página, pero mis procesos quizá toman cinco años, seis años, dos meses. Ahí va a poder hacer un cierre de año en febrero".
La psicóloga enfatizó que no hay un tiempo calendario para los procesos personales. "La vida no funciona por cortes anuales, funciona por ritmos, por tiempos internos, por procesos que no obedecen el calendario", afirmó.
Esta perspectiva desafía la narrativa cultural de que enero debe ser un borrón y cuenta nueva. "Entramos en un nuevo año con la sensación de que todo debería estar claro: metas definidas, energía renovada, una dirección segura. Cuando eso no pasa, aparece una frustración enorme", explicó. "No llegar a tiempo según el año no es un fracaso. Hay aprendizajes que toman más de 12 meses, duelos que no respetan ciclos fiscales".
Para navegar este período con mayor equilibrio emocional, Sosa Lockward propuso un enfoque basado en tres pilares:
1. Gratitud arraigada a la realidad: "La gratitud nos renueva la esperanza. Si yo soy una persona agradecida, entonces soy una persona que puede dejar ir", explicó. No se trata de positividad tóxica, sino de agradecer al tamaño de nuestra vida real: las conversaciones difíciles, los despertares incómodos, incluso el hecho de poder enfrentar desafíos.
2. Límites que liberan: Usando la metáfora del río, la psicóloga explicó que los límites nos dan forma y dirección sin ahogarnos. "El río tiene un espacio que lo delimita, pero fluye hacia un lugar y cumple su cometido. Si no tiene esa delimitación, ocurre una inundación", describió. "Cuando yo te digo que no, me digo que sí. Cuando yo te digo que sí, me digo que no".
3. Metas alcanzables desde la autoevaluación honesta: En lugar de crear "vision boards" desconectados de la realidad, Sosa Lockward propone revisar el pasado con gratitud: qué se hizo, qué no, qué fue difícil, qué fue fácil, qué partes de nosotros han crecido. "Eso es lo que convierte a un año en un año de crecimiento consciente", concluyó.
La entrevista con la licenciada Sarah Nicole Sosa Lockward ofrece una invitación a repensar nuestra relación con el bienestar emocional, liberándonos de las presiones artificiales del calendario y las expectativas sociales. En sus palabras: "Hacer conciencia de los límites, ver qué rompe menos, y ordenar la vida al tamaño de lo que realmente somos y podemos".
En un mundo saturado de cursos de autoayuda, masterclasses de productividad y promesas de transformación instantánea, su mensaje es refrescantemente honesto: la salud mental no se alcanza siguiendo fórmulas universales, sino respetando nuestros propios ritmos y aprendiendo que cuidarse no es un lujo, sino la base que sostiene nuestra vida.