Experta insiste en la importancia de la detección temprana y la vacunación contra el VPH para combatir un cáncer que afecta principalmente a mujeres jóvenes en edad productiva.

En Colombia se registran aproximadamente 5.000 nuevos casos de cáncer cervicouterino cada año, y cerca de 2.000 mujeres pierden la vida a causa de esta enfermedad que, paradójicamente, es completamente prevenible.
Así lo reveló la Dra. Lina Caicedo, ginecóloga y oncóloga de la Clínica del Country en una entrevista exclusiva para la revista Medicina y Salud Pública, donde abordó los desafíos que enfrenta el país para controlar este problema de salud pública.
El cáncer de cuello uterino se origina en el cuello del útero y está directamente relacionado con el virus del papiloma humano (VPH), una enfermedad de transmisión sexual. Según explicó la especialista, en el 99% de los casos la causa de este cáncer es la infección persistente por este virus.
"El hecho de tener una infección por el virus no quiere decir que tengamos cáncer, pero sí necesita una aproximación y un seguimiento por un especialista", aclaró la doctora, enfatizando que es la persistencia de la infección lo que puede desencadenar lesiones preinvasivas que eventualmente progresan a cáncer infiltrante.
A pesar de contar con herramientas efectivas para su prevención, el cáncer cervicouterino continúa siendo una amenaza para las mujeres colombianas. La doctora identificó las barreras de acceso como el factor crítico que impide avanzar hacia la erradicación de la enfermedad.
"Esto sigue siendo un problema de salud pública, principalmente por las barreras que nuestras mujeres encuentran de acceder a la atención, acceder a una vacunación, acceder a esquemas de tamizaje y a tratamientos oportunos", señaló la especialista, agregando que estas dificultades han costado muchas vidas.
El impacto es particularmente grave porque afecta a mujeres jóvenes en edad productiva, lo que genera consecuencias no solo para las familias sino también para la sociedad en general.
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Una de las características más preocupantes de este cáncer es que en sus etapas tempranas no presenta síntomas, por lo que el tamizaje regular resulta fundamental.
Los síntomas aparecen cuando la enfermedad ya ha avanzado e incluyen sangrado vaginal anormal, sangrado después de las relaciones sexuales, flujo vaginal de mal olor persistente y dolor pélvico.
El cribado o tamizaje debe iniciarse a los 25 años con citología cada tres años hasta los 30. A partir de esa edad, se recomienda la prueba del VPH cada cinco años hasta los 65 años, siempre que los resultados sean negativos y no existan antecedentes de lesiones preinvasivas.
Un aspecto crucial que destacó la especialista es que las mujeres vacunadas contra el VPH deben continuar realizándose las pruebas de detección. Aunque la vacuna reduce significativamente el riesgo de desarrollar cáncer, no lo elimina por completo.
"Hay pacientes que se vacunan después de la exposición al virus, es decir que ya han tenido relaciones sexuales, ya se expusieron al virus y se vacunan, hay otras que no completan el esquema de vacunación y esto puede ponerlas en riesgo", explicó la doctora, justificando la importancia de mantener los controles regulares.
La doctora hizo un llamado enfático tanto a los profesionales de la salud como a las familias para tomar acción frente a esta enfermedad prevenible.
"Cuando se detecta a tiempo el cáncer de cuello uterino puede prevenirse y curarse como tal, con tratamientos menos agresivos, con mejor calidad de vida para nuestras pacientes", afirmó, recalcando que la detección temprana salva vidas.
Sobre la vacunación temprana, la especialista fue contundente al abordar los tabúes existentes: "Si yo como madre me escucho en mi médico que es un virus que puedo prevenir antes de que ella se exponga, que le voy a disminuir el riesgo con una alta tasa de eficacia en la vacunación, yo creo que le podemos brindar un entorno mucho más seguro".
El mensaje final fue claro: este es un cáncer que cuenta con vacuna, programa de tamizaje y la posibilidad de detectar y eliminar lesiones precancerosas antes de que se conviertan en tumores infiltrantes. "Nos da todo el tiempo para que ni siquiera se presente", concluyó la especialista, instando a no dejar que las pacientes lleguen a etapas avanzadas.