Las personas que bebieron en exceso de manera constante a lo largo de su vida tuvieron hasta 95% más riesgo de cáncer de recto y un aumento importante del riesgo de cáncer colorrectal en general.

Un importante estudio basado en datos de miles de estadounidenses acaba de entregar una advertencia sobre un hábito muy extendido. La investigación revela que beber alcohol en exceso de manera sostenida a lo largo de las décadas aumenta significativamente el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, uno de los más comunes y letales.
Los hallazgos, publicados en la revista Cancer, subrayan que el riesgo no se mide solo por lo que se bebe hoy, sino por la acumulación de toda una vida.
La mayoría de los estudios previos sobre alcohol y cáncer han evaluado el consumo solo en el año anterior al diagnóstico, una instantánea que puede ser engañosa. El cáncer colorrectal es un proceso lento que puede tardar décadas en desarrollarse.
Este nuevo estudio, utilizando datos del amplio ensayo PLCO (detección de cáncer de próstata, pulmón, colorrectal y ovario), abordó esta limitación de manera innovadora.
Los investigadores reconstruyeron el historial de consumo de alcohol de los participantes desde los 18 años, calculando un promedio ponderado a lo largo de su vida adulta.
Analizaron dos grupos: una cohorte de más de 12.000 personas evaluadas para detectar pólipos precancerosos (adenomas) y otra de más de 88.000 personas seguidas para detectar cáncer invasivo. Esta metodología permitió capturar la exposición acumulada, un factor clave que estudios pasados habían pasado por alto.
Los resultados son claros y preocupantes para los bebedores habituales. El estudio encontró una sólida asociación dosis-respuesta: a mayor consumo promedio de alcohol a lo largo de la vida, mayor es el riesgo de cáncer colorrectal.
Entre los bebedores actuales, aquellos que consumieron un promedio de 14 o más bebidas por semana a lo largo de su vida tuvieron un riesgo un 25% mayor de desarrollar cáncer colorrectal en comparación con quienes consumieron menos de una bebida por semana. El riesgo se disparó aún más para un tipo específico: el cáncer de recto.
Para esta localización, los grandes bebedores de por vida enfrentaron casi el doble de riesgo (un aumento del 95%) en comparación con el grupo de menor consumo.
El estudio fue más allá del promedio y analizó patrones de comportamiento. Identificó un grupo de "bebedores empedernidos consistentes", personas que mantuvieron un consumo alto durante toda su edad adulta. Este grupo mostró un riesgo de cáncer colorrectal un 91% mayor en comparación con los bebedores que siempre consumieron cantidades moderadas.
El análisis reveló un dato aparentemente contradictorio que los autores advierten no malinterpretar: un consumo moderado (7 a menos de 14 bebidas por semana) se asoció con un riesgo ligeramente menor de cáncer en comparación con los bebedores muy leves.
Sin embargo, los investigadores son enfáticos en señalar que esto no indica un efecto protector del alcohol. Es más probable que refleje factores de confusión, como que los bebedores moderados tengan otros comportamientos de salud más positivos, o una distorsión estadística relacionada con el grupo de comparación.
El hallazgo más alentador del estudio se relaciona con la prevención temprana. Los datos mostraron que los exbebedores tenían una probabilidad significativamente menor (42% menor) de desarrollar adenomas no avanzados, que son lesiones precursoras muy tempranas, en comparación con los bebedores muy leves actuales.
Esto sugiere que dejar el alcohol, incluso en etapas posteriores de la vida, puede influir positivamente en los procesos cancerígenos en sus fases iniciales y detectables.
Este estudio refuerza la clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que considera las bebidas alcohólicas como un carcinógeno para los humanos, específicamente vinculado al cáncer colorrectal.
Su principal aporte es demostrar que el riesgo es acumulativo; no se trata solo de una borrachera ocasional, sino del patrón sostenido a lo largo de los años.
Los autores concluyen que los mensajes de salud pública deberían evolucionar. No basta con hablar de los efectos inmediatos del alcohol (accidentes, intoxicación). Es crucial comunicar que reducir el consumo es una inversión a largo plazo para disminuir el riesgo acumulado de cáncer.
Si bien el estudio es observacional y no puede probar causa y efecto de manera absoluta, la robustez de sus datos y metodología ofrece una evidencia poderosa para reconsiderar nuestros hábitos de consumo de por vida y tomar decisiones informadas para proteger nuestra salud futura.