La detección temprana es clave, ya que el cáncer cervical no suele presentar síntomas en etapas iniciales; pruebas como el Papanicolaou permiten identificar cambios precancerosos antes de que la enfermedad avance.

En Puerto Rico, cerca de 240 mujeres reciben un diagnóstico de cáncer cervical cada año. De ellas, 50 fallecen. Estas muertes, sin embargo, no son inevitables. En el marco del Mes de la Prevención de esta enfermedad, la hematóloga oncóloga Josselyn Molina Avila, dialogó con la revista Medicina y Salud Pública (MSP) para desglosar las claves de una enfermedad que, detectada a tiempo, tiene altas probabilidades de cura.
La especialista no deja lugar a dudas sobre el riesgo. "Puede ser mortal si no es detectado a tiempo", advierte. "Por eso la detección temprana juega un rol muy importante".
El cáncer cervical se origina en el cuello del útero. La doctora Molina Ávila lo explica: "El cáncer cervical, es un cáncer que ocurre en el cuello de la matriz. Estamos hablando en esa parte terminal del útero". Su desarrollo comienza a nivel microscópico.
"Y entonces eso provoca cambios cuando el cuello uterino o cérvix empieza a tener transformación celular. Esta transformación celular puede continuar y provocar cáncer", explica.
El gran reto es que en sus primeras fases la enfermedad no avisa. "En ocasiones no da dolores. Especialmente cuando es una etapa temprana", aclara la oncóloga. Los síntomas aparecen cuando el cáncer está más avanzado:
"En etapas un poco más avanzadas, la mujer puede sentir dolor al tener relaciones sexuales. Puede sentir dolor pélvico como de un pujo o un cólico y puede sangrar en momentos donde no esté en su menstruación o tener secreciones. Esos son los síntomas más comunes".
Así pues, la herramienta más recomendable es la prueba de Papanicolaou. La experta es enfática en su recomendación: "Por eso es tan importante que la mujer tenga un rol proactivo en su cuidado y siempre visite a su ginecólogo y se realice la prueba del Papanicolau, que ha sido una prueba muy importante para la detección temprana del cáncer cervical, porque es tratable, especialmente cuando lo detectamos a tiempo y es curable en muchos de los casos".
"Se entiende que después de que ella haya comenzado su actividad sexual, especialmente después de los 21 años, ésta visite a su ginecólogo y sea parte de los cuidados anuales que realicen", señala.
Detrás de la gran mayoría de los casos está el Virus del Papiloma Humano (VPH). "El virus del papiloma humano es un virus que se adquiere a través de las relaciones sexuales", explica la doctora.
Tener en cuenta este dato es importante, pues anula el mito de que las mujeres con una sola pareja están exentas de riesgo, ya que la exposición previa de la pareja es un factor determinante.
"Existe una vacuna, es algo sumamente prevenible", afirma. "De hecho, estas vacunas ya se pueden ofrecer a niños en edades tan tempranas como los 9 años y podemos vacunarnos hasta los 45. Obviamente, si tenemos una vacunación a los 9 años, una edad tierna donde todavía no hemos empezado a tener relaciones sexuales, la protección de la vacuna es mucho mejor y más efectiva".
Las estadísticas demuestran que "estamos hablando de cerca de 240 mujeres anuales tienen un diagnóstico de cáncer cervical. De estas, 50 son mortalidades", revela la especialista.
Además, asegura que "el cáncer cervical se ve en etapas tan tempranas como los 40 años, aunque se han visto casos de mujeres mucho más jóvenes, en los 20 y los 30 años. Eso va a depender desde que fue infectada la persona y qué cuidado recibió".
Por eso, con cifras en mano, su reflexión es un llamado hacia la conciencia colectiva: "Es un cáncer que puede ser prevenible y eso es lo triste. No debemos perder ninguna mujer hoy día por un cáncer cervical cuando tenemos pruebas de cernimiento".
Y concluye: "Por favor, toda mujer de 45 años o menos, vaya a vacunarse si no está vacunada contra el virus del VPH. Es una enfermedad prevenible y tratable cuando la detectamos a tiempo. Por favor, seamos efectivos y responsables con nuestra salud".