La prueba de VPH reduce barreras históricas al tamizaje amplía la cobertura en poblaciones vulnerables y posibilita decisiones clínicas más precisas según edad, estado inmunológico y serotipo viral.

En el marco del Mes de Concientización sobre el Cáncer Cérvico Uterino, la revista Medicina y Salud Pública dialogó con la doctora Keimari Méndez, investigadora y facultativa del Departamento de Ginecología y Obstetricia del Recinto de Ciencias Médicas de Puerto Rico.
La conversación se centró en una evolución clínica fundamental: el cambio del Papanicolau tradicional a la prueba del Virus del Papiloma Humano (VPH). La especialista no solo explicó las ventajas técnicas, sino que puso el acento en la experiencia de las pacientes.
El objetivo de esta transición es, en palabras de la experta: "mejorar la detección temprana de estos cambios precancerosos del cuello uterino y poder ofrecer a nuestros pacientes alternativas de tratamiento más rápidas y más efectivas".
Este cambio busca superar una barrera que por décadas ha limitado la adherencia al cribado. "El papanicolau conlleva el examen pélvico del ginecólogo que tiene sus molestias particulares y muchas pacientes evitan ir al ginecólogo a hacerse la prueba solamente por anticipar la molestia en el examen", señaló.
Por ello, la opción del muestreo para la prueba de VPH llega como una herramienta clave para democratizar el acceso. En esencia, "Esta transición hacia una prueba de VPH como una alternativa ahora de muestreo propio de la paciente, lo que busca es facilitar esa detección temprana y eliminar barreras que se nos presentan para que las pacientes puedan tener esa prueba hecha a tiempo y de manera más efectiva".
El Papanicolaou marcó una era al buscar células anormales, pero la ciencia del VPH apunta al origen.
"El poder detectar el virus de papiloma humano que sabemos que es el causante de cáncer cervical, el poderlo unir junto al papanicolaou y poder combinar la detección de la célula con cambios precancerosos, más la presencia del virus, nos daba una herramienta mucho más poderosa de poder predecir qué pacientes estaban a mayor riesgo de progresar a un posible cáncer", detalla la Dra. Méndez.
Este salto permite estratificar riesgos con exactitud: "La detección del virus nos da una información más específica de qué tipo del virus está presente, hay unos serotipos que son más agresivos que otros y el manejo de nosotros hacia la paciente va a variar de acuerdo al serotipo que está presente, de acuerdo a cuánto tiempo lleva positivo y si tiene asociado o no alguna anomalía en la célula". detalló.
La personalización beneficia a grupos específicos. Primero, "pacientes con historial de la prueba positiva del virus, se benefician de tener esta información específica de qué tipo de papiloma tienen para poder tomar decisiones más seguras de su seguimiento".
Jóvenes sin embarazos también ganan: "pacientes jóvenes, por ejemplo, que no han tenido embarazo se benefician de tener la mayor información posible para poder tomar decisiones seguras para la paciente y no ser agresivos si no es necesario y evitar posibles complicaciones futuras".
En el otro extremo, poblaciones inmunosuprimidas demandan vigilancia intensiva: "pacientes con enfermedades como por ejemplo, autoinmunes, que tienen un sistema inmune suprimido tienen mayor riesgo de que este virus de papiloma pudiera progresar y causar una progresión más rápida a cáncer".
Añadió que "con estos pacientes tendemos a ser más agresivos en el tratamiento y tener esta información más específica de qué tipo de papiloma está presente, pues, nos ayuda a tomar esa decisión". Así, el VPH equilibra cautela y acción precisa.
En la isla, el panorama urge transformación. "La incidencia en Puerto Rico lamentablemente sigue alta, es mucho más alta que todos los estados de Estados Unidos así que tenemos que tener un seguimiento más cercano", advierte la investigadora.
El Papanicolaou solo no basta: "el papaNicolau es una prueba de cernimiento que va a detectar células sueltas en el área vaginal, pero tiene una posibilidad de fallar en el diagnóstico bastante alta". Su cáncer avanza sigiloso: "Lamentablemente el cáncer de cuello uterino no da síntomas temprano, cuando presenta síntomas ya es en estados más avanzados".
finalmente, mirando adelante, la investigadora apuesta por refinar el cribado: "mejorar nuestras técnicas de cernimiento para aumentar la cantidad de pacientes que se muestrean, se evalúan y que sea una muestra menos invasiva más específica y sensitiva para poder detectar la mayor cantidad de casos posibles y a la misma vez no causar daño a la paciente, y no hacer procedimientos que no son necesarios o hacer procedimientos menos invasivos".
Este enfoque promete equidad: más detección temprana, menos intervenciones innecesarias y, sobre todo, vidas preservadas en un territorio donde el riesgo persiste elevado.