Las búsquedas de suplementos de electrolitos crecieron un 755% en los últimos años, impulsadas por el marketing del bienestar.

Lo que alguna vez fue territorio exclusivo de atletas de élite hoy se vende en farmacias, supermercados y redes sociales como un must del estilo de vida saludable.
Los suplementos de electrolitos, en sobres, tabletas y bebidas; pasaron de ser un insumo deportivo a convertirse en un producto de consumo masivo, incluso entre personas que no hacen ejercicio intenso.
¿Qué son y para qué sirven realmente?
Los electrolitos son minerales esenciales —sodio, potasio, magnesio, calcio y cloruro— que el cuerpo necesita para regular el equilibrio de líquidos, mantener el pH de la sangre y garantizar el funcionamiento nervioso y muscular.
La nutricionista Zoe Hill explica que su función principal es permitir que el organismo absorba y retenga líquidos de forma eficaz, especialmente bajo esfuerzo físico o exposición al calor.
Un análisis de la Universidad de Harvard advierte que la suplementación sin indicación médica responde más a presiones comerciales que a necesidades fisiológicas reales: la mayoría de quienes no realizan ejercicio intenso ni se exponen a condiciones extremas rara vez necesitan reponer electrolitos fuera de su dieta habitual.
Los estudios de la Mayo Clinic y la Universidad de Stanford coinciden: solo los entrenamientos de más de una hora en climas cálidos generan una pérdida de minerales que justifica la suplementación.
La entrenadora personal Sarah Campus señala que recomienda electrolitos a sus clientes durante sesiones de 60 a 90 minutos, jornadas dobles o situaciones de riesgo de deshidratación. También pueden ser útiles en casos de vómitos, diarrea o consumo de alcohol.
Para quienes hacen pilates, caminatas o actividad moderada, el agua sigue siendo suficiente.
El consumo excesivo puede volverse contraproducente. Hill advierte que el sodio en exceso provoca retención de líquidos y presión arterial elevada; el potasio en demasía puede alterar el ritmo cardíaco; el magnesio abusado genera molestias digestivas; y el calcio en exceso puede comprometer la función renal.
Un informe de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins alerta sobre el riesgo de hipertensión y arritmias en personas sanas que abusan de estos suplementos, y subraya la importancia de no sobrepasar las dosis indicadas ni recurrir a la autodiagnosis.
La Universidad de Oxford concluye que una alimentación variada, rica en frutas y verduras frescas, cubre los requerimientos diarios de electrolitos en la gran mayoría de los casos, incluso en personas activas. La Organización Mundial de la Salud también recomienda priorizar los alimentos frescos como fuente natural de estos minerales.
Los especialistas aconsejan consultar a un profesional de la salud antes de incorporar suplementos, especialmente ante antecedentes de hipertensión, problemas cardíacos o renales, y optar por productos sin edulcorantes ni saborizantes artificiales.