Mientras la sociedad vive el receso y el reencuentro familiar, las enfermeras y enfermeros continúan atendiendo en los hospitales, lo que genera aislamiento emocional, sensación de invisibilidad y un desgaste que no se reconoce lo suficiente.

Mientras el mundo se desconecta para celebrar la Navidad en familia, existen varios grupos de profesionales cuya realidad es la contraria. Quienes llevan el uniforme de enfermería además de trabajar durante las fiestas, lo hacen bajo una presión importante donde se evidencia la sobrecarga, la lejanía de los suyos y el contraste de atender a otros en una época de alegría.
Esto supone un riesgo para su salud mental, un tema que la revista Medicina y Salud Pública (MSP) aborda con la Dra. Nayda Román Vázquez, directora de la Comisión para la Prevención del Suicidio del Departamento de Salud de Puerto Rico.
El primer factor de estrés, explica la experta, es la brecha entre lo que la sociedad celebra y lo que el profesional sanitario vive. Diciembre promueve el receso y el reencuentro, pero en los hospitales la rutina continúa. Allí, el personal de enfermería asiste a pacientes en momentos de vulnerabilidad, mientras afuera se festeja.
La Dra. Román Vázquez menciona algo fundamental que a menudo se pasa por alto: la humanidad detrás del uniforme.
"Perdemos de perspectiva que detrás de los uniformes hay seres humanos, que sienten, que aman, que padecen también y pensamos que tan solo porque están llevando a cabo una función importante en nuestra sociedad que lo que les aplica al resto del mundo no les aplica necesariamente a ellos".
Esto genera un sentimiento de aislamiento que puede ser desgastante. La especialista aclara que, aunque la profesión implica ciertas expectativas de disponibilidad, eso no anula las necesidades emocionales básicas. Así, la presión cultural por participar en la festividad, unida a la imposibilidad material de hacerlo, potencia el estrés laboral ya existente.
En este contexto, el síndrome de desgaste profesional o burnout puede intensificarse. Pero es necesario distinguirlo del cansancio común, advierte la Dra. Román Vázquez:
La primera es la despersonalización: una frialdad o desconexión emocional como mecanismo de defensa. La segunda es el agotamiento emocional profundo, un cansancio que va más allá de lo físico.
"Uno sentir que aunque puedes dormir 8 horas, te levantas igual o más cansado de lo que estabas originalmente porque no se trata tan solo del cansancio que hay en el cuerpo, sino que ese cansancio también se traduce a un elemento más emocional, psicológico".
La tercera característica es una sensación de ineficacia; el profesional minimiza sus logros y magnifica sus errores.
El impacto aumentaría con la lejanía de la familia en fechas significativas. Precisamente, una estrategia clave contra el burnout es cultivar una vida fuera del hospital. Verse privado de este recurso en Navidad coloca al personal en mayor vulnerabilidad.
La experta enumeró algunos indicadores: irritabilidad, problemas de sueño, dificultad para sentir placer y, de manera clave, el deterioro de las relaciones más cercanas.
"Hay algo que vale la pena mencionar, cuando uno da lo mejor de sí, las mejores horas del día, la mejor parte de la energía de uno en el trabajo, a veces lo que dejamos para nuestros seres queridos son las migajas. Cuando uno siente que esas relaciones que están a nuestro alrededor, que se supone que sean nuestras redes de apoyo, están viéndose afectadas, eso también es importante tomarlo en cuenta".
Esta "erosión" del apoyo social crea un círculo vicioso: el profesional pierde su principal amortiguador contra el estrés laboral.
Frente a esto, el primer paso es identificar los detonantes específicos del malestar en el trabajo. El segundo, elaborar un plan realista sobre lo que sí se puede cambiar.
El tercer pilar, quizás el más desafiante para una profesión dedicada a cuidar a otros, es priorizar el autocuidado sin culpa. Esto incluye atender necesidades físicas, emocionales y relacionales. Sin embargo, la Dra. Román Vázquez es bastante clara al recordar que la responsabilidad no es solo individual.
Existe un límite a lo que el esfuerzo personal puede lograr; gran parte de la solución requiere cambios estructurales en la organización del trabajo.
Por ello, el cuarto paso es importante: saber cuándo pedir ayuda externa. La búsqueda de apoyo psicológico no debe ser un último recurso, sino una opción válida ante un padecimiento persistente.
"La ayuda profesional no es tan solo para cuando una persona presenta un cuadro clínico psiquiátrico, sino en esos momentos en que uno siente que uno tiene que trabajar con algo de nuestra historia, de nuestra vida, y queremos seguir viviendo sin padecer de la forma en que estamos padeciendo, eso es razón suficiente para buscar ayuda profesional".
Como parte de su compromiso, la Comisión para la Prevención del Suicidio ofrece recursos en prevencionsuicidio.pr.gov, donde encontrarán material educativo y talleres sobre autocuidado en el ámbito laboral.
Para concluir, la experta dirige un mensaje directo a los profesionales de enfermería. Primero, un agradecimiento por su labor, aun cuando no siempre sea visible. Segundo, y de forma fundamental, una absolución:
"Yo creo que lo que me gustaría también dejarle a esos profesionales es que sentirse así, sentir la quemazón laboral, no es una falla personal. Esto no significa que has sido tú el que has fallado. Esto no significa que hay una debilidad en ti".
Finalmente, asegura que el malestar actual no es permanente. Existen caminos para aliviarlo, combinando el cuidado personal con la exigencia de mejores condiciones laborales. Al fin y al cabo, para poder cuidar de otros, primero hay que poder cuidar de sí mismo.