La resequedad ocular puede establecerse de forma persistente, especialmente en entornos laborales con pantallas, aire acondicionado y bajo parpadeo, y no debe normalizarse como una simple irritación.

Durante una transmisión en vivo de "Telesalud: la clínica en casa" de la revista Medicina y Salud Pública, en donde expertos médicos resuelven dudas de la audiencia en tiempo real vía telefónica, una persona consultó por persistente resequedad ocular a pesar de usar lágrimas artificiales.
El Dr. Julían Carreño, host principal del programa y además médico de familia, en compañía del Dr. Hernán Béjar Cueva, Cirujano Oftalmólogo con Subespecialidad en Glaucoma y Catarata, dieron respuesta a esta consulta:
Al abordar la pregunta, el Dr. Béjar esclareció desde el principio una distinción crucial. Explicó que la resequedad ocular no debe subestimarse como una simple irritación ocasional, pues, una vez avance, puede permitir infecciones oculares, daño en la superficie de los ojos y disminución de la calidad de vida.
Por el contrario, se trata de una condición que puede establecerse de forma crónica, especialmente cuando el entorno laboral combina los factores perfectos para su desarrollo.
"La resequedad es una enfermedad crónica. No es una enfermedad de momentos. El hecho de exponerte, por ejemplo, a pantallas, a una oficina con aire acondicionado, todo esto aumenta el ojo seco", afirmó.
Además, estos son algunos factores de riesgo que pueden contribuir al ojo seco:
Con el envejecimiento disminuye de forma natural la producción de lágrimas, aumentando el riesgo de sequedad ocular.
Los cambios hormonales durante el embarazo, el uso de anticonceptivos o la menopausia pueden reducir la producción lagrimal.
Una dieta pobre en vitamina A u omega-3 afecta la salud de la superficie ocular y la calidad de las lágrimas.
Pueden alterar la película lagrimal o disminuir la sensibilidad corneal, favoreciendo la sequedad ocular.
Condiciones como el síndrome de Sjögren, artritis reumatoide, lupus, trastornos tiroideos o sarcoidosis pueden afectar las glándulas lagrimales.
Antihistamínicos, antidepresivos, anticonceptivos, antihipertensivos y otros fármacos pueden disminuir la producción de lágrimas.
Puede ocurrir por uso prolongado de lentes de contacto o cirugía láser; en muchos casos es temporal.
Para aquellos que, como el consultante, ya experimentan molestias pero encuentran un alivio insuficiente con las gotas, el especialista hizo una recomendación:
En lugar de un horario rígido, propuso una escucha activa de las señales del cuerpo. "En tu caso, o inicialmente cuando uno empieza a tener estas molestias, lo más importante es utilizar las gotas a demanda. ¿Qué quiere decir eso? Usarlas cada vez que tú necesites la gota. El lubricante es como tomar agua.", detalló, promoviendo un uso intuitivo y reactivo para mantener la superficie ocular protegida de forma constante.
Sin embargo, es importante aclarar que es necesario consultar al médico en caso de presentar síntomas persistentes de sequedad ocular, como enrojecimiento, irritación, sensación de cansancio o dolor en los ojos.
El profesional podrá evaluar la causa del problema y, de ser necesario, remitirte a un especialista para un diagnóstico y tratamiento adecuados.
El mensaje más importante del Dr. Béjar fue una advertencia sobre los límites del autocuidado. Subrayó que la persistencia del síntoma a pesar de una lubricación correcta no es algo que deba normalizarse, sino que actúa como una señal de alarma clara.
"Si a pesar de la frecuencia de ponerte la gota, sientes que no te mejora, idealmente es ir a consulta para ver qué motivo te está causando esta resequedad", indicó.
Asimismo, para controlar los ojos secos, el experto indicó que es necesario identificar los desencadenantes habituales y eliminarlos o evitarlos en la rutina diaria. No obstante, algunas recomendaciones son:
Mientras que la hidratación a demanda es la primera línea de defensa, la persistencia de las molestias es el punto en el que el autocuidado debe dar paso a la evaluación médica, garantizando así no solo el alivio del síntoma, sino el manejo adecuado de su causa subyacente.