Los estudios revelaron mielitis transversa aguda con compromiso extenso de la médula espinal lumbar, acompañada de nefropatía lúpica activa.

Mujer de 37 años con lupus eritematoso sistémico de seis años de evolución, previamente estable bajo tratamiento con hidroxicloroquina, desarrolló paraplejia progresiva en una semana sin fiebre ni trauma previo.
La paciente llegó al servicio de urgencias con un cuadro de debilidad progresiva en ambas piernas que había evolucionado durante siete días. Su historial médico incluía lupus eritematoso sistémico diagnosticado seis años atrás, caracterizado por fotosensibilidad, erupción malar, poliartritis y anticuerpos positivos, junto con síndrome de Sjögren secundario. Durante los años previos, su enfermedad había permanecido controlada con una puntuación SELENA-SLEDAI de cero.
Al examen físico, la paciente estaba consciente y orientada, con signos vitales estables. El hallazgo más significativo fue la paraplejía espástica con fuerza muscular reducida a 1/5 en extremidades inferiores y 4/5 en las superiores.
Los reflejos tendinosos profundos estaban abolidos en las piernas, aunque la sensibilidad permanecía intacta y no había alteración de esfínteres. La ausencia de fiebre, trauma o deterioro sistémico hizo pensar en una causa autoinmune subyacente.
Los análisis sanguíneos mostraron anemia inflamatoria con hemoglobina de 10.3 g/dL y elevación marcada de reactantes de fase aguda. Un hallazgo preocupante fue la proteinuria masiva de 4.2 gramos en 24 horas, sugiriendo afectación renal activa.
El análisis del líquido cefalorraquídeo reveló hiperproteinorraquia significativa con mínima celularidad, un patrón característico de procesos inflamatorios no infecciosos.
La resonancia magnética espinal fue determinante para el diagnóstico. Las imágenes demostraron hiperintensidad extensa en secuencias T2 y STIR a nivel lumbar, con realce tras la administración de gadolinio.
Las lesiones comprometían más del 50% del diámetro transversal de la médula espinal, criterio diagnóstico de mielitis transversa aguda. Esta presentación radiológica, combinada con el contexto clínico, permitió establecer el diagnóstico definitivo.
El tratamiento se inició inmediatamente con pulsos de metilprednisolona a 240 mg diarios durante tres días, seguidos de prednisolona oral a 1 mg/kg/día. Simultáneamente se administró ciclofosfamida intravenosa según el protocolo de los Institutos Nacionales de Salud, con posterior mantenimiento con micofenolato mofetilo e hidroxicloroquina.
La respuesta fue notablemente favorable. Para el octavo día de tratamiento, la fuerza muscular en las extremidades inferiores había mejorado a 3/5. Al mes del inicio del cuadro, la paciente había recuperado completamente la función motora en las cuatro extremidades. La afectación renal también respondió favorablemente, con normalización de la proteinuria tras seis ciclos de ciclofosfamida. Las sesiones intensivas de fisioterapia, iniciadas durante la hospitalización y continuadas tres meses post-alta, fueron fundamentales en la rehabilitación funcional.
La mielitis transversa aguda representa una de las manifestaciones neurológicas más raras y severas del lupus eritematoso sistémico. Su aparición en población subsahariana es particularmente inusual según reportes previos.
De acuerdo a Baowêndsôm Armelle Djamilatou Sawadogo, el diagnóstico diferencial incluyó causas infecciosas, trastorno del espectro de neuromielitis óptica, esclerosis múltiple y otras vasculitis, todas descartadas por el contexto clínico y los estudios complementarios.
La fisiopatología permanece incompletamente comprendida, postulándose mecanismos como vasculitis, necrosis isquémica o degeneración de sustancia blanca. La presencia de paraplejia espástica en este caso sugiere compromiso de la materia blanca, apoyando esta última hipótesis.
El pronóstico funcional de esta complicación es variable y potencialmente grave. Aunque algunos pacientes desarrollan secuelas neurológicas permanentes, este caso demuestra que la recuperación completa es posible con tratamiento oportuno y agresivo. La combinación de inmunosupresión potente y rehabilitación intensiva parece ofrecer las mejores oportunidades de recuperación neurológica, especialmente cuando se inicia precozmente tras el diagnóstico.