Las imágenes sugirieron un tumor con hueso, grasa y tejido cerebral dentro del recto, confirmando un diagnóstico poco común que solo se documenta en uno de cada 35.000 a 40.000 casos a nivel mundial.

Una mujer de 29 años, en su primer embarazo sin partos previos (G1P0), acudió al Hospital con una masa perianal con más de un mes de evolución que había aparecido tras una defecación.
Refirió una protuberancia anal sin dolor, fiebre, escalofríos ni dificultad para defecar. No usaba anticonceptivos ni había sufrido lesiones recientes. Su historial incluía un aborto inducido, sin enfermedades previas ni antecedentes familiares de teratoma rectal maduro. Inicialmente se diagnosticó una masa rectal de etiología por esclarecer.
El examen reveló una masa de 4 cm × 3 cm × 3 cm dentro del ano, a unos 6 cm de la línea dentada, lisa al palparla y no dolorosa al exteriorizarse. Los análisis de laboratorio, como hemograma completo, electrolitos séricos, gonadotropina coriónica humana y panel metabólico, resultaron normales.
Sin embargo, la tomografía computarizada (TC) mostró una lesión redonda de 6,3 cm × 4,7 cm × 5,1 cm en la pelvis, con sombra escamosa de baja densidad, calcificación central, realce leve periférico y límites claros, sugestiva de teratoma; además, se observó un quiste anexial bilateral de baja densidad.
Se optó por resección laparoscópica de la masa rectal bajo anestesia general para aliviar los síntomas. Intraoperatoriamente, se ligó el colon sigmoide a 10 cm por encima del borde superior del tumor y el recto a 3,5 cm del mismo, permitiendo la extirpación completa.
Se realizó hemostasia, sutura reparadora del colon y recto, colocación de drenaje de presión negativa en ano y cavidad abdominal, y cierre capa por capa de la incisión.
El examen patológico identificó dos tumores conectados en mucosa y serosa intestinal, de 6 cm × 5 cm × 4 cm y 2 cm × 2 cm × 2 cm, respectivamente. Microscópicamente, contenían piel con anejos, glándulas, grasa, tejido óseo, médula ósea y cerebral, confirmando un teratoma rectal maduro.
Los márgenes quirúrgicos estaban libres de tumor, y de seis ganglios linfáticos examinados, ninguno mostró metástasis (0/6).
La paciente egresó tras adecuada cicatrización. En revisión, presentó herida cicatrizada sin recurrencia, molestias, dolor ni incontinencia fecal. Colonoscopia y TC corroboraron la ausencia de lesión.
A seis meses del procedimiento, no había metástasis. El teratoma, originado en la pared rectal cerca de la cavidad pélvica, creció hasta romperse hacia el recto y protruir por el ano, reposicionándose manualmente.
Según los autores Liu JL, Sun PL. , los teratomas rectales son raros, con incidencia global de 1:35.000-1:40.000, más frecuentes en mujeres (relación hombre:mujer de 1:2-4), predominando en edades jóvenes y escasos en niños o posmenopáusicas.
Comunes en sacrococcígeo, ovario, testículo o retroperitoneo, los maduros son benignos, mientras los inmaduros (típicos en adolescentes) pueden malignizarse en carcinoma escamoso (1-2% de casos, con mal pronóstico en mujeres de 11-19 años).
La TC destaca calcificaciones, grasa, hueso o quistes, aunque la resonancia magnética ofrece mejor detalle de tejidos blandos y complicaciones como rotura o torsión, pese a su menor sensibilidad para calcificaciones.
La resección laparoscópica, mínimamente invasiva, amplía el campo visual, reduce sangrado e inflamación versus cirugía abierta, preservando estructuras adyacentes y previniendo ruptura tumoral o malignización. Abordajes transabdominales son seguros incluso para lesiones grandes, y se desaconseja biopsia preoperatoria por riesgos de infección o diseminación.
La escisión completa es curativa para teratomas maduros, con excelente pronóstico y seguimiento para detectar recurrencias. Casos endoscópicos limitados aplican a pólipos pediculados menores de 4 cm sin sospecha maligna.
Este reporte subraya la utilidad de imágenes para planificación y cirugía laparoscópica como estándar, enfatizando vigilancia postquirúrgica en esta entidad infrecuente pero manejable.
Tras la operación, la paciente fue dada de alta tras la cicatrización. Regresó para una revisión y se observó una cicatrización evidente de la herida y no se observó recurrencia del tumor.