Nuevas guías internacionales prohíben el uso aislado de inhaladores de rescate para el asma

La Iniciativa Global para el Asma establece que todos los pacientes deben recibir terapia antiinflamatoria para prevenir crisis graves y muertes evitables.

Laura Guio

    Nuevas guías internacionales prohíben el uso aislado de inhaladores de rescate para el asma

    La Iniciativa Global para el Asma (GINA) publicó una actualización de sus guías que marca un cambio de paradigma en el tratamiento de esta enfermedad respiratoria crónica.

    El documento introduce modificaciones sustanciales en el diagnóstico, la evaluación de riesgos y, especialmente, en el enfoque terapéutico, abandonando definitivamente la prescripción de broncodilatadores de acción corta como única opción.

    Adiós al inhalador azul como monoterapia

    La recomendación más contundente es la prohibición del uso exclusivo de broncodilatadores de acción corta (SABA), conocidos como "inhaladores de rescate". Este enfoque, que durante décadas fue la norma para síntomas ocasionales, está asociado con mayor riesgo de crisis graves y mortalidad.

    Todos los pacientes con asma, independientemente de la frecuencia de sus síntomas, deben recibir tratamiento con corticosteroides inhalados. Las guías enfatizan que incluso personas con síntomas infrecuentes pueden sufrir crisis mortales desencadenadas por infecciones virales o alérgenos.

    Dos vías de tratamiento personalizado

    GINA propone un enfoque de doble vía que se ajusta según el control de síntomas, graduado en cinco escalones de intensidad.

    La vía preferente utiliza corticosteroide inhalado combinado con formoterol en todos los niveles. En escalones iniciales se usa cuando aparecen síntomas, mientras que en fases avanzadas se emplea como terapia diaria con dosis adicionales según necesidad.

    La segunda vía, reservada para casos específicos, combina corticosteroides inhalados de baja dosis con broncodilatadores de acción corta, manteniendo siempre el componente antiinflamatorio.

    Diagnóstico más preciso y personalizado

    Las nuevas recomendaciones refuerzan los criterios diagnósticos, estableciendo que la confirmación del asma debe realizarse antes de iniciar el tratamiento. El proceso incluye la evaluación de síntomas característicos como sibilancias, dificultad respiratoria, opresión torácica y tos, junto con pruebas objetivas que demuestren la limitación variable del flujo aéreo.

    La espirometría se mantiene como el método preferido para evaluar la función pulmonar, aunque las guías reconocen el papel complementario de biomarcadores como el óxido nítrico exhalado fraccionado (FeNO) y los eosinófilos en sangre cuando otras pruebas no son concluyentes.

    Del asma "leve" al asma "controlado"

    GINA abandona la terminología de "asma intermitente" o "asma leve", que erróneamente asociaba síntomas infrecuentes con bajo riesgo. La gravedad debe evaluarse según la dificultad para controlarla, no por la frecuencia de síntomas.

    Esta distinción es fundamental: pacientes con aparente asma leve han experimentado crisis graves e incluso fatales. Las guías enfatizan que el buen control de síntomas no garantiza ausencia de riesgo.

    Educación y planes de acción personalizados

    Las recomendaciones destacan la importancia de proporcionar a cada paciente un plan de acción por escrito, adaptado a su edad y nivel de comprensión, que incluya información sobre su medicación actual, indicadores de cambio en los síntomas, criterios para ajustar el tratamiento y cuándo buscar atención médica urgente.

    La capacitación en técnica inhalatoria, la adherencia al tratamiento y la identificación de factores desencadenantes se presentan como pilares fundamentales para el éxito terapéutico.

     Las guías subrayan que muchos casos de asma aparentemente grave son en realidad situaciones de difícil control debido a factores modificables como mala técnica de inhalación, falta de adherencia o exposición a desencadenantes evitables.

    Impacto del cambio climático

    Por primera vez, GINA incorpora en su estrategia la consideración del cambio climático y los eventos meteorológicos extremos como factores que impactan a las personas con asma, reconociendo la necesidad de adaptar las estrategias de manejo a estos nuevos desafíos ambientales.

    Implicaciones para la práctica clínica

    Estas actualizaciones representan un cambio significativo en la aproximación al asma que requerirá ajustes en la práctica clínica habitual.

     Los profesionales sanitarios deberán revisar los tratamientos actuales de sus pacientes, especialmente aquellos que utilizan únicamente broncodilatadores de rescate, y establecer planes terapéuticos que incluyan siempre el componente antiinflamatorio.

    La implementación de estas recomendaciones busca reducir la carga de la enfermedad, prevenir exacerbaciones evitables y, en última instancia, salvar vidas mediante un manejo más efectivo y personalizado del asma.


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