Especialistas recordaron que antibióticos de uso masivo como la azitromicina y la ciprofloxacina tienen efectos secundarios graves y mortales, mientras que las vacunas carecen de evidencia científica sólida que las vincule con enfermedades actuales.

En un clima de creciente desinformación sobre las vacunas, el programa Telesalud: La clínica en casa, producido por la revista Medicina y Salud Pública, se convirtió en tribuna para que dos especialistas respondieran directamente las dudas y críticas de ciudadanos sobre la inmunización.
El médico familiar Julián Carreño y el infectólogo Miguel Colón abordaron con datos y experiencia clínica algunas de las preguntas más frecuentes que circulan en redes sociales y comunidades, en un momento en que desde Washington se impulsan ajustes al esquema de vacunación para niños.
El doctor Colón fue directo al responder una de las inquietudes más extendidas entre la audiencia: si existen personas enfermas hoy como consecuencia directa de haberse vacunado.
"¿Cuántos son científicamente, en las revistas reconocidas de medicina? No hay evidencia directa de esos efectos secundarios", afirmó el infectólogo, subrayando que publicaciones como Medicine o Clinical Infectious Diseases —evaluadas por pares médicos— no respaldan esas afirmaciones.
El especialista advirtió sobre la diferencia entre ciencia rigurosa y estudios de dudosa procedencia. "Puedes tener una revista de esas llamadas throwaway que diga que tiene un estudio hecho en algún lugar, pero eso no es ciencia. Ciencia es cuando tienes miles de pacientes, tienes la experiencia y entonces ves los efectos secundarios", explicó.
Lejos de negar que las vacunas o los medicamentos en general puedan tener consecuencias adversas, el doctor Colón ofreció una perspectiva más amplia del principio que rige la práctica médica. "En medicina no hay nada benigno. Siempre todo tiene efectos secundarios y daño colateral", sostuvo.
Para ilustrarlo, recurrió a ejemplos de medicamentos de uso cotidiano. Señaló que la azitromicina —conocida comercialmente como Zitromax y ampliamente recetada para infecciones respiratorias— puede provocar arritmias cardíacas mortales. "La gente tiene un dolor de garganta, se mete un Zitromax y se está metiendo una bomba.
Zitromax mata gente", advirtió. En la misma línea, mencionó la ciprofloxacina, antibiótico frecuentemente utilizado para infecciones urinarias, cuyo uso indebido puede derivar en ruptura de tendones e incapacidad permanente.
"Son antibióticos que la gente se toma como si fueran bombones de menta y tienen montones de efectos secundarios", enfatizó Colón, para reforzar que el análisis siempre debe centrarse en la relación entre beneficio y riesgo, no en el riesgo aislado.
Al evaluar específicamente la vacuna contra el COVID-19, el infectólogo apeló a su experiencia directa en la pandemia. "Yo estuve viendo de frente todos esos pacientes, poniéndome todo el equipo de astronautas. Vi muchas muertes, muchas", recordó con solemnidad.
Colón evocó las imágenes de fosas comunes en distintas partes del mundo durante los peores momentos de la crisis sanitaria y describió aquel periodo como "momentos bien difíciles", contexto en el que, a su juicio, la vacuna representó una intervención cuyo beneficio superó con creces cualquier riesgo asociado.