Expertos reunidos en Isla Verde ofrecieron un diagnóstico contundente sobre los retos de salud pública en Puerto Rico y las herramientas para enfrentarlos desde la comunidad.

La Asociación de Salud Primaria de Puerto Rico convocó a profesionales de las 91 clínicas comunitarias conocidas como Centros 330 en su 5to Simposio de Salud Mental y Uso de Sustancias, celebrado en Isla Verde.
El evento reunió a expertas de diversas disciplinas que, desde sus respectivos campos, coincidieron en un mensaje central: Puerto Rico enfrenta una crisis de salud pública que requiere un giro urgente hacia la prevención, la educación y el tratamiento basado en evidencia, alejándose del estigma y la represión.
La doctora Carmen Albizu, pediatra, profesora e investigadora, fue categórica al situar el debate sobre el uso de sustancias en su contexto histórico. Desde que el presidente Richard Nixon declaró la llamada guerra contra las drogas en 1971, Estados Unidos consolidó un modelo que criminalizó a las personas con uso problemático de sustancias en lugar de tratarlas como pacientes.
"Mi esposo y yo siempre hemos dicho: no es una guerra contra las drogas, es una guerra contra la salud. Y no solamente la salud de quien utiliza la sustancia, sino la salud de la comunidad."
Puerto Rico ocupa una posición alarmante en este panorama: Estados Unidos encabeza el mundo en muertes por sobredosis por millón de habitantes, y Puerto Rico es el segundo. La doctora Albizu atribuye esta realidad a la escasez de tratamiento efectivo y basado en evidencia, y a la persistencia del estigma incluso entre los profesionales de la salud. "En Estados Unidos solamente hay capacidad para tratar a 18 de cada 100 personas que tienen uso problemático de opioide", señaló.
El tabaco es la que más muertes provoca, y su principal componente activo, la nicotina, es clínicamente más adictivo que cualquier droga ilegalizada. El alcohol, por su parte, actúa directamente sobre el lóbulo frontal del cerebro, afectando el juicio y la toma de decisiones, y su abuso se asocia con enfermedades crónicas, múltiples tipos de cáncer y síndrome de alcoholismo fetal. En madres fumadoras, el tabaco aumenta el riesgo de desprendimiento de placenta y de muerte súbita del infante.
Albizu recordó además que las sustancias más peligrosas no son las ilícitas, sino las de uso legal: el tabaco es la que más muertes causa, y la nicotina es clínicamente más adictiva que cualquier droga ilegalizada.
Para ilustrar qué tipo de política sí funciona, citó el caso del tabaco en Estados Unidos: desde 1970, el número de fumadores se redujo en un 67%, no mediante represión, sino con regulación, educación y prohibición del consumo en espacios cerrados. "Eso no se ha logrado con medidas de represión. Se ha logrado con educación y reglamentación", subrayó.
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La doctora Marianela Rodríguez, especialista en psicología clínica, ofreció una mirada profunda sobre los desafíos que enfrentan las mujeres a lo largo de cada etapa de su vida. Desde la llegada de la primera menstruación hasta los retos de la maternidad y la vejez, cada transición trae consigo vulnerabilidades que, de no atenderse a tiempo, pueden convertirse en condiciones crónicas.
Uno de los datos más contundentes que presentó fue que el 20% de las mujeres desarrolla por primera vez un trastorno de salud mental durante la etapa reproductiva y posparto. "Se habla mucho de la depresión posparto, pero también existe la ansiedad posparto, que muchas veces es mayor y no se ha discutido lo suficiente", advirtió.
El silencio impuesto por el estigma y la presión de parecer una "buena madre" lleva a muchas mujeres a no buscar ayuda, con consecuencias que se extienden al bebé, a la pareja y a toda la familia.
La especialista también señaló la carga mental invisible que las mujeres cargan a lo largo de toda su vida: la gestión emocional y logística del hogar, el rol de cuidadora impuesto y la doble jornada laboral. "Cuando venimos a ver, tenemos unas mujeres con una prevalencia de trastornos emocionales mucho mayor que los hombres", explicó.
A esto se suma la violencia en las relaciones de pareja, que en Puerto Rico dejó más de 60 feminicidios el año pasado, una cifra que la doctora Rodríguez calificó de escandalosa. Su mensaje fue claro: "Cuando cuidamos a la mujer y su salud, cuidamos a la sociedad, porque tiene un efecto multiplicador."
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La doctora Darielis Cordero, directora ejecutiva de la Asociación de Salud Primaria de Puerto Rico, presentó el rol estratégico que desempeñan las 91 clínicas comunitarias del país en la respuesta a la crisis de salud mental y uso de sustancias. El modelo de los Centros 330, con más de 40 años de historia en la isla, parte de una convicción institucional: el primer contacto del paciente con el sistema de salud es también la primera oportunidad para detectar y atender estas condiciones.
"Nuestro rol es la salud primaria: estabilizar al paciente desde ese enfoque primario o aportar en la parte preventiva, para que el paciente no llegue a ese otro nivel de prestación de servicios", explicó Cordero. Los centros atienden a pacientes con cualquier tipo de seguro médico, incluyendo a quienes no tienen ninguno, a través de escalas de descuentos basadas en ingresos. Sus resultados son contundentes: el 80% de los pacientes con hipertensión tienen su condición controlada, y en diabetes la cifra alcanza el 68%.
Cada centro cuenta con una junta comunitaria donde al menos la mitad de los miembros deben ser pacientes de las comunidades atendidas, lo que garantiza que los servicios respondan a necesidades reales.
"Eso es lo que mantiene al Centro 330 conectado directamente a la comunidad", destacó la directora. El simposio, en su quinta edición, tiene precisamente ese propósito: que cada profesional regrese a su centro con nuevas herramientas para implementar.
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La doctora Marenid Planell, especialista en salud pública, amplió el panorama al señalar la conexión entre alimentación, conducta y salud mental, especialmente en la población infantil. Su diagnóstico apunta a un problema silencioso que se agrava con el ritmo de vida moderno y el consumo de alimentos ultraprocesados.
"No comer bien no solamente crea estrés, sino que también puede condicionar nuestra conducta. Si no se alimenta bien, el rendimiento de los niños en la escuela también se ve afectado", señaló la doctora Planell.
La especialista alertó sobre un patrón preocupante en la isla: Puerto Rico presenta una altísima tasa de diabetes que ya está comenzando a afectar a los niños. "Tiene que ver con una mala alimentación totalmente. A veces son esos alimentos procesados porque tenemos prisa, pero esos diagnósticos están comenzando cada vez más en etapas tempranas", advirtió.
Su llamado fue a repensar los hábitos alimentarios como una herramienta de salud mental y prevención de enfermedades crónicas, integrando la nutrición como un pilar fundamental del bienestar desde la infancia.
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