Estudio revela que las células cancerosas reclutan ayuda de células protectoras del abdomen para propagarse rápidamente y resistir los tratamientos.

El cáncer de ovario tiene una característica que ha desconcertado a la medicina durante décadas: cuando finalmente se detecta, la enfermedad ya se ha extendido por todo el abdomen en la mayoría de los casos.
No se trata únicamente de síntomas que aparecen tarde, sino de un proceso silencioso que ocurre en el interior del cuerpo mucho antes de que cualquier señal sea evidente.
Hasta ahora, los médicos no lograban explicar completamente por qué esta propagación es tan rápida y sigilosa. Una nueva investigación dirigida por la Universidad de Nagoya, en Japón, y publicada en la revista Science Advances, arroja luz sobre este misterio y revela un mecanismo inesperado: las células cancerosas no actúan solas.
Los investigadores descubrieron que las células cancerosas de ovario reclutan "ayudantes" inesperados: las células mesoteliales, que normalmente recubren y protegen la cavidad abdominal.
Al examinar el líquido abdominal de pacientes con este tipo de cáncer, el equipo encontró que aproximadamente el 60% de las esferas cancerosas contenían estas células mesoteliales reclutadas.
Las células cancerosas liberan una proteína llamada TGF-Beta-1 que transforma a las células mesoteliales, haciéndolas desarrollar estructuras similares a espigas, llamadas invadopodios, capaces de cortar y perforar el tejido circundante.
De esta forma, las células mesoteliales lideran la invasión, abriendo camino, mientras las células cancerosas simplemente siguen las rutas que ellas crean.
A diferencia de otros tipos de cáncer, como el de mama o pulmón, cuyas células viajan por el torrente sanguíneo a través de rutas predecibles, las células de cáncer de ovario evitan completamente los vasos sanguíneos.
En su lugar, flotan libremente en el líquido abdominal, que se mueve con la respiración y los movimientos del cuerpo, transportándolas a diferentes puntos del abdomen sin seguir un patrón fijo.
Esta etapa de "flotación" ocurre antes de que las células se adhieran a nuevos órganos, y era precisamente este período el que los científicos no comprendían del todo. Ahora sabemos que es durante esta fase cuando se forma la peligrosa alianza entre células cancerosas y mesoteliales.
El descubrimiento también explica otra característica preocupante de este cáncer: su resistencia a la quimioterapia. Los grupos híbridos de células cancerosas y mesoteliales resisten los fármacos con mayor eficacia que las células cancerosas solas, y además invaden los tejidos con mayor rapidez cuando alcanzan los órganos.
Este hallazgo abre puertas a tratamientos completamente nuevos. La quimioterapia actual se enfoca exclusivamente en atacar las células cancerosas, ignorando a sus "cómplices" mesoteliales. Los investigadores sugieren que futuros medicamentos podrían bloquear la señal de TGF-beta-1 o impedir la formación de estas asociaciones peligrosas.
Además, la investigación plantea la posibilidad de que los médicos monitoreen estos grupos de células híbridas en el líquido abdominal para predecir la progresión de la enfermedad y evaluar la respuesta al tratamiento de manera más precisa.