Un nuevo análisis mundial proyecta que los casos globales de cáncer de mama crecerán un 34% en las próximas décadas, con un impacto devastador y desproporcionado sobre los países más pobres.

El cáncer de mama es el más frecuente entre las mujeres en todo el mundo. En 2023 se diagnosticaron 2,3 millones de nuevos casos y murieron cerca de 764.000 mujeres a causa de la enfermedad. Pero esas cifras, ya de por sí alarmantes, podrían quedar pequeñas ante lo que se avecina.
Según un análisis de los Colaboradores del Estudio de la Carga Mundial de Enfermedades sobre el Cáncer de Mama, vinculados a la Universidad de Washington y publicado en The Lancet Oncology, para 2050 los nuevos diagnósticos anuales superarán los 3,5 millones y las muertes llegarán a 1,4 millones, un aumento del 44%.
"El cáncer de mama continúa teniendo un profundo impacto en la vida de las mujeres y sus comunidades", señala Kayleigh Bhangdia, autora principal del estudio e investigadora del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME).
La brecha entre naciones ricas y pobres es uno de los hallazgos más inquietantes del informe. Si bien las tasas de nuevos casos son más altas en países de ingresos altos —Mónaco, Andorra, Francia o Alemania superan los 100 casos nuevos por cada 100.000 mujeres—, son los países más pobres los que enfrentan el mayor crecimiento y la peor mortalidad.
Desde 1990, las tasas de incidencia ajustadas por edad aumentaron un 147% en promedio en los países de bajos ingresos, mientras que se mantuvieron estables en los de altos ingresos. Al mismo tiempo, la mortalidad cayó un 30% en los países ricos y casi se duplicó en los más pobres: de 12 a 24 muertes por cada 100.000 mujeres.
"La creciente carga del cáncer de mama se está trasladando a los países de ingresos bajos y medianos bajos, donde las personas a menudo se enfrentan a diagnósticos en etapas más avanzadas y un acceso más limitado a atención médica de calidad", explica Bhangdia.
Las razones son estructurales. Según la coautora del estudio, la doctora Olayinka Ilesanmi, epidemióloga nigeriana y colaboradora de los CDC de África, muchos de estos países "se enfrentan a cambios demográficos y en el estilo de vida, junto con sistemas de salud deficientemente equipados para responder, con escasez de equipos de radioterapia, fármacos de quimioterapia y laboratorios de patología".
El estudio también cuantificó cuánto de esa carga podría evitarse. En 2023, el 28% de los años de vida saludable perdidos por cáncer de mama en todo el mundo —equivalente a 6,8 millones de años— estuvo asociado a seis factores de riesgo modificables.
El mayor responsable fue el consumo elevado de carne roja, vinculado a casi el 11% de esa pérdida total. Le siguieron el tabaquismo —incluyendo el tabaquismo pasivo— con un 8%, la hiperglucemia con un 6%, el sobrepeso con un 4%, y el consumo excesivo de alcohol y el sedentarismo, ambos con un 2%.
La buena noticia: entre 1990 y 2023, la carga atribuible al tabaco bajó un 28% y la relacionada con el alcohol, un 47%. La mala: el resto de los factores no registró el mismo progreso.
Un dato que preocupa especialmente a los investigadores es el aumento de casos en mujeres jóvenes. Si bien el riesgo sigue siendo mucho mayor a partir de los 55 años —con 161 casos nuevos por cada 100.000 mujeres frente a 50 en el grupo de 20 a 54 años—, las tasas en este último grupo crecieron un 29% desde 1990, mientras que las tasas en mujeres mayores se mantuvieron estables.
Los expertos señalan que este fenómeno podría estar relacionado con cambios en los factores de riesgo propios de mujeres premenopáusicas, aunque el análisis no permite establecer aún una causa definitiva.
Los autores del informe son claros: incluso con las mejores políticas de prevención, millones de mujeres seguirán desarrollando cáncer de mama. Por eso, reducir la desigualdad en el acceso a la atención es tan urgente como promover hábitos saludables.
El estudio reclama invertir en sistemas de vigilancia del cáncer en países con recursos limitados, bajar el costo de las terapias, garantizar que la cobertura sanitaria universal incluya los servicios esenciales para esta enfermedad, y fortalecer la capacidad de diagnóstico precoz en entornos donde hoy llega tarde o directamente no llega.
"Con un acceso equitativo a la atención en entornos de bajos recursos, inversión en terapias innovadoras y una firme voluntad política, existe la oportunidad de garantizar que todas las mujeres tengan las mismas posibilidades de superar el cáncer de mama", concluye el informe.
El futuro que describen los datos es sombrío. Pero, según los propios investigadores, todavía es evitable.