La enfermedad del hígado graso no alcohólico: Ocho nuevas recomendaciones para tratarlo

Estas recomendaciones, que detallan los servicios requeridos por los pacientes.

Redacción MSP

    La enfermedad del hígado graso no alcohólico: Ocho nuevas recomendaciones para tratarlo

    La enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD) es un término general para una variedad de afecciones hepáticas que afectan a las personas que beben poco o nada de alcohol. Como su nombre lo indica, la característica principal de la NAFLD es el exceso de grasa almacenada en las células hepáticas.

    Para solucionar esta problemática y poner a  disposición de los pacientes buenas prácticas para tratar su dolencia, un grupo de investigadores liderado por la European Association for the Study of the Liver (EASL) International Liver Foundation (EILF) y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) han realizado una revisión bibliográfica de los modelos de cuidado para la esteatosis hepática no alcohólica publicada hasta la fecha. 

    Como resultado han desarrollado un conjunto de ocho recomendaciones destinadas a los profesionales médicos y a los encargados de diseñar políticas enfocadas a la mejora de estos modelos de cuidado. Estas recomendaciones han sido publicadas este año 2021 en la revista Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology y se han presentado durante el Congreso Internacional del Hígado de la EASL.

    Esta enfermedad supone un gran impacto sobre los sistemas sanitarios, ya que se estima que en los países occidentales puede afectar al 25 % de la población. 

    Sin embargo, hasta el momento, esto no se ha visto reflejado en la atención al manejo de los pacientes con esta enfermedad en el contexto de los sistemas sanitarios, ya que por lo general este trastorno no es diagnosticado en la mayoría de las ocasiones porque no suele provocar síntomas en quienes la padecen. 

    Recomendaciones

    Estas recomendaciones, que detallan los servicios requeridos por los pacientes, dónde deben administrarse dichos servicios, quién debe proporcionarlos y cómo deben coordinarse en el contexto de los sistemas sanitarios, son las siguientes:

    1-. Establecer rutas de provisión de cuidados claramente definidas adaptadas a evaluar el estadio de la enfermedad, la presencia de comorbilidades y el resultado de salud óptimo para el paciente.

    2-. Desarrollar orientaciones acerca del cribado y análisis mediante tests no invasivos.

    3-. Desenvolver pautas sobre las estrategias de tratamiento para los pacientes, en relación con el estadio de su enfermedad.

    4-. Plantear acciones para prevenir la progresión de la enfermedad en la atención primaria, para pacientes en los primeros estadios de la enfermedad y que no requieran cuidados hepatológicos especializados.

    5-. Articular y definir los roles e interacciones entre los proveedores de atención primaria, secundaria y terciaria.

    6-. Establecer dónde pueden co-localizarse los servicios para la esteatosis hepática no alcohólica y los servicios para el tratamiento de comorbilidades frecuentes.

    7-. Definir la composición y la estructura del equipo multidisciplinar responsable del manejo de los pacientes.

    8-. Establecer sistemas efectivos para coordinar e integrar el cuidado a lo largo de todo el sistema sanitario.

    Estas recomendaciones “no están pensadas como una lista de requisitos a cumplir, sino más bien como un marco de trabajo para ayudar a guiar a los profesionales y a los encargados de diseñar políticas con el objetivo de mejorar el cuidado ofrecido a las personas con esteatosis hepática no alcohólica”, afirmó el Dr. Jeffrey V. Lazarus, vicepresidente de la EILF e investigador de ISGlobal participante en el estudio. “De hecho, deberían revisarse y actualizarse periódicamente a medida que vamos aprendiendo más acerca de estos modelos de cuidado, incluyendo el efecto sobre los resultados clínicos y la relación coste-eficacia de los diferentes abordajes”, continuó el Dr. Lazarus.

    Dada la creciente prevalencia de la esteatosis hepática no alcohólica y el bajo porcentaje de casos diagnosticados, “los sistemas sanitarios necesitan empezar a reorientarse para garantizar que pueda proporcionarse el cuidado de forma eficiente y efectiva para abordar esta enfermedad progresiva, y reducir sus amplias implicaciones en el ámbito de la salud. Tales recomendaciones pueden contribuir a paliar la escasez de orientaciones sobre los modelos de cuidado para la esteatosis hepática no alcohólica y ayudar a abordar la creciente necesidad de proporcionar a los pacientes unos cuidados basados en las mejores prácticas”, concluyó el Dr. J. V. Lazarus.

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