¿Picazón persistente y piel seca? Esto es lo que dicen las nuevas guías de dermatitis atópica

Esta condición inflamatoria, que suele aparecer en la infancia pero puede manifestarse a cualquier edad, requiere un manejo integral basado en hidratación constante y tratamiento oportuno de los brotes.

Laura Guio

    ¿Picazón persistente y piel seca? Esto es lo que dicen las nuevas guías de dermatitis atópica

    La dermatitis atópica, comúnmente conocida como eccema, es una afección crónica de la piel caracterizada por picazón intensa, enrojecimiento y sequedad. Aunque tradicionalmente se asocia con la infancia, un tercio de los casos nuevos se presenta en adultos, lo que demuestra que nadie está exento de desarrollarla.

    Una condición con raíces genéticas

    La evidencia científica señala que casi la mitad de los casos están relacionados con mutaciones en el gen de la filagrina, una proteína fundamental para mantener la barrera protectora de la piel. Este defecto en la función de barrera permite que sustancias irritantes y alérgenos penetren más fácilmente, desencadenando las reacciones características de la enfermedad.

    Las personas con dermatitis atópica suelen tener antecedentes personales o familiares de condiciones alérgicas como asma o rinitis alérgica, lo que se conoce como "tendencia atópica".

    Factores que desencadenan los brotes

    Los síntomas no son constantes. La mayoría de los pacientes experimenta brotes esporádicos provocados por diversos factores:

    • Jabones y detergentes agresivos

    • Calefacción excesiva que reseca la piel

    • Ropa áspera o sintética

    • Estrés emocional

    • Infecciones cutáneas

    En algunos casos, especialmente en niños pequeños, ciertos alimentos o el contacto con mascotas pueden empeorar los síntomas.

    ¿Cómo se manifiesta? Los síntomas son variados según la edad

    La apariencia del eccema varía considerablemente. En los bebés, la cara suele ser el sitio más afectado inicialmente, mientras que en niños mayores y adultos la enfermedad tiende a concentrarse en las flexiones: pliegues de los codos, detrás de las rodillas, cuello y muñecas.

    Las lesiones típicas incluyen áreas mal definidas de enrojecimiento, piel extremadamente seca con descamación fina, y durante los brotes agudos, la piel muy roja, a veces con pequeñas vesículas y parches que lloran o forman costras. Las marcas dejadas por el rascado constante son prácticamente inevitables dada la intensidad de la picazón.

    En personas con piel pigmentada, la presentación puede variar notablemente, mostrando picazón más crónica, afectación de los folículos pilosos y mayor presencia de escamas.

    El tratamiento: Constancia y estrategia

    El manejo exitoso de la dermatitis atópica se basa en tres pilares fundamentales. Primero, el uso diario de cremas hidratantes (emolientes) en todo el cuerpo, que constituye la base del tratamiento. La evidencia demuestra que cuanto más emoliente se utiliza, menos cremas con esteroides se necesitan.

    El segundo componente son los corticoides tópicos de diferentes potencias, que se aplican solo durante los brotes en las áreas afectadas. Los médicos suelen recomendar tener dos tipos en casa: uno suave para brotes leves y zonas delicadas como el rostro, y otro más potente para episodios severos.

    Para casos que no responden adecuadamente a estos tratamientos, existen alternativas como los inhibidores tópicos de la calcineurina, que tienen la ventaja de no causar adelgazamiento de la piel.

    ¿Cuándo buscar ayuda especializada?

    Los pacientes deben ser derivados a un dermatólogo cuando existe incertidumbre diagnóstica, cuando el eccema es severo o responde solo parcialmente al tratamiento habitual, si aparece atrofia por esteroides, o si se sospecha una dermatitis alérgica de contacto causada por las propias terapias tópicas.

    En atención especializada, los tratamientos pueden incluir fototerapia, medicamentos sistémicos como metotrexato o ciclosporina, y cada vez más, nuevos tratamientos biológicos e inhibidores de JAK que han revolucionado el manejo de casos severos.

    Un futuro esperanzador, especialmente para niños

    Hay motivos para el optimismo, particularmente en casos infantiles. Aproximadamente el 65% de los niños con eccema lo superan antes de los siete años, y el 74% lo habrá dejado atrás a los 16 años. Aunque aquellos con formas más severas tienen menos probabilidades de mejoría espontánea, la mayoría eventualmente experimenta una remisión significativa.




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