A lo largo de más de cuatro décadas, el dermatólogo puertorriqueño ha combinado la práctica clínica con la formación de nuevas generaciones de especialistas.

La dermatología en Puerto Rico ha experimentado una notable evolución a lo largo del tiempo. Desde sus primeros referentes hasta las nuevas generaciones de especialistas, esta disciplina ha atravesado importantes transformaciones que han dejado huella tanto en la práctica médica como en la salud pública de la isla.
Para el dermatólogo Dr. Néstor Sánchez, comprender esta historia es clave para valorar su impacto. "La dermatología en Puerto Rico es una leyenda bien interesante y que ha contribuido mucho a la salud de todos los puertorriqueños", afirmó.
En sus primeras décadas, la dermatología en Puerto Rico carecía de especialistas formados en la disciplina. Durante los años treinta y cuarenta, no existían dermatólogos como tal, y fue gracias al interés de algunos médicos generalistas que los primeros pacientes con enfermedades cutáneas comenzaron a recibir atención.
"No había dermatólogos en esos años; eran médicos generales que, por interés y necesidad, ofrecían esos servicios", relató.
El desarrollo formal de la especialidad tuvo un punto de inflexión en los años cincuenta, cuando el Dr. Víctor Rivera, dermatólogo natural de Coamo, regresó a la isla luego de formarse en la New York University y en el Skin and Cancer Institute de Manhattan.
Con ese bagaje académico, fundó el primer Departamento de Dermatología en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico. A este esfuerzo inicial se sumó el Dr. Arturo Carrión, micólogo formado en Columbia University, con quien Rivera consolidó el departamento.
Posteriormente, se integró el Dr. Víctor Torres, también de Coamo, quien había estudiado medicina, dermatología y dermatopatología en Columbia University bajo la tutela del reconocido Dr. Shapiro. La colaboración entre estos especialistas permitió cimentar una estructura académica sólida.
"En ese momento se formó un equipo muy efectivo, con gente bien preparada que sentó las bases de todo lo que vino después", explicó.
A medida que el programa se fortalecía, surgieron figuras clave como los doctores Irán Ruiz, Rafael Martín quien ha fallecido recientemente y Cándido Torres, todos ampliamente reconocidos en el ámbito médico de la isla. Durante más de dos décadas, el Dr. Torres lideró el departamento, al que luego sucedió el Dr. Jorge Sánchez Colón, hermano del entrevistado, por un periodo de 34 años.
"Mi hermano Jorge no solo fue jefe del Departamento de Dermatología; también fue rector del Recinto de Ciencias Médicas, de Río Piedras y presidente de la Junta de la Universidad", recordó con orgullo.
El relevo generacional se mantuvo firme. El propio Dr. Sánchez, formado en instituciones como Harvard Medical School y la Clínica Mayo, asumió posteriormente la jefatura y continuó con la formación de nuevos especialistas. Actualmente dirige el programa en la Ponce Health Sciences University, donde se gradúan tres dermatólogos por año con una filosofía centrada en el servicio, la compasión y el compromiso con Puerto Rico.
Uno de los grandes desafíos de la profesión ha sido la migración de talento médico. "Entrenamos dermatólogos que están altamente capacitados, con certificación del American Board of Dermatology, y eso les permite ejercer tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos. Por eso muchos terminan yéndose, aunque nuestra intención es que se queden aquí a tratar a su gente", comentó.
Hoy existen dos residencias activas en el país: una en el Recinto de Ciencias Médicas, actualmente dirigida por el Dr. Rafael Martín, y otra en la Ponce Health Sciences University. Ambas mantienen estándares de excelencia académica, garantizando que la calidad de la dermatología en la isla se mantenga a la altura de los principales centros médicos del continente.
Con el paso de los años, la dermatología en Puerto Rico se ha extendido más allá del área metropolitana, gracias a especialistas que asumieron el compromiso de atender regiones históricamente desatendidas. Uno de ellos fue el doctor Raúl Latoni, quien durante décadas brindó servicios en el área oeste con entrega y excelencia.
"Sirvió por muchos, muchos años con mucho orgullo y mucha capacidad", recordó el Dr. Sánchez. La tradición familiar continúa: uno de sus hijos es dermatólogo en San Juan, y otro se desempeña como cirujano plástico en el Departamento de Dermatología de la Ponce Health Sciences University.
En el sur de la isla, la atención dermatológica también fue tomando forma desde los años setenta. El doctor Pasarell, formado en el Recinto de Ciencias Médicas, se estableció en Ponce, donde compartía espacio con médicos que, aunque no certificados en dermatología, ejercían la práctica como era común en aquella época.
Entre ellos se encontraba el Dr. Maduro, ya fallecido, quien ofreció atención durante años. Hoy, la región cuenta con especialistas altamente calificados como los doctores Villa y Vendrel, ambos formados y certificados en el Recinto.
La zona este, por su parte, fue atendida durante mucho tiempo por el Dr. Rafael Martín, quien falleció recientemente, y por el Dr. Charneco. En la actualidad, hay una nueva generación de dermatólogos jóvenes ejerciendo en distintas regiones como Humacao, Caguas y San Juan.
"Yo he estado desde 1980 cubriendo Ponce, Aibonito y varios hospitales menonitas, dividiéndome entre la gestión académica y la práctica clínica", señaló. Actualmente, lidera el Departamento de Dermatología en la Escuela de Medicina de Ponce.
Pese a los desafíos, la calidad de la dermatología en la isla se ha mantenido firme. Todos los especialistas certificados han aprobado el examen del American Board of Dermatology, lo que les permite ejercer tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos.
"Para gloria del Señor, siempre hemos tenido dermatólogos bien cualificados", expresó. Esta estandarización ha sido clave para sostener un nivel académico y clínico comparable al de los principales centros internacionales.
Además de una sólida preparación, los vínculos institucionales han fortalecido la formación continua. El Recinto de Ciencias Médicas, por ejemplo, mantiene lazos académicos con universidades como NYU, Harvard y Mayo Clinic, además de una activa participación en la American Academy of Dermatology.
De hecho, durante el fin de semana en que se ofreció este testimonio, se celebraba la asamblea anual de dermatólogos en el hotel El Conquistador, en Fajardo. "Se presentan conferencias de especialistas locales e internacionales, y todos los residentes de los dos programas en Ponce y San Juan exponen sus trabajos", comentó.
Esta cultura académica ha generado una presencia sostenida en publicaciones científicas de alto impacto. Libros, artículos y reportes clínicos firmados por residentes y facultativos puertorriqueños aparecen de forma constante en revistas como American Journal of Dermatology, International Journal of Dermatology y Archives of Dermatology. "En Estados Unidos se habla muy bien de la educación médica dermatológica en Puerto Rico", concluyó el especialista.
Para el Dr. Sánchez, más allá de la formación académica, la verdadera esencia de la dermatología radica en el trato digno y equitativo a cada paciente. Inspirado por su paso por la Clínica Mayo una de las instituciones más reconocidas del mundo en esta especialidad, insiste en que la prioridad debe ser siempre el bienestar del paciente, sin importar su aseguradora o estatus socioeconómico.
"Como siempre les digo a mis residentes, el paciente es primero. Y eso aplica para todos: los que tienen Reforma, SSS, Medicare o cualquier otro plan. Uno no puede discriminar. El lema de la Clínica Mayo es patient first, y así debe ser en todos lados", concluye.