Pesadez, hinchazón y dolor en las piernas: Síntomas de insuficiencia venosa crónica y cómo manejarlos

La pesadez y el cansancio en las piernas suelen ser los primeros signos de insuficiencia venosa crónica. Estos síntomas aparecen con mayor intensidad al final del día o después de pasar muchas horas de pie, y con frecuencia se acompañan de hinchazón progresiva.

Katherine Ardila

    Pesadez, hinchazón y dolor en las piernas: Síntomas de insuficiencia venosa crónica y cómo manejarlos


    ¿Siente que sus piernas pesan, se hinchan o le duelen después de estar mucho tiempo de pie? Podría ser un síntoma de insuficiencia venosa crónica, una condición mucho más común de lo que se cree.

    Las venas varicosas y la insuficiencia venosa crónica se encuentran entre los trastornos vasculares más frecuentes a nivel mundial. Según las cifras, entre el 40 y el 73% de las mujeres y entre el 20 y el 56% de los hombres padecen esta condición en algún grado. 

    Esto significa que, en cualquier grupo de personas adultas, es muy probable que varias de ellas convivan con estos molestos síntomas sin saber exactamente qué los causa ni cómo aliviarlos de manera efectiva.

    ¿Por qué se produce la insuficiencia venosa?

    Las venas de nuestras piernas son como pequeñas tuberías que deben llevar la sangre de regreso al corazón, venciendo la fuerza de gravedad. Cuando estas tuberías funcionan mal o sus válvulas se debilitan, la sangre se estanca en las piernas en lugar de subir adecuadamente, provocando esa molesta sensación de pesadez, hinchazón y, con el tiempo, la aparición de esas venas abultadas que conocemos como varices.

    Existen varios factores que aumentan las probabilidades de desarrollar este problema. Los más conocidos son la edad avanzada, el sexo femenino, tener sobrepeso, haber estado embarazada, haber sufrido una trombosis venosa profunda o pasar muchas horas de pie por motivos laborales. 

    Sin embargo, la ciencia ha descubierto que también hay un componente hereditario importante: estudios recientes han identificado más de 800 variantes genéticas que podrían estar relacionadas con la aparición de las venas varicosas, lo que explicaría por qué en algunas familias esta condición es más frecuente.

    ¿Cómo saber si es insuficiencia venosa y no otra cosa?

    Quienes conviven con este problema suelen describir sus síntomas como piernas cansadas, hinchazón que aumenta a lo largo del día, calambres nocturnos, hormigueo o incluso cambios en el color de la piel. 

    No obstante, estos síntomas pueden confundirse con los de otras condiciones como problemas cardíacos o efectos secundarios de algunos medicamentos, entre ellos ciertos fármacos para la presión arterial, tratamientos hormonales o antiinflamatorios.

    Por esta razón, los especialistas insisten en la importancia de una evaluación médica adecuada por un experto. El primer paso suele ser una consulta con el médico de cabecera, quien realizará un examen físico y, de ser necesario, solicitará una ecografía dúplex. 

    Este estudio es fundamental porque permite ver exactamente dónde está el problema, qué venas no están funcionando bien y, lo más importante, qué tipo de tratamiento es el más adecuado para cada caso.

    La compresión: el tratamiento 

    Si hay algo en lo que todos los expertos coinciden es que la terapia de compresión sigue siendo la base del tratamiento. ¿En qué consiste? Básicamente, en usar medias especiales que aprietan suavemente las piernas para ayudar a que la sangre no se estanque y fluya correctamente hacia el corazón.

    Lo mejor de todo es que no se necesita una compresión muy fuerte para obtener resultados. Los estudios demuestran que incluso una presión moderada, de 20 a 30 milímetros de mercurio, es suficiente para aliviar los síntomas en la mayoría de las personas que no tienen complicaciones graves. 

    Para quienes ya han desarrollado úlceras venosas, esas dolorosas heridas que tardan en cicatrizar, se recomienda una compresión más intensa, por encima de los 30 milímetros de mercurio, aunque hay que reconocer que este nivel de presión puede resultar incómodo para muchos pacientes.

    Eso sí, hay una advertencia importante: las personas que también tienen problemas arteriales deben tener especial cuidado. Antes de iniciar cualquier tratamiento con compresión, especialmente si es de alta presión, el médico debe asegurarse de que las arterias de las piernas están en buen estado y llevan suficiente sangre. 

    De lo contrario, apretar demasiado podría empeorar la circulación arterial. Por eso es fundamental medir el índice tobillo-brazo, un sencillo examen que compara la presión en el tobillo con la del brazo y que debe dar un resultado superior a 0,8 para poder usar compresión de manera segura.

    Cuando la compresión no es suficiente

    En algunos casos, especialmente cuando los síntomas son muy intensos y la ecografía muestra venas claramente dañadas, puede ser necesario recurrir a procedimientos más directos. 

    La escleroterapia, que consiste en inyectar una sustancia para cerrar la vena enferma, o la extirpación de la vena mediante cirugía, son opciones que pueden aliviar los síntomas y ayudar a cicatrizar heridas que no terminan de sanar.

    Ahora bien, uno de los problemas más frecuentes con la terapia de compresión es que muchas personas terminan abandonándola. ¿La razón? Las medias pueden ser difíciles de poner, especialmente para personas mayores o con movilidad reducida, y en climas cálidos resultan incómodas. 

    Afortunadamente, existen cosas que ayudan: usar dispositivos especiales para colocarlas más fácilmente, optar por medias de compresión más baja si el médico lo autoriza, o simplemente recibir entrenamiento por parte del personal de salud sobre la mejor manera de usarlas.

    Lo que usted puede hacer desde casa

    Más allá de las medias y los tratamientos médicos, hay medidas sencillas que están al alcance de todos y que marcan una gran diferencia. La pérdida de peso, por ejemplo, reduce la presión sobre las venas de las piernas

    Los ejercicios de tobillo, como mover los pies hacia arriba y hacia abajo o hacer círculos con los pies, activan la bomba muscular de la pantorrilla y ayudan a impulsar la sangre hacia el corazón.

    Los especialistas también recomiendan no esperar a que aparezcan complicaciones graves para actuar. Elevar las piernas siempre que sea posible, especialmente después de jornadas largas de pie, y cuidar la piel de las piernas con cremas hidratantes para evitar la sequedad y la dermatitis, son medidas preventivas que deberían formar parte de la rutina diaria de cualquier persona con tendencia a tener piernas cansadas.

    En cuanto a los medicamentos, existen los llamados venoactivos, que pueden ayudar a aliviar los síntomas en algunos pacientes. Sin embargo, es importante tener claro que estas pastillas son un complemento, no un sustituto del soporte mecánico que ofrecen las medias de compresión.

    La información es la mejor aliada

    Al final, lo más importante es que los pacientes comprendan su condición y sepan cómo manejarla. Las personas bien informadas sobre la insuficiencia venosa crónica no solo tienen mejor calidad de vida, sino que también reducen significativamente el riesgo de llegar a desarrollar úlceras u otras complicaciones graves. 

    Por eso, ante los primeros síntomas de piernas cansadas que no mejoran, lo mejor es consultar al médico y recibir orientación profesional. La insuficiencia venosa no tiene por qué convertirse en un problema mayor si se aborda a tiempo y con las herramientas adecuadas.



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