José Luis Cangiano asegura se irá con las botas puestas

El laureado nefrólogo José Luis Cangiano Rivera ha viajado a unos 30 países para ofrecer conferencias magistrales a miles de profesionales de la salud y cuenta con más de un centenar de publicaciones sobre investigaciones científicas que lo validan como autoridad en la materia.

Sandra Torres Guzmán


José Luis Cangiano asegura se irá con las botas puestas

Además, fue fundador y presidente durante tres décadas de la Sociedad de Nefrología de Puerto Rico, profesor en la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, estableció el Laboratorio de Hemodinámica Cardiovascular y mantiene una práctica activa hace medio siglo, entre muchos logros en su productiva carrera.

Sin embargo, al repasar su vida no puede desprenderse de sus orígenes en un barrio pobre del casco urbano de Ponce a donde sus padres hicieron muchos sacrificios para levantar una familia de cuatro hermanos a través de un colmadito que sirvió para alimentarlos.

“Eran tiempos de la guerra, o sea, que ya estaba por venir la guerra, los años 40, 41… y en ese tiempo nosotros como muchachos, yo tendría como algunos 5 años, no teníamos muchas cosas. No teníamos zapatos, había que caminar en las calles que no tenían pavimento, imagínese usted… vivíamos en una casa que teníamos que usar una letrina común en el patio con otros vecinos y, a pesar de eso, pudimos levantarnos y fue a base del esfuerzo grande que hicieron mis padres”, recordó el hijo de José Luis Cangiano y Leonor Rivera.

“Mi padre y mi madre pudieron inspirarnos y ayudarnos a ser los buenos ciudadanos que hemos sido a través de la vida porque mi hermano José Ángel “Chiro” Cangiano (QPD) abogado; mi otro hermano es José Enrique Cangiano, doctor en sicología en la Escuela de Medicina de Ponce y mi hermana, Milly Cangiano, que está por los periódicos y la televisión de vez en cuando. Esa es mi familia y estamos muy agradecidos a través de la vida de quienes somos y cómo somos”, dijo con orgullo.

De pequeño, José Luis quería estudiar en la recién fundada Escuela Libre de Música al igual que otros vecinos que entonaban melodías desde los balcones, pero su padre no se lo permitió pues anhelaba que su retoño nacido en 1936 enfocara sus metas en alguna profesión que le garantizara una mejor calidad de vida.

Aun así, el futuro galeno se refugiaba en la casa de su amigo Miguel Besosa para escucharlo interpretar la flauta a la que muchas veces se unió con un instrumento hecho en madera, sin sospechar que en varios años su entrañable aliado se convertiría en el primer flautista de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.

“Yo podría haber sido el segundo flautista, me quedé con esa idea en la mente. Sin embargo, más tarde aprendí a tocar guitarra cuando estaba en la Escuela de Medicina con los muchachos que vivían conmigo en el internado al lado del Capitolio. La guitarra mía no sonaba muy allá, pero sí sonaba cuando íbamos a llevar serenatas que era lo que me inspiraba a mí a tocar. Así que no pude hacer música, pero tuve una experiencia única”, confesó.

Durante su relato a la revista Medicina y Salud Pública (MSP), Cangiano Rivera compartió un episodio que marcó su vida y tal vez definió su camino para estudiar Medicina. Tenía entonces unos ocho años.

“Un día mi madre me llevó donde una vecina que sabíamos que era clarividente. Cuando me siento en un sillón de mimbre y mi madre se sienta al lado mío, entonces, la vecina empieza a mirarme de frente y le dice a mi madre: “Leonor, yo veo algo detrás de tu hijo y quiero decírtelo. Es una persona que tiene el cabello con canas, tiene una bata de médico blanca y ese señor de acuerdo a lo que yo interpreto es un científico y es médico”, reveló.

“Cuando yo miré hacia atrás, no lo vi, pero me sorprendió tanto que eso me dejó una impresión tan y tan fuerte, que todavía cuando hablo la siento. Es una cosa que no le puedo describir, como yo sentía eso allí. Entonces, sentí que tenía que estudiar y no hacerme músico”, dijo el egresado de Ponce High a donde se enfocó en estudiar Química y Física.

Como la pobreza donde se crio era bastante grande, José Luis tuvo que matricularse en la Universidad Católica de Ponce, pues su padre no tenía dinero para sufragar los costos de ingresar en otras instituciones ubicadas en otras regiones de la Isla.

“En la Universidad Católica estudié cuatro años de Química, Física, Biología y todas las ciencias y gracias a Dios, me aceptaron en la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico con una beca para estudiar Medicina por cuatro años. Yo no tuve que pagar nada y por eso me siento que tengo que dar algo al pueblo de Puerto Rico”, manifestó.

¿Por qué estudió Nefrología?

Resulta que el doctor Mario Rubén García Palmieri quien fue su amigo y mentor en la Escuela de Medicina quería que Cangiano fuera cardiólogo, “igual que él y me decía que tenía que seguir estudiando”.

Así que al graduarse se fue a Búfalo, en el estado de Nueva York, y más tarde ingresó al Ejército de Estados Unidos, donde estuvo a cargo de un hospital por dos años, y que requería la atención de un batallón de 2,000 soldados y sus dependientes.

“Allí tuvimos la oportunidad de hacer muchas cosas desde el punto de vista, como era un médico que no era especialista podía hacer muchas cosas y sentí algo, de que me gustaba la hipertensión y hacer investigación de eso”, mencionó.

“Estuve allí obligado porque sinceramente no me gustó en un sitio que mataran personas y menos siendo yo médico. Había una ley que Estados Unidos le exigió a los médicos que después del internado o de la residencia tenían que entrar al Ejército o a la Fuerza Aérea obligados”, argumentó.

Al regresar a Estados Unidos comenzó a dar diálisis peritoneal por primera vez, además de aprender a realizar investigación a través de un médico de origen sirio.

“Me llamaron para atender a un paciente que estaba dializando en Nueva Jersey porque lo iban a operar en un hospital de cáncer, y aun siendo yo residente tuve que ir allí a operarlo. Yo no estaba certificado todavía y me dieron el permiso. Como yo lo estaba haciendo y el paciente confiaba en mí y yo tenía mucha empatía por ese paciente de origen cubano y tuve una relación de paciente a doctor de compasión, empatía”, expuso.

“Yo sufrí mucho la enfermedad de él que era una enfermedad crónica renal. Ahí es que yo digo ‘tengo que estudiar esto’. Me abrieron las puertas en Filadelfia e hice dos años de Nefrología con la ayuda con los Institutos Nacionales de la Salud (NIH’s, por sus siglas en inglés) que me dieron una beca. Me llamaron de Cleveland que era la meca en aquel tiempo de la Nefrología y la hipertensión para que estuviera con ellos y les ayudara a desarrollar unas investigaciones en hipertensión y enfermedad renal”, agregó.

Hasta que un día lo llamaron del Hospital de Veteranos de Puerto Rico con el objetivo de formar la primera sección de Nefrología en vías de educar a médicos puertorriqueños.

“No lo pensé dos veces, porque mi meta era venir a Puerto Rico otra vez. Yo tenía una deuda con Puerto Rico. Ahora muchos médicos se van a Estados Unidos a entrenar y no vuelven”, lamentó al recordar el discrimen que vivió en suelo estadounidense.

“La discriminación que me tocó fue que yo tenía ideas y pensamientos de hacer un proyecto de investigación para poder publicarlo como un manuscrito en una revista médica de altura. Tenía jefes que era puertorriqueños que me veían de otra forma y no solamente se apoderaron del manuscrito, sino que eran los primeros que salían como autor principal del manuscrito y las ideas eran mías”, denunció el respetado nefrólogo que ha dictado conferencias magistrales en España, Canadá y Japón, entre muchos países.

“Establecí una unidad de investigación en animales en el Hospital de Veteranos con ratas, perros, monos, gatos… todo eso se investigó y se hicieron unas publicaciones. Actualmente tengo más de 100 publicaciones en revistas importantes en el mundo y eso me ayudó en cierta forma de ser lo que soy ahora”, sostuvo al mencionar que ofreció servicios en esa institución durante 30 años.

Pero su deseo de aportar a la sociedad puertorriqueña y su amor por la Medicina, fueron puntos clave para que, en vez de irse a su casa, Cangiano optara por continuar adelante.

Así que laboró como decano de la Escuela de Medicina San Juan Bautista y más adelante se convirtió en director del Centro de Diabetes de Puerto Rico.

De otra parte, recordó que tras el huracán María tuvo que cerrar su oficina en la avenida Domenech de San Juan, pero las puertas se abrieron en otra fundación de investigación.

“Fue con el doctor Rodríguez Orengo que estaba a cargo, me llamó para hacer investigación y tener mi oficina allí, enseguida dije que sí y estoy allí, sigo practicando, tengo pacientes en diálisis, hice investigación en diálisis hasta el otro día. Ahora tengo tres proyectos de investigación en mi oficina”, afirmó Cangiano quien está casado hace 45 años con la doctora Genoveva Sánchez.

Precisamente, el destacado nefrólogo habló de su familia que considera su mayor orgullo.

“Estoy muy orgulloso de mi familia. Tengo un hijo que es urólogo oncólogo y es el jefe en el Hospital Florida en Orlando. También escribe novelas y thrillers. Tenemos un libro explicando cosas de los mitos y realidades de la testosterona en inglés y español. Otro de mis hijos es director de una compañía de Cable TV en el estado de la Florida. Tengo dos hijas que viven en Tampa y también son profesionales”, manifestó el también poeta.

Durante su relato, Cangiano Rivera insistió que los estudiantes de Medicina deben desarrollar empatía y compasión con el paciente.

“Los doctores ahora se educan de una forma mecánica y hay lo que llamo, un alud de documentos que hay que escribir, pegarse a la computadora y algunos pacientes se quejan de que los médicos no lo miran, que hay una frialdad en la oficina entre médicos y pacientes. Uno tiene que empezar a establecer la empatía, la compasión hacia el paciente… tiene que oír las quejas y lo que el paciente le dice a uno, no demostrar una ligereza porque tiene 10 pacientes esperando por uno”, subrayó.

“Yo nunca hago eso… le dedico al paciente el tiempo que necesita, le busco las medicinas, le explico los efectos secundarios para que sepa lo que se puede proyectar en su cuerpo. Eso me ha enseñado muchas cosas. A los estudiantes de Medicina, mi padre era un comerciante, la Medicina no es un negocio, es un sacerdocio”, asintió.

Aunque lleva más de medio siglo practicando la Medicina, el eterno poeta aseguró que no piensa en el retiro.

“Uno no sabe cuándo es la salida, pero estamos listos. Ya estoy listo, es una dicha que he tenido de poder, además, humildemente escribo poemas y eso me mantiene que puedo decir que todavía tengo mucho sentimiento, sensibilidad, compasión, empatía, porque me desbordo en esos poemas que son pensamientos de amor y desamor”, resaltó el escritor de tres poemarios quien aseguró que “sigo escribiendo”.

"Recientemente me seleccionaron Gobernador en Puerto Rico para la Sociedad Interamericana de Hipertensión la cual incluye Canadá, Norte Centro y Suramérica. Además, he sido seleccionado Semantic Scholar por Google, por la calidad de las contribuciones científicas que he publicado", dijo el doctor.

“Yo no me he sentado a contemplarme. Sigo trabajando y como mi amigo y casi fraterno Raúl García Rinaldi que se fue con las botas puestas, pues yo me voy a ir con las botas puestas también”, concluyó.


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