El quinto signo vital

Medicina y Salud Pública

    El quinto signo vital

    En medicina clásicamente se utilizan cuatro signos vitales, estos son la presión arterial, el pulso, la respiración y la temperatura.  Al manejo de dolor se le ha denominado como el quinto signo vital.  El ser humano padece de dolor debido a  múltiples y variadas condiciones médicas, como artritis, dolor lumbar, fibromialgia, dolor debido a tumores malignos y otros.  Otro segmento de la población sin duda experimenta dolor luego de ser sometidos a procedimientos quirúrgicos.  La tolerancia al dolor es muy variable, algunas personas toleran dolor moderado o severo sin requerir el uso de medicamentos que en su casi totalidad pueden causar una adicción.  

    Los pacientes que son sometidos a cirugía experimentarán dolor en distintas gradaciones, dependiendo del área operada. Las operaciones de huesos, el cierre del esternón en operaciones cardíacas son mucho más dolorosas que otros tipos de cirugía como del tiroides, de las mamas o abdominales.

    En el 2001 la Comisión Conjunta para la Acreditación de Organizaciones del Cuidado de la Salud (Joint Commission for the Accreditation of Health Organizations) estableció unas nuevas normas para el manejo del dolor en los pacientes hospitalizados. De ahí en adelante se conoce el manejo de dolor como el quinto signo vital.  El dolor es un síntoma subjetivo, muy difícil de medir con certeza.  Aun así se suponía que cada hospital desarrollara políticas y procedimientos adecuados para evaluar el dolor y el uso de analgésicos como tratamiento.  A los adultos se les insta a evaluar el dolor inicial utilizando una escala de 0 a 10 al igual que para evaluar el efecto analgésico del medicamento utilizado.  

    En el 2005 el Congreso norteamericano se presentó un proyecto de ley, por el senador Michael J. Rogers de Michigan sobre el cuidado del dolor. El Congreso declaró el período del 2000 al 2010 como la década para el Control y la Investigación del Dolor.  En el 2005, el senador Ron Wyden de Oregón introdujo otro proyecto denominado como La Ley de la Conquista del Dolor (Conquering Pain Act) en respuesta al dolor como problema de salud pública.  Ninguna de esas leyes fue aprobada, supuestamente están aún siendo evaluadas por el Congreso norteamericano. Eso denota la inercia que caracteriza al Congreso en la solución de los problemas que afectan a la población de su país.  El Congreso sigue siendo un cuerpo inamovible.   

    Pero como dice la ley de física, cada acción tiene su reacción.  Se ha criticado en Estados Unidos que el control del dolor promovido por la Comisión Conjunta ha dado lugar a una crisis en la utilización de opioides, a la  adicción y a muertes por sobredosis de estos medicamentos. Los directivos de la Comisión Conjunta niegan esas alegaciones pero lo cierto es que existe un problema con respecto al tratamiento de dolor crónico en el ser humano. No se trata de una epidemia pero sí de un aumento en la utilización de opioides en pacientes hospitalizados y ambulatorios. El objetivo principal al tratar a los pacientes no es eliminar el dolor sino mejorar la funcionabilidad del enfermo.  

    ¿Pero qué son los opiodes? El opio se conoce desde la antigüedad, se obtiene de la planta Papaver Sommniferum. El boticario Frederich Wilhem Serturner en el 1806 aisló el componente activo del opio y lo denominó Morfina, en honor a Morfeo, dios del sueño de la Mitología Griega.  Los opioides  naturales son: Morfina, Codeina y  Heroína. Los opioides sintéticos son: Meperidina (Demerol), fentanilo, metadona, tramadol y dextropropoxifeno.  La heroína es 3 veces más potente que la morfina y el fentanilo es 80-100 veces más potente que la morfina.  El fentanilo se usa en parches transdermales para tratar el dolor en pacientes de cáncer.  Fentanilo es la droga más letal y potente del mundo y la causante de miles  de muertes en Estados Unidos y Canadá.

    En Estados Unidos mueren 100 personas al día por sobredosis de opioides, o sea más de 3,500 muertes al año.  El alto número de pacientes que utilizan opioides ha creado un problema de desempleo y de altos costos en el tratamiento de esos pacientes. El uso de opioides se convierte en una barrera para obtener un empleo. El manejo del paciente con dolor crónico debe estar en manos de médicos conocedores del problema, compasionados y que lleguen a obtener una buena relación y empatía con el paciente.  Se debe tratar el dolor en la medida que se pueda con medicamentos que nos sean derivados del opio, se debe utilizar el ejercicio y terapia psicológica. En Puerto Rico tenemos médicos y clínicas especializadas en el manejo del dolor. Estos especialistas además de medicamentos utilizan otras modalidades como bloqueos y terapia física para aliviar el dolor.  

    “Prefiero un paciente vivo con dolor, que uno muerto sin dolor” - Francisco L. Raffucci

     

    Enrique Vázquez Quintana, MD

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