Estudio demuestra que administrar aspirina en la primera visita prenatal a todas las pacientes embarazadas disminuye significativamente los casos de esta complicación potencialmente mortal.

La preeclampsia grave continúa siendo una de las principales amenazas para las mujeres embarazadas en todo el mundo.
Esta condición, caracterizada por presión arterial peligrosamente alta y daño a órganos vitales como el hígado, los riñones o el cerebro, representó el 7,7% de todas las muertes relacionadas con el embarazo en Estados Unidos durante 2024, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
A pesar de que existen tratamientos preventivos, como la aspirina en dosis bajas, su uso sigue siendo limitado en la práctica clínica habitual.
Investigadores del Centro Médico UT Southwestern decidieron adoptar un enfoque radical: administrar 162 mg de aspirina diariamente a todas las pacientes embarazadas en su primera visita prenatal, antes de las 16 semanas de gestación. El cambio de protocolo se implementó en agosto de 2022 en el Hospital Parkland de Dallas, Texas.
La clave del éxito estuvo en entregar la aspirina directamente en las clínicas prenatales, eliminando así las barreras comunes que dificultan el cumplimiento del tratamiento por parte de las pacientes.
El estudio, cuyos hallazgos fueron presentados en la Reunión de Embarazo 2026 de la Sociedad de Medicina Materno-Fetal celebrada en Las Vegas, comparó los resultados de 18.457 pacientes que dieron a luz entre 2023 y 2025 con un grupo similar de mujeres que no recibieron aspirina.
Los datos revelaron una reducción del 29% en la tasa de desarrollo de preeclampsia grave entre las pacientes que recibieron el tratamiento. Además, aquellas que sí desarrollaron la complicación lo hicieron más tardíamente durante el embarazo, lo que permite un mejor manejo médico.
Las pacientes con hipertensión crónica preexistente —un grupo de especial riesgo— también se beneficiaron significativamente del protocolo de aspirina universal, mostrando menor probabilidad de desarrollar preeclampsia grave.
Crucialmente, la investigación no detectó un aumento de hemorragia materna ni desprendimiento de placenta asociado al uso de aspirina, disipando preocupaciones sobre posibles efectos adversos del tratamiento.
"La implementación de aspirina dispensada directamente en esta población embarazada de alto riesgo pareció retrasar la aparición y, en algunas pacientes, prevenir por completo el desarrollo de preeclampsia con características graves", destacó la doctora Elaine L. Duryea, investigadora principal del estudio y profesora asociada del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Centro Médico UT Southwestern.
Si bien la doctora Duryea advierte que no se puede garantizar que los mismos resultados se observarán en otras poblaciones de pacientes, subraya que "no hubo evidencia de daño causado por la administración de aspirina", lo que abre la puerta a replicar esta estrategia en otros centros médicos con poblaciones de alto riesgo.