Trastornos de la menstruación y la incógnita de los efectos secundarios tras la vacuna del coronavirus

Lo importante es que los pacientes se acerquen a sus médicos para reportar cambios, de modo que la comunidad científica pueda cruzar los datos y generar información.

Yolimarian Torres Yolimarian Torres


    Trastornos de la menstruación y la incógnita de los efectos secundarios tras la vacuna del coronavirus

    Los casos se empezaron a reportar de manera aislada en redes sociales, donde las mujeres, principalmente, reportaron cambios en su ciclo menstrual. Este hecho empezó a tomar relevancia y aunque no hay estudios sólidos que determinen que las vacunas sean causantes de estos trastornos, la comunidad médica coincide en que se debe investigar. 

    De acuerdo a un portavoz de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios que declaró  a El País,  hasta el momento se han confirmado nueve muertes por trombos con trombocitopenia causados por las vacunas (Janssen y AstraZeneca), pero esto no significa una relación directa con el sexo de los afectados.

    Aunque en algunos países la mayoría de los casos se dieron en mujeres, parte de la explicación era que ellas recibieron más inyecciones. No hay un número estadísticamente suficiente de casos como para relacionarlo más con un sexo que con otro. 

    Por su parte, la investigadora Dra. Idhaliz Flores, pionera en la investigación científica de la endometriosis y paciente que ha superado la condición en Puerto Rico, mencionó para Medicina y Salud Pública que esto debe ser estudiado, pero además insistió en que es importante las mujeres se acerquen a sus médicos para reportar estos cambios, de modo que la comunidad científica pueda cruzar los datos y generar información. 

    Incorporar mujeres a los ensayos clínicos

    Para estudiar las relaciones de los efectos, leves o graves, con las vacunas y el sexo, dice Carme Valls, endocrinóloga y experta en Medicina con perspectiva de género, “es importante incorporar a las mujeres en los estudios y los ensayos clínicos con sus diferencias: embarazo, menstruación y menopausia”. 

    Valls, autora de Mujeres invisibles para la Medicina (Capitán Swing, 2020), lleva décadas analizando cómo la ciencia deja fuera en la mayoría de ocasiones a las mujeres. Y no ha sido muy distinto con la pandemia de covid. 

    En los ensayos clínicos para la vacuna, según su revisión, “no queda clara la diferenciación entre sexos ni si se tuvo en cuenta a las mujeres con esas diferencias”. Se incorporaron mujeres en el estudio, pero no se examinó si sus particularidades hormonales y biológicas les afectaban de forma diferenciada y se incluyó a mujeres jóvenes que estaban tomando anticonceptivos.

    A principios de julio, Nature Communications publicaba un artículo llamado Falta de consideración del sexo y el género en los estudios clínicos de covid-19. Era un análisis de 45 ensayos aleatorios controlados en los que solo ocho informaban del impacto que había tenido el sexo o el género.

    Una carta publicada en The Lancet, en marzo, enviada por la investigadora de género y salud en la Universidad de las Naciones Unidas Lavanya Vijayasingham y dos de sus compañeras, contaban que en “una evaluación en preprint de casi 2.500 estudios relacionados con covid 19, menos del 5% de los investigadores habían planificado previamente el análisis de datos desglosados por sexo en sus estudios”; y afirmaban que ahora existe “la oportunidad de corregir el rumbo de la integración del sexo biológico como una variable central en el diseño, el análisis y la presentación de informes del estudio. Los factores de sexo, incluidos el análisis y la presentación de informes desglosados por sexo, todavía se descuidan en todo el proceso de investigación y reglamentación de los medicamentos”.

    El sexo: la variable casi siempre olvidada

    Los efectos secundarios mayoritariamente en mujeres no son exclusivos de la vacunación contra la covid. De los 359.210 casos registrados en la base de datos FEDRA, que recoge todos los efectos adversos reportados tras la toma de medicamentos, un 60% corresponden a mujeres, un 38% a hombres y en un 2% no se dispone de esta información. 

    Lo que han visto hasta ahora de forma más frecuente es “aumento del sangrado, sangrados cada dos semanas, y también es relativamente frecuente dejar de tener la regla un tiempo y después que vuelva a regularse”. Pero, recuerda, “la regla es la menos regla de todas, tiene una alta variabilidad y por eso es importante dar validez a lo que cuentan las mujeres, porque ellas mejor que nadie conocen cómo funcionan”.

    Todos estos datos solo ofrecen una visión parcial de lo que realmente sucede. Baena concede que investigan sabiendo que “no hay garantías de encontrar algo”, pero, al menos, “se hace”. 

    En Reino Unido, por ejemplo, se habían reportado hasta principios de julio 13.000 alteraciones en el periodo. Es un problema que en la gran mayoría de los casos se sobrelleva sin alertar a las autoridades sanitarias o a los médicos. Y, que en muchas ocasiones, ni siquiera se advierte.

    Cuando se hace, hay reacciones que a Baena le sorprenden: “Hay profesionales sanitarios que hacen afirmaciones sin que nada las sustente, porque no hay evidencia científica, o que niegan a las mujeres que van a contarles que algo les pasa con la regla que quepa la posibilidad de que haya relación con la vacuna. ¿No lo sabes? Di que no lo sabes, que aún no se ha investigado o que cabe la posibilidad, pero no digas que eso no puede ser o no intentes medicar a la mínima, que es algo que pasa mucho con las mujeres. Siempre hormonas”.

    Algo así le pasó a Azahara Blasco, higienista dental de 35 años. Le pincharon Pfizer el 3 y el 24 de marzo. Al teléfono, dice que de la primera dosis ni se enteró y con la segunda solo tuvo algo de fiebre. De lo que sí se dio cuenta es de que algo estaba pasando con su regla: 

    “Con la primera pensé que, bueno, pues un ciclo que no había venido y ya, pero es que tres meses después tengo reglas raras cada 15 días, a lo loco, estoy muy cansada y se inflamaron mucho los ganglios de las axilas, con el pecho molesto”. Fue al médico de cabecera, que la derivó al ginecólogo: “Que no le diera importancia, que viera cómo iba, que podía ser de la vacuna, pero que, si no, me ponía un DIU [dispositivo intrauterino, un anticonceptivo que consiste en una pequeña pieza introducida en el útero que libera progestina, una hormona frecuentemente usada en la píldora] y me veía a la semana siguiente. Pensé para mí que nada de DIU”.

    Aunque los expertos no se extrañan de que la vacuna pueda alterar el ciclo menstrual, ya que otras como la del papiloma humano o la de la gripe también han registrado comunicaciones de este fenómeno, la falta de información es patente. “Algo tan circunstancial como el verano, que es cuando la mayoría de las mujeres que tienen la regla están siendo inmunizadas con la pauta completa, puede alterarla”, apunta Valls, que dirige el programa Mujer, Salud y Calidad de Vida en el Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS).

    También Elisa Llurba, directora del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, explica que la regla cambia por muchas circunstancias: “Cualquier cosa que altere un poco la homeostasis del cuerpo puede trastocar la menstruación. Puede ser una reacción al medicamento, pero también el simple temor o nerviosismo con el pinchazo. Todo lo que suponga estrés puede dar lugar a un cambio de ciclo. Es interesante estudiar en este caso a qué se debe”.

    Lo que no está tan claro es si hay una relación causal con la vacuna. No hay estudios que lo demuestren fehacientemente, aunque están empezándose algunos, como el Proyecto EVA. Enriqueta Barranco, la ginecóloga a cargo de la cátedra Antonio Chamorro / Alejandro Otero que ha incluido esa iniciativa en su línea de investigación, asevera que “no hay suficiente información para explicar a las mujeres lo que está pasando” porque los protocolos de inclusión en los ensayos clínicos de las vacunas tienen “una laguna tremenda” en cuanto a los criterios de género.

    Mientras, los expertos barajan varias hipótesis. Puede tratarse de una interacción con el sistema inmunitario que afecte a la regla. O puede ser también un factor de estrés más que contribuye a alterarla. Lo que está “claro”, dice Carme Valls, “es que falta investigación y falta perspectiva de género en la ciencia”. Ahora, añade, hay que estudiar y analizar: “Si quieres saber, eso es lo único que puedes hacer, pero lo que no se puede hacer ya es cerrar los ojos”.

    Fuente consultada: El País 

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