Más del 50% de los hombres mayores de 40 años experimenta este trastorno, que los especialistas consideran un indicador temprano de enfermedades cardiovasculares.

En el marco del Mes del Hombre, Cleveland Clinic lanzó una advertencia que va mucho más allá de la intimidad: la disfunción eréctil no es solo un problema sexual, sino una señal de alerta que podría estar anticipando condiciones cardiovasculares graves.
Con cifras que revelan que el 52,8% de los hombres colombianos mayores de 40 años padece este trastorno, según el proyecto DENSA, los expertos insisten en que hablar del tema sin tabúes puede marcar la diferencia entre la prevención y el riesgo.
Los números no mienten. El Latin American Male Aging Study reporta que más del 55% de los hombres mayores de 40 años en la región ha experimentado dificultades para mantener una erección. En Colombia, la prevalencia es similar: uno de cada dos hombres en este grupo de edad enfrenta el problema.
Sin embargo, el urólogo de Cleveland Clinic, Juan Antonio Jiménez, aclara que la DE no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. "Una erección depende de un proceso vascular, neurológico y hormonal complejo. Cualquier alteración en estos sistemas puede afectar la función eréctil", explica el especialista.
Lo que distingue a este trastorno de otros problemas de salud masculina es su estrecha relación con el sistema cardiovascular.
Según datos citados por Cleveland Clinic, el 85% de los hombres con disfunción eréctil presenta al menos un factor de riesgo cardiovascular: sobrepeso, tabaquismo, hipertensión o diabetes.
"Una erección depende de un flujo sanguíneo adecuado, por eso la DE puede ser un signo temprano de enfermedad cardíaca o de problemas en los vasos sanguíneos", advierte Jiménez. Esta conexión convierte al trastorno en una ventana de oportunidad para detectar condiciones que, de otro modo, podrían manifestarse cuando ya están avanzadas.
El componente psicológico juega un rol determinante. El estrés, la ansiedad y la depresión no solo influyen en el rendimiento sexual, sino que pueden actuar como detonantes del trastorno.
El médico describe un "círculo vicioso" en el que el temor a fallar genera ansiedad, esta bloquea la erección y la frustración resultante agrava el cuadro, afectando la autoestima y las relaciones de pareja.
Incluso medicamentos para controlar la presión arterial, el colesterol o la depresión pueden tener efectos secundarios sobre la función sexual, aunque el especialista es enfático: nunca deben suspenderse sin orientación profesional.
El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el sedentarismo y una alimentación deficiente encabezan la lista de comportamientos asociados con la aparición de la disfunción eréctil. Pero las buenas noticias existen: modificar el estilo de vida puede generar mejorías significativas en pocos meses.
"Hacer ejercicio regularmente, mantener una dieta balanceada y evitar sustancias nocivas puede mejorar la función eréctil en poco tiempo", asegura Jiménez, quien recuerda que estos cambios benefician no solo la vida sexual, sino la salud integral.
La recomendación es clara: cuando el problema ocurre más de la mitad de las veces o comienza a afectar la relación de pareja, es momento de consultar.
En Cleveland Clinic, el diagnóstico incluye una evaluación clínica completa con revisión de antecedentes, examen físico, análisis de factores de riesgo y pruebas específicas para identificar la causa.
El tratamiento abarca desde medicamentos orales y terapias locales hasta dispositivos especializados e intervenciones quirúrgicas en casos avanzados. Sin embargo, Jiménez subraya que no existe una fórmula universal: "Lo importante es identificar la causa y diseñar un plan personalizado". En muchos casos, bastan cambios en el estilo de vida y apoyo psicológico para revertir la situación.