El dolor torácico pleurítico agudo puede ser un infarto de grasa pericárdica

Tras el diagnóstico el paciente fue dado de alta por estabilidad hemodinámica.

Sergio Nicolás Ortiz Cortés Sergio Nicolás Ortiz Cortés
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El dolor torácico pleurítico agudo puede ser un infarto de grasa pericárdica

Las imágenes multimodales han contribuido a cambiar la práctica médica, incluida la cardiología. "Actualmente, podemos descifrar cuáles son las entidades benignas y los casos más graves", destacó el Dr. Carlos Alviar, cardiólogo del Bellevue Hospital Center y profesor de la NYU Grossman School of Medicine, en Nueva York, Estados Unidos, en el Congreso del American College of Cardiology (ACC) Latin America 2021, que presentó casos clínicos desafiantes.

La sospecha del equipo era tromboembolia pulmonar. Para la investigación se realizó angiografía por tomografía computarizada de tórax y dímero D, que descartó la hipótesis inicial, ya que el dímero D era normal y la angiotomografía era negativa para tromboembolia pulmonar. Sin embargo, el examen por imágenes reveló otros hallazgos.

"Observamos derrame pleural a la izquierda, atelectasia laminar en la base izquierda y densificación focal de los planos grasos mediastínicos cercanos al seno cardiofrénico izquierdo, con centro graso fusiforme, engrosamiento del pericardio adyacente, compatible con imagen de infarto de grasa del pericardio", explicó, señalando que en general los pacientes con infarto de grasa pericárdica presentan dolor torácico pleurítico agudo y exploración física normal, marcadores de necrosis miocárdica y electrocardiograma, como se verifica en el caso descrito.

El uso de pruebas de imagen, especialmente la angiotomografía de tórax, fue crucial en el diagnóstico de un caso de infarto de grasa pericárdico presentado por Carolina Gomes, investigadora y estudiante de medicina de la Pontifícia Universidade Católica de Campinas (PUC-Campinas) en Campinas, Brazil.

El primer caso de infarto de grasa pericárdica, que es una afección benigna y rara, se describió en 1957.

"Anteriormente, el diagnóstico se hacía a partir del análisis anatomopatológico de un fragmento de la lesión resecado quirúrgicamente; actualmente se realiza mediante tomografía de tórax, que permite caracterizar la lesión y su ubicación exactas. También incluye angiotomografía, que permite la reconstrucción de imágenes con más detalles y resonancia magnética", resaltó la ponente.

El caso presentado por Gomes fue el de un paciente de raza blanca de 57 años que acudió a urgencias por cuadro de dolor precordial intenso irradiado al hemitórax izquierdo y miembro superior, que empeoraba en decúbito supino con diaforesis y palidez. El dolor había comenzado tres semanas atrás y con progresión desde entonces. El paciente tenía antecedentes de esofagitis y su madre había sido revascularizada a los 48 años.

"Se llevaron a cabo una serie de evaluaciones, exploración física, marcadores de necrosis miocárdica, radiografía simple de tórax y electrocardiograma y todos los parámetros fueron normales. Luego fue dada de alta, pero cinco días después regresó a urgencias con disnea y dolor torácico aún más intensos", señaló la investigadora.

Tras el diagnóstico el paciente fue dado de alta por estabilidad hemodinámica. Se prescribieron antiinflamatorios no esteroideos y analgésicos.

"Para fines de control realizamos otra tomografía computarizada que mostró reabsorción total del derrame pleural izquierdo y una pequeña formación ovalada con un centro graso y una fina cápsula en el seno cardiofrénico izquierdo, frente al pericardio, menos evidente que en la primera tomografía computarizada", afirmó Gomes, quien agregó que dado que el infarto de grasa pericárdica es una enfermedad benigna y autolimitada, la recomendación es el tratamiento sintomático.

La fisiopatología del infarto de grasa pericárdica aún no está clara, sin embargo, la expositora señaló las hipótesis propuestas, entre ellas, "torsión aguda del pedículo vascular, que conduce a isquemia y necrosis; aumento de la presión intratorácica por maniobra de Valsalva, aumento de la presión capilar y venosa y también cambios estructurales en el tejido adiposo, que harían la grasa vulnerable a los latidos del corazón y al movimiento del diafragma".

Según la investigadora, el infarto de grasa pericárdica está infradiagnosticado, lo que contribuye a los escasos reportes de casos.

Comunicador Social y Periodista egresado de la Universidad Sergio Arboleda en Bogotá. Periodista y Redactor en la Revista de Medicina y Salud Pública.

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