Los estudios señalan que estos contaminantes podrían interferir con la secreción de insulina y el metabolismo de la glucosa, creando un entorno biológico que favorece el desarrollo de diabetes y otros trastornos metabólicos.
Por: Katherine Ardila
La presencia de microplásticos en el entorno es ya una realidad global. Ahora, una nueva línea de investigación científica comienza a revelar que su impacto podría ir más allá de la contaminación ambiental, alcanzando a nuestra salud metabólica.
Dos estudios recientes trazan un vínculo entre la exposición a estas partículas, especialmente de las botellas de agua y alteraciones en el páncreas que podrían favorecer la aparición de enfermedades crónicas como la diabetes.
La inquietud nace de su ubicuidad. Provenientes de envases, textiles e incluso materiales de construcción, estos fragmentos diminutos son ingeridos o inhalados sin que nos percatemos.
Aunque su efecto concreto en el organismo sigue bajo intenso escrutinio, las nuevas evidencias apuntan a mecanismos biológicos directos y a correlaciones epidemiológicas que han encendido las alertas.
Daño pancreático y acumulación de grasaUn estudio, realizado por investigadores de Polonia y España y publicado en BMC Genomics, se centró en un escenario cotidiano: el agua embotellada en PET (tereftalato de polietileno). El objetivo era entender qué ocurre cuando los microplásticos de este material entran en un organismo vivo.
Para ello, utilizaron cerdos como modelo, dada su cercanía fisiológica con los humanos, particularmente en las funciones pancreáticas y metabólicas. Durante cuatro semanas, los animales fueron expuestos a dosis bajas y altas de microplásticos de PET.
En los resultados, la exposición desencadenó una muerte celular significativa en el páncreas y alteró la función de proteínas esenciales para el metabolismo. La dosis baja modificó la abundancia de siete proteínas, mientras que la dosis alta afectó a 17, mostrando un claro efecto dependiente de la cantidad.
Pero hubo un hallazgo aún más revelador, y es que se detectó una acumulación anormal de grasa en el órgano después de la exposición, un fenómeno estrechamente vinculado con una secreción de insulina deficiente y un metabolismo de la glucosa comprometido.
La investigación también sugirió que estas partículas podrían desencadenar inflamación a nivel celular en el páncreas.
En conjunto, el estudio identifica una vía novedosa y directa por la cual los microplásticos pueden inducir alteraciones metabólicas, poniendo el foco en un riesgo hasta ahora subestimado para la salud humana.
Microplásticos y su relación con enfermedad crónicaParalelamente, un análisis presentado durante la Sesión Científica Anual del American College of Cardiology aporta una perspectiva macro, vinculando la contaminación ambiental por microplásticos con la prevalencia de enfermedades en la población.
El estudio analizó datos de 555 distritos censales en zonas costeras y lacustres de Estados Unidos, cruzando la concentración de microplásticos en sedimentos con los índices de enfermedades no transmisibles.
Los resultados mostraron una correlación positiva entre los niveles de microplásticos y la prevalencia de hipertensión arterial, diabetes y accidentes cerebrovasculares.
Utilizando un modelo de aprendizaje automático con 154 variables socioeconómicas y ambientales, los investigadores hallaron que la concentración de microplásticos se situó entre los diez principales factores predictivos de la prevalencia de estas enfermedades crónicas, al mismo nivel que variables críticas como el acceso a un seguro médico.
El análisis también sugirió una relación dosis-efecto: a mayor contaminación por microplásticos, mayor prevalencia de patologías. Sin embargo, los autores son cautelosos y advierten que, si bien la asociación es fuerte, aún no se puede afirmar una causalidad directa.
El equipo señaló que, dada la ubicuidad y el tamaño diminuto de las partículas, resulta prácticamente imposible evitar su exposición total. Por ello, propusieron que la mejor estrategia posible es reducir la producción y el uso de plásticos, además de garantizar su adecuada eliminación para limitar la presencia de estos fragmentos en el ambiente.
Ya no se trata solo de medir la contaminación, sino de empezar a comprender sus consecuencias fisiológicas concretas. La evidencia sugiere que los microplásticos no son meros contaminantes inertes; podrían ser disruptores activos de nuestro metabolismo.