La galactorrea inducida por metoclopramida, aunque poco frecuente, representa un efecto adverso clínicamente significativo que puede subestimarse en la práctica habitual.
Por: Laura Guio
Una mujer de 21 años, sin antecedentes médicos relevantes y usuaria regular de anticonceptivos orales combinados durante los últimos dos años, acudió al servicio de urgencias por náuseas y vómitos de dos días de evolución.
Negaba fiebre, diarrea, dolor abdominal intenso o ingesta de alimentos sospechosos, sin antecedentes de enfermedades gastrointestinales, endocrinas o neurológicas.
En la evaluación inicial se encontraba consciente, orientada, afebril y hemodinámicamente estable (presión arterial 118/74 mmHg, frecuencia cardíaca 84 latidos por minuto, saturación de oxígeno 99%). El abdomen estaba blando, no doloroso, sin organomegalias ni signos de irritación peritoneal.
No se detectaron alteraciones neurológicas ni signos significativos de deshidratación. Con el diagnóstico de gastroenteritis viral aguda, se prescribió metoclopramida 10 mg oral 30 minutos antes de las tres comidas principales, junto con hidratación oral y recomendaciones dietéticas.
Evolución
A las 48 horas, tras cinco dosis de metoclopramida, la paciente consultó en atención primaria por aparición súbita de secreción láctea bilateral espontánea.
Negaba mastalgia, aumento mamario, cambios cutáneos, irregularidades menstruales, síntomas de hiperprolactinemia (amenorrea, infertilidad, disminución de libido) o síntomas neurológicos (cefalea, alteraciones visuales, vértigo). Confirmó uso correcto del anticonceptivo oral sin olvidos.
El examen mamario reveló galactorrea bilateral multiductal, espontánea y expresable, de intensidad moderada y visible en la ropa interior, sin nódulos, retracciones, cambios areolares ni signos inflamatorios. El examen neurológico fue normal, con campos visuales preservados y funciones de pares craneales intactas.
Abordaje diagnóstico y manejoConsiderando la estrecha relación temporal entre la administración de metoclopramida y el inicio de los síntomas, junto con la ausencia de otras causas evidentes, se suspendió inmediatamente el medicamento.
Se solicitaron estudios básicos de laboratorio (ß-HCG, TSH, T4 libre y prolactina sérica) para tranquilidad de la paciente, establecer valores basales y excluir causas alternativas, evitando estudios más invasivos como resonancia magnética hipofisaria o monitoreo prolongado de prolactina.
En la reevaluación una semana después, la paciente estaba asintomática con resolución completa de la galactorrea. Los resultados de laboratorio fueron normales: ß-HCG negativa, función tiroidea normal y prolactina sérica dentro de valores de referencia. La evaluación de causalidad mediante el sistema WHO-UMC clasificó la reacción como "Probable", confirmándose el diagnóstico de galactorrea inducida por metoclopramida.
Discusión clínicaLa galactorrea por metoclopramida resulta del bloqueo de receptores D2 en la hipófisis anterior, eliminando la inhibición dopaminérgica sobre la secreción de prolactina. Aunque es un efecto adverso reconocido, frecuentemente se subestima en la práctica clínica, pudiendo desencadenar estudios diagnósticos extensos e innecesarios, especialmente en casos autolimitados de corta duración.
Este caso según Ana T. Baía et al., ejemplifica la aplicación de la prevención cuaternaria, concepto que busca proteger a los pacientes de la sobremedicalización y procedimientos prescindibles.
En una mujer joven sana, con ciclos menstruales normales, sin signos neurológicos y con relación temporal evidente entre el fármaco y los síntomas, la realización de estudios extensos habría sido inapropiada. El uso excesivo de pruebas diagnósticas puede generar ansiedad significativa y constituye una fuente de consumo de recursos, complicaciones potenciales y costos evitables.
El médico de familia desempeñó un papel crucial en este caso: reconocimiento temprano de la reacción adversa correlacionando el momento de inicio del tratamiento con los síntomas subsecuentes, suspensión oportuna del medicamento con seguimiento clínico estrecho, y comunicación efectiva con la paciente.