La pericarditis y el infarto pueden causar dolor torácico similar, pero uno es una inflamación tratable y el otro una emergencia vital. Distinguirlos a tiempo puede salvar la vida.
Por: Katherine Ardila
Un dolor agudo, punzante y localizado en el pecho puede ser la señal de pericarditis, una inflamación del saco que rodea el corazón, pero también el síntoma de advertencia de un infarto.
Diferenciarlos es crucial, ya que uno es una inflamación tratable y el otro, una emergencia médica que pone en riesgo la vida. Aunque ambos comparten la localización, su naturaleza, comportamiento y síntomas acompañantes ofrecen pistas vitales para distinguirlos.
¿Es pericarditis o un infarto? : postura, irradiación y desencadenantesLa característica más distintiva del dolor de la pericarditis es su relación con la postura y la respiración. Este dolor suele mejorar notablemente al sentarse e inclinarse hacia adelante, y empeora al acostarse, toser o respirar profundamente.
Por el contrario, el dolor de un infarto (o angina) es típicamente opresivo, como un peso o una banda apretada en el centro del pecho, que no cambia significativamente con la postura y puede irradiarse de forma más definida al brazo izquierdo (sobre todo al hombro y antebrazo), la mandíbula, la espalda o el cuello.
Mientras el dolor de la pericarditis a menudo se describe como agudo o punzante y bien localizado, el del infarto es más sordo, opresivo y difuso. Un infarto puede ser desencadenado por esfuerzo físico o estrés emocional, mientras que la pericarditis puede seguir a una infección viral o aparecer sin un desencadenante claro.
Síntomas acompañantes: dos panoramas distintosEl contexto de síntomas que rodean al dolor es otra pieza fundamental:
- En la pericarditis es común encontrar signos de inflamación o infección: fiebre leve, malestar general, tos y un dolor que puede haber comenzado días después de un resfriado o una gripe.
- En el infarto, el cuadro sugiere una crisis aguda del corazón: el dolor viene acompañado de una sudoración fría profusa, náuseas o vómitos, marcos o pérdida de conciencia, y una sensación intensa de ansiedad o fatalidad inminente. La falta de aire (disnea) es prominente en ambos, pero en el infarto es más aguda y no mejora con la postura.
Estas diferencias son guías, pero nunca un sustituto de la evaluación médica inmediata. Dado el riesgo mortal de un infarto, cualquier dolor de pecho nuevo, severo o persistente debe tratarse como una emergencia hasta que se demuestre lo contrario.
En un servicio de urgencias, la distinción se hace con pruebas específicas:
- Electrocardiograma (ECG): Es la primera y más importante prueba. En un infarto, el ECG muestra cambios característicos en la actividad eléctrica del músculo cardíaco dañado.
- En la pericarditis, el patrón es diferente, mostrando con frecuencia una elevación difusa del segmento ST en casi todas las derivaciones.
- Análisis de sangre: Se miden las enzimas cardíacas (troponina). En un infarto, sus niveles en sangre se elevan significativamente debido a la muerte de las células del músculo cardíaco. En la pericarditis, la troponina puede estar normal o ligeramente elevada si la inflamación afecta superficialmente el músculo, pero no alcanza los niveles típicos de un infarto.
- Ecocardiograma: Esta ecografía del corazón puede mostrar si hay líquido alrededor del corazón (derrame pericárdico), hallazgo típico de la pericarditis. En un infarto, puede revelar un área del corazón con movimiento anormal.
Si el dolor de pecho mejora al inclinarse hacia adelante y empeora al respirar hondo, la pericarditis es una posibilidad.
Si el dolor es opresivo, no cambia con la postura y viene acompañado de sudor frío, náuseas y un malestar abrumador, la prioridad absoluta es descartar un infarto.
El tiempo es músculo cardíaco en un infarto. Ante cualquier dolor torácico de características alarmantes o desconocidas, buscar atención médica de inmediato es la única decisión correcta.