El recuento plaquetario cayó a niveles críticos (<10.000), con sangrado activo y recaídas, lo que obligó a usar corticoides en altas dosis, inmunosupresión con azatioprina y transfusiones plaquetarias, hasta lograr la remisión completa.
Por: Katherine Ardila
Una mujer de 48 años, acudió a urgencias tras sufrir un accidente doméstico, pues, se aplastó el tercer dedo de la mano derecha con una puerta, lo que provocó una lesión grave con avulsión ungueal y amputación parcial.
Recibió tratamiento analgésico y antibiótico (dexketoprofeno, paracetamol/tramadol y cefalexina) y, al día siguiente, como parte del manejo preventivo de la herida, se le administró una dosis de refuerzo de la vacuna Td (contra tétanos y difteria).
Siete días después de la vacunación, la paciente notó la aparición repentina de pequeños puntos rojos en la piel (petequias) en brazos y piernas, junto con una sensación de latidos cardíacos acelerados. No presentó fiebre ni otros síntomas hemorrágicos iniciales.
Al ser evaluada en el hospital, se encontró con presión arterial elevada (160/100 mmHg) y taquicardia (124 latidos por minuto). Los análisis de sangre revelaron una trombocitopenia extremadamente severa, con solo 9.000 plaquetas por milímetro cúbico (el rango normal es 150.000-450.000).
Esto explicaba la aparición de las petequias. También se detectó un aumento de glóbulos blancos y una velocidad de sedimentación globular elevada.
Para descartar otras causas, se realizó un extenso perfil de laboratorio. Las pruebas para VIH, hepatitis B y C fueron negativas. Un resultado positivo inicial para anticuerpos contra el dengue (IgM/IgG) generó sospecha, pero la paciente no tenía síntomas típicos de la infección aguda (como fiebre alta o dolor muscular).
Pruebas más específicas (RT-PCR y NS1 para dengue) resultaron negativas, descartando así una infección activa por este virus. Este falso positivo se atribuyó a una posible infección previa por algún flavivirus o a un trastorno autoinmune subyacente.
Un dato llamativo fue el nivel muy elevado de anticuerpos contra el toxoide tetánico (5.33 UI/mL), indicando una potente respuesta inmunológica a la vacuna recién recibida. Con otras causas descartadas, el diagnóstico final fue Púrpura Trombocitopénica Inmunitaria (PTI), presumiblemente inducida por la vacuna.
El manejo inicial consistió en corticoesteroides de alta potencia (dexametasona). Sin embargo, su estado se complicó al segundo día de hospitalización, con la aparición de sangrado activo: hemorragia en el paladar y la lengua, y presencia de sangre digerida en las heces (melena). Su recuento de plaquetas cayó aún más, a 6.000.
Frente a este empeoramiento, el tratamiento se intensificó. Recibió tres transfusiones de plaquetas en total y se inició un régimen combinado de prednisona y azatioprina (un inmunosupresor) durante 20 días, con dosis decrecientes. Tras una mejoría inicial, fue dada de alta al octavo día, aunque sus plaquetas aún estaban bajas (53.000).
Doce días después, sufrió una recaída y volvió al hospital con sangre en heces y petequias persistentes. Su recuento plaquetario había bajado otra vez a 17.000, lo que requirió un segundo ingreso de cuatro días.
Durante este, se repitió el ciclo de dexametasona en altas dosis y se mantuvo la azatioprina con prednisona, además de otra transfusión plaquetaria. Finalmente, su cuerpo respondió al tratamiento.
Tres semanas después de este segundo ingreso, en una consulta de control, la paciente se encontraba completamente asintomática y con un recuento de plaquetas normal. Se había logrado la remisión de la PTI.
Este caso (Rendon-Beltran M, Mendoza-Maldonado C, Valdes-Cerda CA, et al. ), se suma a la escasa literatura médica que reporta PTI en adultos tras la vacuna Td.
La secuencia temporal (síntomas a los 7 días), la exclusión de otras causas infecciosas o autoinmunes, y la potente respuesta de anticuerpos tetánicos, sugieren fuertemente que la vacuna desencadenó una respuesta autoinmune donde el sistema inmunológico atacó a sus propias plaquetas.
Aunque eventos adversos graves como este son extremadamente infrecuentes, su reporte es crucial. Las vacunas salvan millones de vidas al prevenir enfermedades infecciosas, pero la vigilancia farmacológica activa permite identificar y manejar estos raros efectos, asegurando que los beneficios sigan siendo abrumadoramente mayores que los riesgos.
El proceso exacto en este caso sigue sin estar claro, pero se postula que podría involucrar una activación anormal del sistema inmune por componentes de la vacuna, en una persona con cierta predisposición genética no identificada.