Una condición crónica que afecta a 1 de cada 5 personas con enfermedad inflamatoria intestinal combina el dolor articular con trastornos digestivos, limitando la calidad de vida de quienes la padecen.
Por: Laura Guio
La artritis enteropática (EnA) es un tipo de artritis que se presenta junto con la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), una inflamación crónica del tracto digestivo. Quien la padece enfrenta un doble desafío: dolor e hinchazón en las articulaciones, y al mismo tiempo, una inflamación persistente en el sistema digestivo.
Clasificada dentro de las espondiloartropatías —un grupo de enfermedades crónicas de las articulaciones—, la EnA también es conocida como artropatía enteropática o artropatía relacionada con la EII. Aunque su nombre no es de uso común, su impacto en la vida diaria puede ser profundo.
¿Cómo identificarla? Los síntomas que no deben ignorarse
La enfermedad se manifiesta en dos frentes. Por un lado, afecta principalmente brazos y piernas, aunque en algunos casos también compromete la columna vertebral. Los síntomas articulares incluyen dolor, rigidez, hinchazón, sensación de calor, decoloración de la piel y, en casos avanzados, deformidad en las articulaciones.
Por el otro, el sistema gastrointestinal también da señales de alerta: dolor abdominal, diarrea frecuente, sangre en las heces y pérdida de peso involuntaria son algunos de los indicadores más comunes.
Lo que hace más difícil su detección es que los síntomas pueden aparecer en cualquier orden: primero los digestivos, luego los articulares, o ambos al mismo tiempo.
Las causas: Un sistema inmune que ataca por errorAunque los científicos aún no han determinado con certeza qué desencadena la artritis enteropática, una de las principales hipótesis apunta a una proteína llamada HLA-B27, presente en la superficie de los glóbulos blancos.
Se cree que esta proteína puede provocar que el sistema inmunológico ataque células sanas de las articulaciones. No obstante, su presencia no es determinante: hay personas con HLA-B27 positivo que no desarrollan la enfermedad.
En cuanto a los factores de riesgo, la EnA aparece en aproximadamente el 20% de los pacientes con EII —que incluye la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn—, y también puede estar asociada a condiciones como la enfermedad celíaca, la enfermedad de Whipple, cirugías de bypass intestinal o infecciones por bacterias como Salmonella o Shigella.
El diagnóstico requiere múltiples pruebasNo existe un examen único que confirme la artritis enteropática. El diagnóstico es un proceso que combina el historial clínico del paciente —incluyendo antecedentes familiares de artritis o EII— con una serie de pruebas complementarias.
Entre ellas se encuentran análisis de sangre para detectar inflamación o la presencia de HLA-B27, colonoscopias, radiografías de las articulaciones afectadas, biopsias de tejido digestivo, cultivos bacteriológicos y artrocentesis, un procedimiento que extrae líquido de las articulaciones para su análisis.
Tratamiento: Aliviar el dolor y frenar el avanceEl objetivo del tratamiento es doble: reducir los síntomas tanto en las articulaciones como en el tracto digestivo, y prevenir daños mayores. Para ello, los médicos disponen de varias herramientas.
Las inyecciones de glucocorticoides ayudan a controlar el dolor y la inflamación. Los medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (DMARD), como el metotrexato o la sulfasalazina, actúan sobre el sistema inmunológico para ralentizar la progresión de la enfermedad.
En casos más severos, se recurre a inhibidores del factor de necrosis tumoral alfa, como el infliximab, o incluso a cirugía para corregir daños en la columna vertebral.
La fisioterapia también cumple un rol fundamental para preservar la movilidad y prevenir deformidades, mientras que los cambios en la alimentación pueden reducir significativamente los episodios de inflamación.